Día 802: Milei, me gusta cuando callas porque estás como ausente
Milei representa, sin dudas, el nuevo eje de la política argentina. Pero al momento de pasar leyes y avanzar en el Congreso, mejor recurrir a una vieja práctica de la política tradicional: la desprestigiada rosca.
El gobierno de Javier Milei logró una nueva victoria política en el Congreso, quizás una de las más importantes. No tanto por el contenido de la llamada Ley de Modernización Laboral, sino porque logró aprobar por un holgado margen una reforma laboral con casi todo el peronismo y la izquierda en su contra, un paro general de la CGT y un ruido mínimo en las calles.
Es todavía más llamativo que, entre que la reforma salió aprobada del Senado y entró a la Cámara de Diputados, quedó en evidencia que muchos de los más de 200 artículos ni habían sido analizados, tanto por integrantes de La Libertad Avanza como del resto de los bloques, aliados y opositores. Así y todo, los libertarios se salieron con la suya y lograron un tratamiento exprés de una reforma estructural que ahora vuelve al Senado para su pronta aprobación.
Más allá de que fue obligado a dar marcha atrás con el polémico artículo 44, que reducía salarios frente a licencias médicas, inclusive luego de que el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, intentó defenderlo acudiendo al “si te lesionaste en el fulbito no debería ser un problema de tu empleador”, fue Patricia Bullrich, la nueva voz cantante en el Senado, la que aceptó el error.
También fue llamativo escuchar cómo muchas de las propuestas que habían sido trabajadas por representantes de los distintos partidos políticos en el contexto del Pacto de Mayo finalmente no fueron tenidas en cuenta. El caso del Fondo de Asistencia Laboral es el más emblemático, tomando el concepto del fondo para indemnizaciones de la construcción, pero finalmente financiado principalmente con aportes que eran destinados a la seguridad social. Todo esto lo repasaremos después.
Más allá de si están bien o mal estos y otros artículos de la ley, lo llamativo de fondo es que el Gobierno sacó a relucir su capacidad política. Y parece que, para hacerlo, una de las condiciones necesarias es que el Presidente se mantenga lo más callado posible, “hablando” principalmente por redes, cantando en festivales, viajando al exterior. Y dejando que su equipo político, supuestamente liderado por Karina Milei y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, pero verdaderamente en las manos de Bullrich y el ministro del Interior, Diego “el Colo” Santilli (dos ex PRO) hagan el trabajo sucio. Luego de la declaración de muerte de Niccolò Maquiavelo en manos de Javier Milei en Davos, la mesa política parecería haber desempolvado “El Príncipe”, la obra maestra del italiano que fundó el análisis político, negociando de manera pragmática, buscando consensos y cediendo donde debía hacerlo.
Es interesante este concepto de que a Milei le va mejor en ciertos campos políticos cuando está ausente. Sus agravios y lecciones de macroeconomía parecen funcionales a los momentos de fragor de la campaña: su ala fundamentalista moviliza a las bases con arengas destinadas a la emoción y el enojo. Pero al momento de pasar leyes y avanzar en el Parlamento, mejor recurrir a una vieja práctica de la política tradicional: la desprestigiada rosca.
Milei representa, sin dudas, el nuevo eje de la política argentina. Logró centralizar en su figura la nueva línea divisoria de la grieta. Que todo se oriente en base a sus simpatizantes y detractores. Algo que Mauricio Macri no logró y, durante todo su gobierno, siguió siendo, por decirlo de algún modo, el opuesto de Cristina Kirchner. Seguramente parte de ese logro tiene que ver con su personalidad disruptiva, su carácter de outsider frente a la “casta política” desgastada. Pero si eso sirvió para llegar al poder, consolidarse requiere otra muñeca. Y ese doble juego le está permitiendo traspasar una línea que Macri no pudo: avanzar en reformas estructurales.
