Desgaste del discurso libertario

Daniel Lutzky: "A Milei solo lo sostiene el miedo al vacío"

Para el politólogo, el principal sostén político del Presidente ya no es el antikirchnerismo ni su perfil antisistema, sino la falta de una opción competitiva. Además, señaló que la sociedad comienza a priorizar la economía y la demanda de "normalidad".

Daniel Lutzky es politólogo, sociólogo y consultor en estrategias de comunicación Foto: NET TV

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el politólogo y consultor en comunicación Daniel Lutzky analizó el momento político del Gobierno y sostuvo que el Presidente "perdió" la identidad de outsider con la que llegó al poder. "La idea es que es Milei o nada", explicó, al tiempo que advirtió que el antikirchnerismo "está desapareciendo como forma de unificar al campo no peronista" y que la oposición aún "no logra ocupar un lugar creíble como garante de esa normalidad futura que la gente quiere".

Daniel Lutzky es politólogo, sociólogo, docente universitario y consultor en estrategias de comunicación, con más de 40 años de trayectoria académica y profesional. Diplomado en Economía y Ciencias Sociales por la Universidad de Sorbonne, en París, Francia. Se especializa en el análisis de la opinión pública, la psicología de la comunicación y la cultura política contemporánea. Es coautor de La Nueva Izquierda Argentina 1960-1980, junto a Clevia Guiba, y autor de El sujeto de la comunicación. 

—Primero, una perspectiva semiótica del análisis del discurso. Milei se planteó algo que era bastante extraño, como una especie de ruptura, y un discurso basado en el odio, la descalificación del otro. ¿Hasta qué punto eso rompe el pacto democrático, desordena a la oposición, que no sabe cómo responderle? ¿Cuánto dura? Si eso dura un tiempo, como cualquier herramienta, se gasta o, en la sociedad del espectáculo, aquello que se repite aburre.

—La Argentina es un país bastante resiliente, y no solo en el fútbol. La democracia, para los argentinos, es algo bastante profundo, que está encarnado en una sociedad que se considera mayormente de clase media. Clase media ya no como un concepto económico, sino como un concepto casi social, como una manera de relacionarse con el poder. Y por eso creo que la esencia democrática y resiliente de la Argentina va a sobrevivir a los intentos más autoritarios de imponerle un sistema distinto que el democrático. Es mi opinión.

Y creo también que, en la elección de Milei, hubo una especie de "malentendido", que siempre ocurre. La gente elige, a veces, gobernantes para hacer cosas que no necesariamente es lo que el gobernante tiene en su cabeza hacer. Hay una especie de malentendido. Lo elige porque quiere romper con algo, quiere cambiar algo, quiere que algo sea diferente o porque lo anterior no funcionó, pero no necesariamente porque acuerde con todas las posiciones y las ideas del que gobierna, en este caso, de Milei.

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Por ejemplo, el ejemplo más fuerte es que Milei dijo que es un topo adentro del Estado y que está para destruirlo. Y cuando uno ve las encuestas sobre lo que la gente piensa del Estado, es totalmente distinto. Ese malentendido va a empezar a expresarse, y ya empieza a expresarse. En los últimos tiempos ha habido cambios importantes en cuanto a lo que la gente piensa, en cuanto a la agenda de la sociedad. Empezaron a aparecer otros temas, como por ejemplo el tema salarial, el tema de los ingresos de las personas. Y también otro tema empezó a aparecer, que hasta ahora no era importante y cada vez es más fuerte, que es el tema de la corrupción. Paradójicamente, la imagen de Menem empezó a bajar cuando aparece el tema de la corrupción en escena, en la agenda pública.

—¿Vos te encontraste un paralelo entre lo que le pasó a Menem y lo que le pasa a este gobierno? Que a Menem se le perdonaban todos los casos de corrupción, él se lo tomaba casi con cierto humor, hasta que se confirmó que la economía estaba destruyendo empleo. Lo que se le perdonaba, se le pasó toda la factura junta. ¿Y notás que eso está pasando con Milei? No sé si la palabra adecuada es: pierde el angelamiento que todo presidente tiene al comienzo.

—No solamente pierde el angelamiento. Más allá de su núcleo duro, de ese 25%... Recordemos que Menem, en la elección del 2003, cuando subió Néstor Kirchner, había sacado 24%. Es decir, que siempre hay un núcleo duro que se mantiene. Pero, más allá de ese núcleo duro, las cosas están cambiando para Milei. Por ejemplo, su identidad. Esa identidad de outsider, que venía desde fuera de la política a combatir a la política y a la casta, hoy desapareció.

