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Refinanciar deudas a ocho años: en RDE contaron qué tasas miran las pymes y por qué el CFT puede cambiar el cálculo

En la Ronda de Editores (RDE) analizaron distintas opciones para reestructurar pasivos y advirtieron que una cuota más baja no resuelve el problema si las ventas continúan estancadas.

Dólares Foto: Télam

La posibilidad de refinanciar deudas a plazos de hasta ocho años abrió una discusión sobre qué variables deben mirar las familias y las pymes antes de aceptar una nueva financiación. Durante la Ronda de Editores, los analistas compararon tasas fijas, alternativas ajustadas por inflación y el riesgo de extender obligaciones sin que exista una recuperación paralela de las ventas.

La clave acá no es solamente mirar la cuota, sino también, obviamente, la tasa nominal anual, pero también hay que ver el costo financiero total y también las comisiones”, explicó Lionel Paredes en +Perfil. Según señaló, el dato relevante no es únicamente cuánto se paga cada mes, sino cuál será el costo efectivo de la operación una vez incorporados todos los cargos.

Tasa fija o inflación más 7%

Durante el análisis se compararon alternativas de financiación a ocho años, entre ellas una tasa ajustada por inflación más siete puntos y opciones nominales fijas cercanas al 25% o 29%. “Si mis ingresos corren con inflación en el mediano plazo, sería endeudarme al 7% real anual”, explicó Tristán Rodríguez Loredo sobre uno de los escenarios posibles.

La conveniencia, plantearon, dependerá de la evolución futura de los precios y de los ingresos del deudor. “Si mis ingresos corren con inflación”, remarcó Rodríguez Loredo, esa relación puede ofrecer cierta protección, mientras que una tasa fija podría resultar más atractiva si la inflación se mantiene por debajo del porcentaje pactado.

Ariel Maciel agregó que la trayectoria inflacionaria será determinante para evaluar esas opciones. “Si la inflación sigue bajando”, planteó durante el intercambio, una tasa fija puede ganar atractivo, aunque advirtió que una recuperación del consumo también puede estimular un nuevo ciclo de endeudamiento de las familias.

Refinanciar sin vender

El problema, advirtió Paredes, aparece cuando una empresa logra reestructurar sus compromisos pero no consigue recuperar sus ingresos. “Esto es una rueda, no venden, no tienen que pagar”, resumió al describir una cadena en la que la falta de ventas termina trasladándose a proveedores y nuevas obligaciones.

En algunos sectores, explicó, los plazos comerciales ya llegan a extenderse considerablemente. “No venden”, insistió Paredes al señalar que una refinanciación puede aliviar el corto plazo, pero no modifica por sí sola el problema de fondo si la empresa vuelve a acumular deuda para sostener su funcionamiento.

Un crédito que puede durar ocho años

El plazo también obliga a mirar más allá de la tasa inicial. “La clave acá no es solamente mirar la cuota”, reiteró Paredes, mientras durante el programa se señaló que una financiación de ocho años supone una relación prolongada con la entidad bancaria y puede incluir otros productos, costos o condiciones.

Santiago Llull puso justamente el foco en ese vínculo de largo plazo y en la necesidad de revisar el contrato completo. “Son ocho años”, fue el eje del planteo, ya que durante ese período pueden cambiar tanto las condiciones económicas como la situación financiera de quien tomó el crédito.

El FMI y las condiciones de la deuda

El debate también se trasladó al vínculo de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional. Maciel se refirió durante el programa a una nueva misión técnica y utilizó una comparación doméstica para explicar la relación entre financiamiento y condicionalidades: “Cuando vos debés cada vez más, también te empiezan a decir qué podés gastar y qué no”.

Para el analista, el punto conecta con la misma discusión que atraviesa a familias y empresas. “A medida que aumentan las obligaciones, aparecen mayores exigencias”, sostuvo Maciel, al plantear que refinanciar puede permitir ganar tiempo, pero también implica aceptar nuevas condiciones.

La pregunta central, entonces, no pasa solamente por conseguir una cuota menor. “La clave no es solamente mirar la cuota”, sintetizó Paredes: tasa nominal, costo financiero total, comisiones, evolución de los ingresos y capacidad futura de pago son las variables que terminan definiendo si una refinanciación alivia realmente la situación o simplemente posterga el problema.