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MODO FONTEVECCHIA
LAS CONTRADICCIONES DEL PLAN ECONÓMICO

Claudio Lozano: "Milei tiene un equilibrio fiscal dibujado"

El economista y referente político analiza la contradicción entre las mejores calificaciones de Wall Street y el deterioro de la economía real. Sus críticas al programa de ajuste, la trampa del endeudamiento perpetuo, el dilema del crédito y la urgencia de utilizar los recursos estratégicos para financiar un modelo propio de desarrollo.

Claudio Lozano 08042026
Claudio Lozano | ctaa.org.ar

En un escenario económico signado por señales contradictorias, la Argentina transita dos realidades paralelas. Por un lado, la mejora en las perspectivas de agencias calificadoras de riesgo como Moody's y las lecturas favorables del mercado financiero internacional generan expectativas en Wall Street. Por el otro, los indicadores de la economía real reflejan un panorama alarmante: caída de la recaudación fiscal, pérdida de empleo, industricidio y una contracción severa del tejido productivo.

Para profundizar en estas paradojas y debatir sobre el rumbo del país, conversamos en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), con el economista Claudio Lozano. A lo largo de la entrevista, Lozano cuestiona la validez del superávit declamado por el oficialismo, desmitifica la solidez del esquema externo de divisas y expone la lógica detrás de la fuga de capitales.

Claudio Lozano es economista graduado de la Universidad del Salvador y dirigente político. Fue director del Banco Nación durante la gestión de Alberto Fernández entre 2020 y 2022, y ocupó bancas como diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires en varios períodos entre los años 2003 y 2015. Es coordinador del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas y presidente del partido Unidad Popular.

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—Aclaro que Claudio, además, era muy crítico en la época en que no era funcionario de Alberto Fernández — lo era porque fuera el presidente, pero era muy crítico de su política económica de Alberto Fernández—. Pero bueno, vayamos a nuestra actualidad de hoy con Milei, Wall Street y las calificadoras de riesgo. Ahora, la última en sumarse fue Moody's, mejorando la nota de perspectiva de deuda de la Argentina, en lo que no solamente para el pago de la deuda pública, sino para el funcionamiento de la economía: que las empresas puedan endeudarse a menor tasa de interés es fundamental, dado que el capital de ninguna empresa del mundo es 100% los activos hechos con patrimonio, sino con pasivos. Pero, al mismo tiempo, parece haber una contradicción con otros datos de la Argentina: se destruye empleo, cae la recaudación... ¿Cómo poder compatibilizar estos datos tan contradictorios?

—Yo creo que tiene una mezcla de cuestiones. La primera es cierta consolidación política del Gobierno frente a una oposición que no ha sabido ponerle límites ni frenar la estrategia gubernamental. Y es un Gobierno que muestra —y de hecho lo hace cotidianamente— que está dispuesto a pagar deuda pública a como dé lugar, entregando lo que fuere. Me parece que ese compromiso político del Gobierno es bienvenido por este tipo de agencias calificadoras y se impone por sobre los problemas que aparecen en el terreno productivo o en el terreno de la economía real, como se la suele denominar. Que tiene que ver con la experiencia concreta de casi una suerte de industricidio en la Argentina en términos de cierre de empresas, de reconversión de plantas productivas que dejan de producir para transformarse en meras importadoras, de destrucción de puestos de trabajo y de caída sistemática y permanente de los salarios. Asimismo, respecto a los propios elementos que cualquier calificadora de estas debería tomar en cuenta, en una modificación como la que hizo Moody's no se justificarían demasiado. Cuando uno mira los dos años y medio en términos externos del balance de divisas de la Argentina, no se encuentra con una situación razonable. Argentina tiene un saldo comercial en bienes de unos 50.000 millones de dólares y prácticamente la totalidad de ese saldo —44.000 millones de dólares— se va en dolarización de excedentes, en fuga de capitales. A lo cual hay que sumar que la Argentina pagó 30.000 millones de dólares de deuda pública y casi 20.000 millones de dólares en lo que sería el consumo superior de los sectores de mayor capacidad económica, básicamente gasto en el exterior y turismo. O sea, el desbalance de divisas de la Argentina hace que, en ese período donde tuvo un saldo favorable de 50.000 millones de dólares, necesite prácticamente otros 50.000 de nuevo endeudamiento; pero no para financiar desarrollo ni cosa que se le parezca, sino para sostener un esquema de salida absolutamente extractiva, de profunda destrucción del tejido productivo y de consolidación de un patrón de absoluta desigualdad. Así que, en ese sentido, en términos externos no hay nada positivo que esté pasando. Y si uno se fija en términos del equilibrio fiscal de la Argentina, tampoco: el país acumula 11 meses continuos de caída de la recaudación, sometido a una situación de ajuste casi perpetuo con un superávit financiero que el Gobierno declama de 1,9 billones de pesos en el primer semestre, el cual es mentiroso porque en realidad acumula 21 billones de intereses impagos en el mismo semestre. Además de eso, viene acumulando casi 6 billones de deudas flotantes, es decir, de gastos ya realizados que no han sido pagados. O sea que, en ese sentido, ni desde el punto de vista fiscal ni desde el punto de vista externo hay nada que se le parezca a una situación controlada. Lo que sí hay es un mecanismo permanente de endeudamiento de la Argentina, al cual esta calificación de Moody's contribuye, pero que mantiene al país en un sistema de endeudamiento perpetuo, de ajuste perpetuo y de desarticulación productiva general.