Inclusive para sus potenciales votantes —no el núcleo duro— ya no es eso. Entonces, ¿qué le queda? Uno diría: le queda unificar, a través del antikirchnerismo, al campo no peronista. Sin embargo, acá también tiene un problema, porque el antikirchnerismo está desapareciendo como forma de unificar al campo no peronista. Entonces, la desaparición de eso deja a Milei un poco fuera de escena. Y hoy lo que sostiene a Milei es el miedo. ¿El miedo a qué? El miedo al vacío. Es decir, la idea de que es Milei o nada.

—Un colega tuyo nos decía el otro día: "El algo siempre le gana a la nada". Y el miedo al vacío, que sería el caos. Por lo menos que haya alguien allí.

—Claro, porque creer en alguien, aunque sea parcialmente, aunque sea en parte, aunque sea no lo mejor. El solo hecho de creer es bueno para la gente. Lo vimos en el Mundial, por ejemplo. Nos colocó en otra situación, nos hizo pasar días muy felices, hasta que perdimos. Entonces, siempre el algo, efectivamente, es mejor que la nada.

—En esta mirada semiótica del discurso del gobierno, ¿qué pasa con la oposición? Pareciera no encontrar palabras para entusiasmar a las mayorías. Las nuevas canciones de Axel Kicillof aún no se compusieron. ¿Cómo ves a la oposición?

—La oposición no logra ocupar el lugar que marca el deseo de la gente. Es decir, el deseo de la gente evoluciona en una sociedad de los deseos colectivos y, en este momento, están cambiando. Y cuando hablo de la gente, no hablo del 100% de la sociedad. Hablo del sector de la sociedad que define lo que va a pasar en el país. ¿Quiénes son esos? Siempre los del medio. Los que cambian el voto, los que no saben a quién votar. Esos van a decidir, como siempre ocurre, hacia dónde va la Argentina.

Ese sector hoy empieza a sentir ciertos deseos. Esos deseos son de recuperar cierta normalidad, de recuperar cierta situación en que puedan definir su vida, puedan pagar la tarjeta de crédito y que puedan existir normas. Normalidad en el sentido de normas. También de normas comunes para todos, y donde la gente, por estar cerca del poder, no escape a esas normas. Cosas muy sencillas pero que la oposición no logra ocupar un lugar creíble como garante de esa normalidad futura que la gente quiere.

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—Vos lo marcabas recién diciendo: ya la palabra kirchnerismo... O sea, si el gobierno plantea que su estrategia es el antikirchnerismo, tiene un problema con la palabra kirchnerismo, porque ya el kirchnerismo no alcanza a definir el total del conjunto del panperonismo. ¿Es así para Kicillof? Es decir, ¿Kicillof está logrando construir una imagen que trascienda al kirchnerismo, de haber sido ministro de Economía de Cristina Kirchner? Eso que siempre se dice: su apellido empieza con K... Y justamente, más allá de que sea justo, lo ata al significante kirchnerista.

—Hoy le está resultando bastante difícil a Kicillof construir ese lugar que sea visto como fuera del kirchnerismo. Y en eso se juega el futuro de su elección. Le está resultando muy difícil. Y por eso la sensación para gran parte de la sociedad, de vacío frente a Milei. Ahí se juega algo central. El peronismo hoy está en una situación muy compleja como para poder presentar una alternativa creíble.

—Y me pregunto, en ese punto, ¿qué indica la creciente ponderación de la imagen de Myriam Bregman, una representante de una posición aún más a la izquierda que la del propio Kicillof? Y no sé si se puede decir si el propio Kicillof, que es la persona hoy con mayor intención de voto junto con el Presidente, está incluso a la izquierda del kirchnerismo, ya no a la izquierda del peronismo.

—Frente a ese vacío en la oposición, mucha gente empieza a buscar alguna alternativa clara, aunque no sea exactamente la que uno puede imaginarse en el poder. Pero sí uno se la puede imaginar votándola. Entonces hay gente que dice: "Yo la votaría hoy porque expresa algo claro", mientras que todo lo demás de la oposición no lo expresa.