La votación de esta madrugada en el Congreso, con modificaciones, de la reforma laboral representa un triunfo político muy importante para el oficialismo. Junto con la Ley Bases, la reforma laboral es una modificación estructural en el corazón de la producción: ni más ni menos que la regulación del trabajo. No es una ley menor. Fue aprobada con 135 votos a favor, 115 en contra y cero abstenciones, nuevamente con Karina y Adorni desde la platea.
Lo más importante detrás de la victoria del oficialismo no es el contenido de las leyes que está pasando en sí, sino el hecho de que estamos frente a una nueva iteración de su rodaje político. Comprende, nuevamente, que tiene distintas herramientas, como un presidente disruptivo y un ala política, y que debe usarlas para distintas cosas. Así, pudo lo que Macri no pudo. Y en lugar de 60 toneladas de piedras, cacerolazos e indignación popular, tuvo que enfrentar solamente el silencio de una ciudad paralizada por un paro general que tuvo, más bien, una adhesión importante, pero pasiva e indiferente.
Sí, obviamente hubo algunos incidentes. La calle sigue siendo un espacio de disputa política, algo que se vio durante el tratamiento de la reforma laboral en el Senado. Lo que vemos es que hay una búsqueda de desprestigiar la movilización popular y, al mismo tiempo, se ve que el Gobierno la usa a su favor, pero todavía no constituye una amenaza política social. No constituye una cierta efervescencia que podría llevar a una pérdida de apoyo social como el que sufrió Macri, obviamente lo que vimos en otros movimientos mucho más fuertes como podría ser el 2001.
El triunfo del “ala política” del Gobierno, que construyó alianzas y logró el poroteo parlamentario con los gobernadores que permitió tener un quórum muy ajustado (apenas con un diputado de sobra) y juntar el número para aprobar la ley. De las varias postales que dejó la sesión, hay dos que ayudan a ilustrar este punto. Mientras el país veía cómo la política se rasgaba las vestiduras con la reforma laboral, dos de las figuras políticas más relevantes del momento estaban totalmente aisladas de lo que pasaba. Como se dice hoy, estaban “en Narnia”. Ambos sonriendo, de buen humor. Hablamos nada más y nada menos de Milei y quien fue su antagonista favorita, Cristina Kirchner.
Milei participó de la primera reunión del Consejo de la Paz de Donald Trump, donde imitó a Elvis junto a Viktor Orbán, primer ministro de Hungría. Enfrente lo tenía a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA. Vemos cómo Trump va de a poco construyendo su grupo de amigos, aliados políticos que representan ideales políticos conceptuales similares a los de él y con los que busca eludir a la ONU y a las organizaciones tradicionales multilaterales en su búsqueda de una consolidación hegemónica política.
Al mismo tiempo, Cristina, ayer celebró su cumpleaños desde el balcón. "A volver, a volver, vamos a volver", cantaba la militancia en San José, totalmente fuera de época. Aunque la expresidenta solo lleva unos meses en el arresto domiciliario, parece que fueran años. Ni siquiera le dedicó un posteo en Twitter a la reforma laboral. Pasó de comentar cada pequeño detalle en cartas kilométricas a celebrar su cumpleaños frente a un grupo limitado de la militancia, mientras dentro del recinto sus seguidores intentaban, de alguna manera, validar sus gobiernos y trayectoria política, en muchos casos de manera poco creíble.
La diputada Florencia Carignano primero buscó sembrar el caos y luego se dedicó a fustigar al resto de la Cámara al desconectarle los cables a los taquígrafos. El momento fue registrado por Lilia Lemoine, una de las grandes provocadoras de La Libertad Avanza. Se ve cierta resignación en los sectores más combativos del peronismo, normalmente asociados al kirchnerismo. La pérdida de la estelaridad de su líder indiscutida, junto con el ascenso al olimpo del enemigo perfecto, ha calado hondo. Justamente ahí es que vemos la disputa por el futuro del peronismo, con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, bregando por tomar esa centralidad.
