+Perfil

Gabriela Mayer en RDEsc: “Nunca podemos descansar del todo”

La escritora habló en Ronda de Escritores (RDEsc) sobre su libro de cuentos Nunca podemos descansar del todo y explicó cuál es el hilo conductor que atraviesa las historias: personajes que viven en una búsqueda intensa y se sienten incómodos con las situaciones que atraviesan.

La escritora Gabriela Mayer. Foto: reperfilar.

La escritora Gabriela Mayer habló sobre su libro de cuentos Nunca podemos descansar del todo y explicó que, aunque las historias presentan situaciones y personajes diferentes, existe una sensación que las atraviesa: la imposibilidad de permanecer completamente quietos frente a aquello que incomoda. Durante su participación en Ronda de Escritores, también contó cómo un sueño terminó convirtiéndose en el punto de partida de uno de los relatos más particulares del volumen.

Nunca podemos descansar del todo, es una marca de época”, sostuvo Mayer en +Perfil al referirse al título del libro. Para la autora, esa frase no solamente resume el clima de sus cuentos, sino también cierta experiencia contemporánea atravesada por la necesidad permanente de buscar, pensar y escribir.

Personajes que no logran quedarse quietos

Están siempre en una especie como de búsqueda, no digamos frenética, pero sí intensa, están como incómodos en la situación donde están”, explicó Mayer sobre los protagonistas. Esa incomodidad funciona como uno de los elementos que permiten conectar relatos que, en otros aspectos, pueden ser muy diferentes entre sí.

La escritora encuentra precisamente allí el hilo común del libro. “Están como incómodos en la situación donde están”, señaló, al describir personajes que no necesariamente saben qué están buscando, pero que tampoco consiguen aceptar por completo el lugar que ocupan.

Un sueño detrás de “Los sentados”

Uno de los cuentos surgió directamente de una imagen soñada. “A partir de ahí apareció esta figura de los sentados”, recordó Mayer sobre un pueblo imaginario en el que los habitantes no entierran a sus muertos, sino que los embalsaman y los mantienen sentados.

La idea se volvió todavía más inquietante cuando definió cómo sería esa convivencia. “La idea era que estos sentados convivieran con sus familiares en las casas, entonces era más fácil embalsamarlos en una silla”, explicó la autora sobre una práctica ficticia que combina lo cotidiano con una situación completamente extraña.

Entre lo inquietante y el humor

La imagen provocó una reacción inmediata de Osvaldo Quiroga, quien recordó las catacumbas de Palermo, en Sicilia, conocidas por conservar cuerpos momificados y embalsamados. Mayer, sin embargo, mantuvo el relato dentro de la lógica propia de su ficción: “La idea era que estos sentados convivieran con sus familiares en las casas”.

El absurdo de la situación también abrió espacio para el humor durante la conversación. Frente a la posibilidad de imaginar esa costumbre trasladada a la vida cotidiana, Mayer lanzó una advertencia: “No lo intenten en sus casas”.

Ese tono permite que la escena oscile entre lo perturbador y lo cómico. “A partir de ahí apareció esta figura de los sentados”, explicó Mayer, convirtiendo una imagen surgida durante el sueño en una de esas situaciones literarias capaces de resultar extrañas y, al mismo tiempo, reconocibles dentro del universo del libro.