Las escritoras Gabriela Mayer y Rocío Cortina reconstruyeron durante su paso por Ronda de Escritores el origen de un intercambio epistolar que comenzó en 2023 y terminó convirtiéndose en un proyecto literario compartido. Cartas, correos electrónicos y materiales inéditos fueron construyendo una conversación alrededor de la escritura, sus tiempos y la presencia de otros autores y lectores en el proceso creativo.
“Fue un intercambio epistolar que lo comenzamos en 2023, después de habernos conocido en la Feria del Libro de Buenos Aires”, recordó Mayer en +Perfil. En aquel momento, ella presentaba su libro de cuentos Sueños como cuchillos, mientras Cortina participaba con su novela Zambullidas.
Un mail que abrió la conversación
La iniciativa surgió de Cortina, quien decidió escribirle después de leer los cuentos de Mayer. “Mandé un mail, o sea, una carta moderna, contándole a Gaby que había leído sus cuentos, que me habían gustado mucho”, relató la escritora y docente.
Ese primer mensaje no se limitaba a una devolución como lectora. “Había leído sus cuentos”, explicó Cortina, quien además había elegido dos de esos relatos para trabajarlos dentro del taller de escritura que coordina.
De las lecturas a los textos inéditos
Con el avance de la correspondencia, el vínculo comenzó a incluir también los materiales que ambas estaban produciendo. “Intercambiamos textos también inéditos que íbamos trabajando en el mientras tanto”, contó Cortina sobre un proceso en el que los borradores comenzaron a formar parte natural de las cartas.
El intercambio permitía así que la conversación se modificara a medida que aparecían nuevos cuentos y fragmentos. “Íbamos trabajando en el mientras tanto”, señaló la autora, en referencia a una correspondencia que acompañaba el propio desarrollo de las obras y no solamente aquello que ya había sido publicado.
Recuperar el tiempo de la espera
Una de las particularidades de la experiencia fue el tiempo que transcurría entre cada mensaje. “Nos iba apareciendo esto del momento de esperar el mail, de esperar la carta, esperar la contestación de la otra”, explicó Cortina.
Esa espera terminó convirtiéndose en parte central del proyecto. “Esperar la carta, esperar la contestación de la otra”, recordó la escritora, en contraste con una lógica contemporánea marcada por respuestas inmediatas y comunicaciones cada vez más breves.
Escribir también es conversar
El proyecto terminó tomando el nombre Escribir no es un oficio solitario, una idea que sintetiza la experiencia de ambas autoras. “Intercambiamos textos también inéditos”, destacó Cortina, mostrando cómo la lectura de la otra terminó interviniendo directamente en sus propios procesos de escritura.
Durante la conversación, Osvaldo Quiroga también puso en discusión la imagen tradicional del escritor aislado frente a una página. “Escribir no es un oficio solitario”, propone justamente el título, al plantear que detrás de cada texto existen lecturas previas, interlocutores, influencias y conversaciones.
Lo que comenzó con “un mail, o sea, una carta moderna” después de un encuentro casual en la Feria del Libro terminó transformándose en una experiencia sostenida durante el tiempo. Entre respuestas demoradas, borradores y lecturas cruzadas, Mayer y Cortina encontraron en la correspondencia una manera de acompañar sus procesos creativos sin eliminar aquello que también forma parte de escribir: la espera.