Uno por uno: qué diputados votaron a favor y en contra de la reforma laboral
Tras el cierre de la planta de FATE en San Fernando, con más de 80 años de historia, que dejó un saldo de 920 trabajadores despedidos, el gobernador bonaerense fue durísimo con el Gobierno nacional durante un acto en Navarro, donde calificó el cierre de la fábrica como “un día doloroso” y lanzó una frase que generó fuerte repercusión política al acusar a la gestión nacional de estar “enferma” y de celebrar el cierre de empresas y la pérdida de empleos.
Las palabras del gobernador se dieron en el marco de una actividad de gestión vinculada a políticas ambientales: la inauguración de una nueva celda sanitaria para erradicar un basural a cielo abierto en Navarro. Con un tono que sube algunos decibeles de lo que estamos acostumbrados en el Kicillof de estos días, dijo: “Tenemos un gobierno nacional enfermo, constituido de gente que es basura. Cada una de las familias que pierde trabajo y cada empresa que cierra es un dolor para nosotros, y estos chiflados festejan”.
También, en cierto sentido, en un día con esa importancia vemos a Kicillof, quien busca convertirse en el futuro de el peronismo, hablando en un basural con un par de personas detrás, subiéndole el tono. Tampoco parecería estar ahí el el juego. El discurso se radicaliza, pero hay algo que no convence. La arenga moral no parece conmover todavía a sectores mayoritarios de la población. No sintoniza, porque la sensación mayoritaria no es de indignación con el Gobierno. Y detrás de la radicalización en el discurso tampoco hay una propuesta alternativa clara, y mucho menos unificada.
Volviendo a diputados, otro episodio fue el desborde de Paula Penacca, que expresó su indignación contra la votación insultando a los diputados que votaron a favor del oficialismo. "¿Por qué no filmás a la drogadicta esta? Son todos drogadictos", le dijo a los legisladores libertarios. Esta y otras escenas, como Milei cantando, Cristina saludando y Kicillof casi solo, expresan un deterioro del ecosistema político. Este deterioro es el que aprovecha el Gobierno.
La Libertad Avanza contó con el respaldo del PRO, la UCR, el MID y un conjunto clave de bloques provinciales, cuyo aporte fue decisivo para alcanzar el quórum, y fueron duramente criticados por el sector peronista. El Gobierno busca convertir la iniciativa en ley antes del 1 de marzo, para que Milei llegue a la apertura de sesiones ordinarias con una segunda victoria legislativa relevante, luego de que se apruebe el Presupuesto.
El rol de los gobernadores fue central para garantizar el inicio de la sesión, incluso en casos donde diputados que dieron quórum luego votaron en contra del proyecto. Esa dinámica generó fuertes cruces dentro del recinto y duras críticas del kirchnerismo y la izquierda hacia los mandatarios provinciales peronistas, acusados de facilitar el avance de una norma que consideran regresiva.
Cuando se estrenó la serie protagonizada por Ricardo Darín, "El Eternauta", el kirchnerismo se apropió de una de las frases más emblemáticas de la obra: “Nadie se salva solo”. Fue llamativo que el libertarianismo también consideró inmediatamente la serie basada en la historieta de Oesterheld desde la vereda de enfrente de la batalla cultural. La catalogaron como una “serie woke”. El kirchnerismo podría decir que los gobernadores se olvidaron de que “nadie se salva solo”, y tiraron para su lado negociando el quórum a cambio de favores del oficialismo, como los fondos para obra pública. Podría decirse que ese mismo modus operandi fue el que instauró el kirchnerismo durante sus años de mayor poder político.
La CGT, en un sentido similar, optó por no movilizar y preserva acuerdos vinculados a las obras sociales. El PRO y los radicales relegan el discurso republicano porque su electorado, al menos por ahora, acompaña a Milei. El kirchnerismo prefiere seguir explotando un público cautivo antes que arriesgar una renovación que lo obligue a disputar mayorías. Ir a cantar el feliz cumpleaños a la jefa en lugar de verse obligados a confrontar, por miedo a perder su propia quinta. Cada actor cuida su parcela y administra su conveniencia inmediata.
