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Adrián Cangi en RDEsc: “Para hablar de una memoria completa primero hay que hacerse cargo de lo propio”

El filósofo y escritor analizó en Ronda de Escritores (RDEsc) el concepto de “naufragio de la memoria” y lo vinculó con los discursos negacionistas y las discusiones actuales sobre la memoria histórica en Argentina.

filósofo y escritor Adrián Cangi. Foto: reperfilar.

El filósofo y escritor Adrián Cangi analizó en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, las disputas alrededor de la memoria histórica argentina y explicó cómo surgió su libro El Naufragio de la Memoria. En diálogo con Osvaldo Quiroga, sostuvo que su investigación busca reconstruir los procesos anteriores que hicieron posible determinados discursos y prácticas vinculados con la violencia política y el terrorismo de Estado.

El punto de partida, según relató, fue una intervención pública de Victoria Villarruel previa a su llegada a la Vicepresidencia, en la que planteaba la necesidad de construir una denominada “Memoria Completa”. A partir de allí, Cangi comenzó a preguntarse qué hechos, responsabilidades y antecedentes quedaban incluidos o excluidos dentro de esa formulación.

“Primero hay que hacerse cargo de lo propio”

Cangi recordó que aquel discurso incluía una reivindicación de la memoria de personas fallecidas en atentados atribuidos al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Esa intervención lo llevó a conversar con integrantes de organismos de derechos humanos y a profundizar sobre las distintas formas en que se construyen los relatos acerca de la violencia política argentina.

“Para poder esgrimir una memoria completa primero hay que hacerse cargo de lo propio”, sostuvo durante la entrevista. Para el filósofo, la discusión no debería limitarse a incorporar nuevas víctimas dentro del relato histórico, sino también a analizar responsabilidades, relaciones y mecanismos de ocultamiento.

En ese recorrido, Cangi mencionó el caso de Mario Sandoval, exagente de la ESMA investigado judicialmente por delitos cometidos durante la última dictadura. El escritor vinculó ese tipo de trayectorias con lo que describió como discursos de “doble dimensión”, construidos, según su interpretación, para ocultar determinados vínculos y al mismo tiempo silenciar a quienes reconstruyeron esas historias.

“Brasil, Argentina, Chile y Uruguay en el mismo tiempo”

La investigación también llevó a Cangi a colocar la experiencia argentina dentro de un escenario regional mucho más amplio. “Hay que recordar que efectivamente buena parte de esta memoria reúne a Brasil, Argentina, Chile y Uruguay en el mismo tiempo con un plan unificado”, afirmó.

El filósofo se refirió de ese modo al Plan Cóndor y a la coordinación represiva desarrollada por las dictaduras sudamericanas. Su planteo es que el terrorismo de Estado no puede interpretarse únicamente desde las fronteras nacionales, porque existieron intercambios de información, metodologías y doctrinas entre distintos países.

Cangi también vinculó esa coordinación con las concepciones militares utilizadas para enfrentar lo que entonces era definido como una guerra contrainsurgente. Para comprender esas prácticas, sostuvo, es necesario reconstruir las influencias extranjeras que participaron en la formación doctrinaria de las fuerzas de seguridad y los ejércitos latinoamericanos.

La influencia francesa y la guerra de Argelia

Entre esos antecedentes, Cangi destacó especialmente la experiencia francesa durante la guerra de Argelia. Según explicó, determinadas técnicas de contrainsurgencia y tortura desarrolladas durante aquel conflicto resultan importantes para entender la posterior circulación de esas metodologías en América Latina.

El autor amplía así el marco temporal de su investigación y busca establecer conexiones entre distintos procesos represivos. Su objetivo no es comenzar la historia directamente en la última dictadura argentina, sino preguntarse cuáles fueron las tradiciones políticas, militares y culturales que hicieron posible determinadas formas de violencia estatal.

Esa búsqueda también lo llevó a observar otras experiencias históricas extremas, entre ellas los campos de concentración desarrollados en Europa durante el siglo XX. El libro intenta seguir esas continuidades y transformaciones para entender cómo determinados mecanismos de violencia se trasladaron, adaptaron y resignificaron en distintos contextos.

“El antes del antes de la memoria histórica”

Cangi sintetizó esa intención al explicar el propio título de su obra. “Lo que rastreo en el libro, en El Naufragio de la Memoria, es el antes del antes de la memoria histórica que nos llevó a esa construcción”, afirmó.

La expresión “naufragio de la memoria” busca entonces señalar aquello que queda sumergido cuando una sociedad construye determinados relatos sobre su pasado. Para el escritor, recuperar esos antecedentes permite comprender no solamente los hechos represivos, sino también las condiciones intelectuales, políticas y militares que los precedieron.

Desde esa perspectiva, Cangi cuestionó los discursos actuales que, a su entender, simplifican o desconocen esa tradición histórica. Su planteo sostiene que “hacerse cargo de lo propio” constituye una condición necesaria antes de reivindicar una “Memoria Completa”.

La discusión propuesta por El Naufragio de la Memoria excede así la revisión de los años de la última dictadura. Cangi intenta reconstruir una genealogía de la violencia y mostrar que la memoria argentina también está atravesada por procesos internacionales, doctrinas militares y experiencias represivas que comenzaron mucho antes de 1976.