—Encuentro ahí una tensión entre economía y valores. Conversamos con colegas tuyos en estos días las veces que la corrupción, la ética, la moral y esa actitud republicana de que quien está en el poder es un igual entre todos, fue determinante electoralmente, por ejemplo. Y no la economía. Por ejemplo, cuando gana De la Rúa con el planteo de mantener la convertibilidad, el elemento allí era la corrupción menemista. Cuando gana Macri, en 2015, se puede decir que es bastante parecido, porque Macri proponía mantener todo lo bueno, en términos económicos, del kirchnerismo: el asistencialismo, hasta el Fútbol para Todos.

Y, en esas dos circunstancias, no fue la economía la determinante. Siempre que no es la economía lo determinante, en el fondo hay un subyacente económico. Porque ese proceso económico también se está agotando. ¿Cómo ves vos, en común, que tengan el crecimiento de Myriam Bregman, la mantención con intención competitiva de Kicillof, dos personas que tienen como característica la honradez? ¿Es la honradez o es la posición económica más opuesta al Gobierno?

—Con respecto a la economía: las famosas frases de "es la economía, estúpido". Y yo creo que no es la economía, estúpido. La crisis del 30, por ejemplo, dio resultados muy distintos en Alemania que en Estados Unidos. Y siempre fue la economía. Entonces, uno puede decir que la economía se carga de ciertos sentidos. Creo que, en el caso argentino, en esta época, lo que está sufriendo la gente en cuanto a baja del consumo, los temores económicos, de alguna manera se vinculan a cierta demanda también de no corrupción. Es decir, las dos cosas se unen.

Por eso decíamos: cuando aparece el caso Adorni, ¿es la economía o fue el caso Adorni? Fueron las dos cosas que, de alguna manera, en la cabeza de la gente se conectan. Y eso seguramente va a tener que ver con lo que pase en el futuro en la Argentina. De ese vacío, que todavía nadie lo llena a nivel nacional. Hay provincias donde aparecen, por ejemplo, de repente, alternativas a ese vacío. Yo estaba pensando en el caso de Santa Fe, con Pullaro, por ejemplo. Pullaro ha logrado ocupar un lugar que es ni Milei ni el kirchnerismo, muy exitoso y muy fuerte. Pero eso no es trasladable de Santa Fe al país.

Se necesita un líder nacional que ocupe un lugar nuevo, que no sea ni el pasado ni lo que estamos viviendo, que permita construir esa normalidad para los argentinos, que es el deseo profundo en este momento y que todavía no se expresa como demanda ni como oferta política, pero que en algún momento va a aparecer.

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—Pullaro ganó la gobernación de Santa Fe por Juntos por el Cambio. Es radical y Santa Fe tiene particularidades únicas. Es injusto decir que es de Juntos por el Cambio.

—Ni siquiera es Juntos por el Cambio. Fue Unidos, que es una alianza entre lo que era Juntos por el Cambio con el socialismo. Es decir, es una alianza bastante nueva, si se quiere.

 —Incluso se parece al Grupo A, en su momento, en que no estaba el PRO, pero sí estaban los demás integrantes de Juntos por el Cambio. El socialismo santafesino. Pero bueno, cuando ganó Pullaro, rápidamente Macri llamó para felicitarlo. ¿Creés que hay algún revival, alguna posibilidad de resurgimiento de aquel Grupo A, que era en contra del kirchnerismo, sin el PRO? Luego Juntos por el Cambio, o ahora este Unidos, más Juntos por el Cambio, o Provincias Unidas. La vicegobernadora de Pullaro, que hoy preside en la Cámara de Diputados el sector de los diputados que podríamos decir que no son ni kirchneristas ni libertarios, lo que planteaba era que ya trabajaba para eso: para construir una unión entre Provincias Unidas y lo que quede de la parte más socialdemócrata del PRO. ¿Le ves algún futuro a ese centro que es ni Milei ni kirchnerismo?

—Creo que hay condiciones. Hay condiciones para que eso pueda funcionar y fructificar. Ahora, las condiciones no quiere decir que se realicen. Pueden existir condiciones y no realizarse. Pero existen condiciones para que una alternativa de ese tipo se construya.

—Escuchándote, como corolario, lo que interpreto es que, si Milei te preguntara a vos, le dirías: "Mire, señor, tiene que estar muy preocupado usted con su futuro electoral".

—Absolutamente. Hoy a Milei lo sostiene el miedo al vacío. Y eso puede cambiar en la medida que la gente empiece a sentir que ese vacío puede dejar de estar vacío.

 

RM/LT