El rumbo del tipo de cambio, la inflación y los costos energéticos concentró el debate durante una nueva edición de Ronda de Economistas. Isaías Marini, Damián Quirós, Daniel Rosato y Sebastián Mancuso analizaron el margen que tiene el programa económico para introducir modificaciones y señalaron distintas variables que podrían volver a ejercer presión sobre los precios y la producción.
“La verdad que me cuesta pensar un giro en la política económica”, sostuvo Isaías Marini, licenciado en Economía y especialista en Macroeconomía y Finanzas. Sin embargo, planteó que podría existir espacio para una política monetaria menos restrictiva y agregó: “Hoy creo que hay un poco de espacio para dejar de apreciar el tipo de cambio sin una aceleración directa como consecuencia en los precios”.
Un dólar más alto y el impacto sobre los precios
Marini consideró que una cotización cambiaria algo superior podría favorecer la acumulación de divisas y aliviar determinados problemas de competitividad. “El programa financiero depende en gran parte, casi un 30%, del uso de divisas”, afirmó en +Perfil, y estimó que el próximo año requeriría una acumulación adicional cercana a los US$15.000 millones.
Una eventual suba del dólar, reconoció, puede trasladarse a precios, aunque no necesariamente con la intensidad de otros períodos. “Puede tener un impacto, sí, pero si vemos los últimos ajustes de tipo de cambio en el último año, no tuvieron un pass-through a precios tan significativos como veíamos en otros momentos”, explicó.
“Hoy creo que hay un poco de espacio para dejar de apreciar el tipo de cambio”, insistió Marini, vinculando esa posibilidad con el equilibrio fiscal y una política monetaria que definió como contractiva. Damián Quirós, director de Q Capital Consulting, coincidió en señalar límites para modificar el programa: “Yo veo muy poco margen de giro”.
Combustibles, carne y tarifas
El dólar, sin embargo, no es la única variable que podría afectar la inflación. “Dada la retención de ganado, es un factor que en los próximos meses podría volver a presionar al alza”, señaló Marini sobre el precio de la carne, después de mencionar también la evolución de los combustibles y los commodities agrícolas.
El economista puso además el foco sobre el gasto energético. “Estuvimos viendo subas en los subsidios energéticos cuando el resto de los ítems de gasto vienen cayendo”, afirmó, y planteó que algunos componentes tarifarios podrían haber quedado rezagados frente a la evolución reciente de la energía.
Las pymes alertan por el costo energético
Desde el sector industrial, Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos, describió un impacto directo sobre las empresas. “Llegaron incrementos del 30 a 40 por ciento”, sostuvo al referirse a aumentos vinculados con el componente estacional de la energía.
“Yo pagaba 15 por ciento de costo de energía en la unidad y hoy estoy casi en un 30, el doble”, afirmó Rosato sobre su propia actividad. Según explicó, el problema se profundiza porque “hoy estamos sufriendo también una fuerte presión en los costos energéticos que no se puede trasladar al costo de la producción”.
El impuesto a los combustibles
Sebastián Mancuso, contador y socio de Grupo GNP, agregó al análisis la actualización pendiente del impuesto a los combustibles. “Si en realidad pusieran el impuesto correcto ajustándolo por inflación, sería un incremento más o menos de un 10 por ciento en naftas y gasoil”, estimó.
El régimen establece actualizaciones periódicas de los montos fijos del impuesto, aunque durante 2026 el Gobierno continuó aplicando incrementos parciales y postergando remanentes de ajustes anteriores. El propio proyecto de Presupuesto 2026 había previsto que esas sumas se actualizaran gradualmente. “Se encuentra aproximadamente un 30% por debajo”, calculó Mancuso sobre el nivel que, según su estimación, tendría el tributo con todas las actualizaciones aplicadas.
Para Marini, el escenario combina entonces distintas fuentes potenciales de presión. “Me cuesta pensar un giro en la política económica”, resumió, mientras Quirós coincidió en que “hay muy poco margen de giro” y los representantes industriales advirtieron que buena parte de la tensión ya se está trasladando a los costos de producción.