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—Claudio, te consta que no estás frente a alguien que tenga una visión positiva de Milei. Ahora me pregunto: ¿cómo salir de una situación en la cual una sociedad en su conjunto no sea sujeto de crédito? Dado que, nuevamente, no existe ninguna empresa en el mundo que no tenga parte de sus activos construidos con pasivos, y que el costo de esos pasivos determina que sea posible llevar adelante la empresa e implique también contratar gente o no. ¿Cómo salir de eso para todos esos argentinos que ahorran en dólares? Porque, finalmente, esa cantidad de dólares que compran todos los años los argentinos la compran porque no ahorran en su propia moneda. Cuando miramos a Oriente, con reconocimiento de la capacidad de ahorro de los chinos, probablemente los argentinos tengamos igual capacidad de ahorro, nada más que el ahorro argentino no queda en la Argentina por los problemas monetarios que tiene el país. ¿Cómo resolver esa problemática de una manera que sea en beneficio de todos los argentinos?

—Debería haber una política nacional de reorganización completa de la orientación que tiene el país. Vos mencionás el caso chino: China es la evidencia manifiesta de que las políticas neoliberales no han sido los mecanismos más adecuados para capturar las ventajas del proceso de cambio tecnológico y de globalización que vivió el capital en el mundo durante los últimos tiempos. Al revés, China es evidencia práctica de una presencia estatal fuerte, dominante, que se impone por sobre la burguesía china y que determina un rumbo y una planificación permanente a la orientación que tiene esa economía. Es todo lo contrario a lo que viene pasando en la Argentina de manera sistemática en los últimos 50 años, donde ha habido gobiernos que han querido hacer otras cosas que no salieron bien, pero donde predominantemente el proceso de apertura general de la economía argentina, tanto financiera como productiva, tuvo dos componentes: endeudamiento y destrucción productiva. Entonces, hay que replantear absolutamente todo. Ahora, lo que nadie puede dejar de ver es que Argentina tiene todos los elementos y no por casualidad está puesta hoy en el objetivo de prácticamente todas las potencias del mundo. Argentina tiene una dotación formidable de recursos absolutamente indispensables para el momento actual: litio, tungsteno, tierras raras, uranio, minería por donde la mires, hidrocarburos... bueno, ni que hablar del agronegocio, que ya es una cuestión conocida.

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Agua dulce... En este sentido, Argentina no por casualidad está en la mira directa de los Estados Unidos, transformada en la lógica actual en uno de los proveedores estratégicos para el cambio tecnológico y el desarrollo productivo norteamericano. Y está en la mira también de China por lo que China necesita de Argentina. O sea, tenemos miles de millones de dólares que tienen que ver con esas ventajas que poseemos en materia de recursos naturales, porque cada uno de esos recursos implica una ventaja diferencial respecto al resto del mundo; supone costos de producción para alimentos o para energía muchísimo más baratos. Sin embargo, nosotros tenemos una situación absurda en donde, teniendo un potencial alimentario monumental, tenemos alimentos caros; y teniendo un potencial energético monumental, tenemos energía cara, con lo cual deprimimos el salario, eliminamos demanda industrial y encarecemos la producción. Estamos haciendo lo contrario de lo que sería necesario para una estrategia productiva y de desarrollo.

—Ahora, también podríamos decir que hicimos lo contrario en los gobiernos populares a lo que hizo China respecto a la disciplina fiscal. Porque China tiene disciplina fiscal.

—Sí, disciplina fiscal hay que tener, pero hay que ser cuidadoso. Hoy no hay disciplina fiscal, por eso te dije lo que te dije antes: hay un superávit financiero dibujado.

—Bueno, está bien, comparto con vos. Pero antes...

—Entonces no hay disciplina fiscal.

—Había mucho menos en el pasado, quiero decir hay mucho más, había mucho menos en el pasado. Quizás sea un problema...

—Yo no sé si había mucho menos, porque fíjate que una de las claves principales de la indisciplina fiscal es el fenómeno del endeudamiento, al revés de la argumentación que transforma al endeudamiento en el resultado del déficit. En realidad, la deuda en la Argentina es la madre del déficit. Una deuda que nosotros tenemos y que se ha ido incrementando exponencialmente en los últimos 50 años tiene un origen por fuera del sector público: es una deuda tomada por los principales capitales privados que se vinculan con el proceso de internacionalización a nivel mundial de manera financiera, tomando créditos en el exterior, acumulando financieramente y fugando divisas, y que luego buena parte de ese paquete de deuda se transformó en deuda estatal.

