El nivel del tipo de cambio, su impacto sobre los precios y las dificultades de competitividad que enfrentan distintos sectores productivos volvieron al centro de la discusión económica. En +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, Santiago Llull, Andrés Asiain y Pedro Gaite debatieron qué podría ocurrir si el dólar subiera y cómo reaccionarían la inflación, los salarios y el consumo.
Uno de los principales interrogantes estuvo relacionado con el pass-through, es decir, el traslado de una variación del tipo de cambio hacia los precios. Llull sostuvo que actualmente ese mecanismo encuentra un límite en la debilidad del consumo y en las dificultades de muchas empresas para trasladar aumentos sin perder todavía más ventas.
“No diría eliminado, con una variación brusca vuelve”
Andrés Asiain coincidió en que hoy existe una menor capacidad de traslado a precios, aunque rechazó la idea de que ese mecanismo haya desaparecido. “No diría eliminado, con una variación brusca vuelve”, advirtió.
Pedro Gaite, economista jefe de FIDA, utilizó una definición similar y sostuvo que el pass-through está “limitado, no eliminado”. Según explicó, factores como la caída de la actividad, el desempleo, la capacidad ociosa y el menor consumo reducen actualmente el margen que tienen las empresas para remarcar.
Gaite señaló además que un contexto de inflación más baja modifica la velocidad con la que pueden trasladarse los movimientos cambiarios. Una suba gradual del dólar no necesariamente tendría el mismo efecto que un salto abrupto, especialmente si las empresas continúan enfrentando dificultades para validar nuevos precios en el mercado.
El problema del tipo de cambio real
Gaite puso también el foco en el nivel del tipo de cambio real y sostuvo que se encuentra en valores que generan dificultades para una parte importante del entramado productivo. Según su análisis, los sectores con mejores condiciones son aquellos que cuentan con ventajas comparativas naturales, particularmente “el agro, la minería y la energía”.
El resto de las actividades enfrenta un escenario más complejo, especialmente en combinación con la apertura comercial y la reducción de distintas barreras a las importaciones. La discusión, entonces, no pasa solamente por cuánto vale el dólar, sino por qué sectores pueden competir con ese nivel cambiario.
“Habría que ir a un nivel de tipo de cambio real más alto”
Consultado sobre la posibilidad de permitir una suba del dólar, Gaite rechazó la alternativa de una corrección abrupta. “Yo creo que habría que ir a un nivel de tipo de cambio real más alto, pero tratando de evitar una devaluación”, afirmó.
Su propuesta consiste en una mejora gradual de la competitividad, con un dólar que avance paulatinamente por encima de la inflación y dentro de un esquema que permita coordinar expectativas. El objetivo sería evitar un salto que inmediatamente provoque aumentos de precios, caída del consumo y una nueva pérdida del poder adquisitivo.
“Un dólar más alto implica un salario más bajo”
Asiain introdujo uno de los principales límites de esa estrategia al advertir que resulta difícil combinar simultáneamente una recuperación del consumo y una suba importante del tipo de cambio. “Un dólar más alto implica también más caros los precios de los servicios públicos, los alimentos, un montón de cosas y un salario más bajo”, sostuvo.
Para el economista, una mejora cambiaria puede beneficiar la competitividad de determinados sectores, pero también deteriorar los ingresos reales. Si se quisiera compensar ese efecto, sería necesario recurrir a otras herramientas, entre ellas subsidios o retenciones.
“La economía creció a tasas chinas”
Gaite defendió, sin embargo, la búsqueda de un tipo de cambio real competitivo y estable como horizonte económico. “El momento en que Argentina tuvo un tipo de cambio real competitivo y estable, la economía creció a tasas chinas, creció el salario real, creció la producción, se crearon empresas”, afirmó.
El desafío, reconoció, está en cómo alcanzar ese escenario sin atravesar previamente una fuerte contracción. La discusión queda así entre dos objetivos difíciles de compatibilizar: recuperar competitividad para la producción y evitar que una corrección del dólar vuelva a trasladarse a precios, salarios y consumo.