—Eso fue en la dictadura.

—No, pero es que esa deuda quedó como un gasto estructural al ser estatizada, y como fue una deuda que no se tomó evaluando su capacidad de repago, el Estado nunca pudo asumir cómo pagarla porque no fue una deuda tomada para financiar desarrollo. Todo lo contrario: mientras se tomaba deuda, involucionaba la Argentina.

—¿Qué porcentaje de aquella deuda representa el total de la deuda argentina hoy, Claudio?

—Fácil, de la deuda privada tomada, fácil el 50%. Y el resto, ¿sabés lo que es? La deuda que tuviste que tomar para pagar la otra que no pagabas.

—Se puede decir que todo el problema fue de Cavallo en la dictadura cuando...

—No, no de Cavallo y de no haber asumido en ese momento que era una deuda ilegítima que tendría que haber sido discutida de otra manera, cosa que intentó hacer Alfonsín. Hubo una comisión interna en el Banco Central que planteó las irregularidades y hubo determinados personajes al interior del Banco Central y su directorio que recomendaron no plantear ninguna discusión. Me refiero a Carlos Melconian, me refiero a Daniel Marx, que ocupaban uno la dirección de la deuda externa del Banco Central y otro el directorio del Banco Central. Se decidió no hacer esto y luego hubo un permanente proceso de reestructuraciones absolutamente ilegales que no cumplieron con los prerrequisitos constitucionales y que permanentemente lo que hicieron es meter a la Argentina en una calesita de la que no hemos salido: tomar deuda nueva para cancelar deuda vieja.

—¿Y cómo se sale de la calesita de la deuda si finalmente no podés, más allá de cuestionarla...?

—Es que eso es clave: hay que plantarse de otra manera, no solo con los acreedores privados, sino también con el Fondo. El Fondo ha violado...

—Si vos te plantás de esa manera, después no vas a ser sujeto de crédito.

—Bueno, Argentina tiene que vivir con buena parte del financiamiento que estas rentas...

—Vos lo que estás planteando es que la Argentina es vivir con lo nuestro, porque eso implicaría no ser más sujeto de crédito.

—Eso sería pretender remitirlo al pasado, ¿no?.

—No tomar más crédito...

—Los excedentes que Argentina tiene por renta agraria, renta hidrocarburífera, renta ictícola...

—Muy bien. Mi pregunta es: si el país no toma más deuda, cancela deuda...

—Pero esas rentas son miles de millones de dólares. Con eso hay que financiar el desarrollo de la Argentina.

—Está bien, eso es el Estado. El Estado no toma más deuda. ¿Y cómo hacés con las empresas privadas?

—Lo que pasa es que esas rentas, en lugar de servir para pagar deuda, tendrían que ser parte de un fondo soberano —como en Noruega— para financiar el desarrollo social y productivo de la Argentina.

—O sea, las empresas tendrían que financiarse con fondos del Estado que saldrían de no pagar la deuda. Para ponerlo en términos simples, el financiamiento que requieren las empresas privadas saldría del financiamiento que daría el Estado, obtenido del superávit comercial que le generarían todas estas riquezas que exportaría y de no pagar la deuda.

—Y de las diferencias de precio que vos tendrías en materia de alimentos y en materia de energía. Porque no es lo mismo, vos tenés que acomodar un sistema de precios compatible con el desarrollo, que no es lo que tenés hoy.

—Me refería respecto del tema financiero...

—Respecto del tema de la deuda...Primero, la deuda tiene que ser revisada e investigada.

—Está bien. ¿Y después de eso: pagada o no pagada?

—Después de eso, una parte será pagada y otra no.

—Una parte no será pagada y con esa parte que no será pagada los recursos que se destinaban a no pagar esa parte de la deuda...

—Solamente con esa parte que no será pagada... digo, si vos tenés un sistema de regulaciones distinto, si replanteás el tema y de reconstruir un proceso propio... ¿Por qué la gente no ahorra en moneda doméstica? Porque no tenemos esquema productivo en la Argentina. Sobra el excedente en la Argentina para invertir en un patrón productivo tan lamentable como el que tenemos. La moneda no es hija de la casualidad: es hija del desarrollo productivo. Si Argentina no integra una estructura productiva diferente, nunca va a haber confianza en la moneda.

—Claudio, como siempre, un gusto hablar con vos. Muchísimas gracias. Nos planteás siempre una manera...

—Me gustaría seguir.

—A mí también, pero me están pidiendo hace rato porque lo tenemos a Parra del otro lado. Entonces, te propongo repetir esto de aquí a un par de semanas.

—Cuando quieras.

—Va a ser un gran gusto.