A contramano de la épica colectiva que propone la obra de Oesterheld, domina la lógica del sálvese quien pueda. Nadie parece dispuesto a correr riesgos ni a pagar costos en el presente para construir una alternativa futura. Simplemente se acepta lo que se les impone. En esta disgregación del arco político no oficial, Milei hizo valer, por primera vez de manera efectiva, el peso legislativo que obtuvo en las elecciones de medio término ganando la votación por la reforma, en el Senado, y por la baja de la edad de imputabilidad.
Resulta interesante que esto ocurra con el Presidente lejos del campo de batalla, publicando en redes sociales y viajando al exterior para participar de un evento junto a Trump. Como si la división de tareas en los mecanismos del poder implicaran necesariamente alejar al nene caprichoso de las decisiones importantes, lo que importan son las alianzas políticas, dándole un juguete para que se entretenga: codearse con sus ídolos internacionales de la nueva derecha mundial. Recordemos que no fue el único presidente que disfrutó de las mieles de los protocolos internacionales, tanto Macri como Alberto Fernández buscaron refugio en sus viajes al extranjero.
Hace algunos meses, el carácter de Milei lo empujó a casi romper con todos sus aliados potenciales, llevando su modelo económico al límite. Un salto al abismo en el que, en el último segundo, se abrió el paracaídas: el salvataje económico del Tesoro de Estados Unidos, y luego el apoyo de Trump. Esto logró recuperar el electorado más duro antes de las elecciones, cuando un mes antes habían perdido en la provincia de Buenos Aires.
El propio mandatario estadounidense dijo durante su discurso en la Mesa de la Paz que "Milei estaba atrasado en las encuestas y terminó ganando de manera aplastante". Lo que él dice es que empezó a hacer endorsements a apoyar una alternativa frente a una elección. Y lo que dice Trump es que históricamente un presidente de Estados Unidos no hace endorsements fuera de su país, pero que él lo empezó a hacer. Entonces, se está llevando en cierta parte el rédito político de haber logrado la victoria de Milei. También menciona a otros candidatos internacionales. Ahora, esto que podría ser incómodo para ciertos políticos es totalmente aceptado por Milei y sus seguidores como una demostración más de que está sentado en la mesa chica de las decisiones globales.
El impulso político que ha ganado la administración Milei le ha permitido comenzar a aprobar proyectos en el Congreso, empezando por el Presupuesto, la primera ley de leyes aprobada en tres años, la reforma laboral y una iniciativa para bajar la edad de imputabilidad penal de 16 a 14 años. Esto ocurrió luego de la sorpresiva y sólida victoria en las elecciones de medio término del año pasado, tras el sacudón que significó para el gobierno el buen desempeño de Kicillof en las elecciones locales de la provincia de Buenos Aires.
Acelerar el tratamiento de la reforma laboral en el Congreso tuvo sus problemas, como no haber detectado ciertos “errores”, entre ellos el polémico artículo referido a las licencias médicas pagas, que finalmente fue eliminado. El episodio contuvo una interna con Sturzenegger que produzco un gran malestar en Casa Rosada. Entornos del Gobierno lo acusaron de haber complicado la aprobación de la reforma laboral al alardear con la incorporación del artículo sobre recortes de licencias por enfermedad y la habilitación del pago de salarios vía billeteras virtuales como Mercado Pago. Esos cambios forzaron negociaciones contrarreloj y terminaron siendo eliminados, pero dejaron expuestas tensiones internas con el Banco Central y con sectores aliados como el PRO.
Además, el ministro de Transformación del Estado enfrenta una investigación de la Oficina Anticorrupción por la contratación directa y millonaria de su esposa por parte de la Cancillería, que adjudicó de manera directa un contrato por más de $114 millones de pesos a la Asociación Argentina de Cultura Inglesa para capacitar durante 9 meses a 132 diplomáticos y empleados, lo que desató polémica porque la entidad es dirigida por María Josefina Rouillet, esposa de Sturzenegger.
"Si es una enfermedad que sobrevino y vos no tenés nada que ver, el empleador te tiene que pagar por un tiempo. Va a ser el 75% y no al 100%. Pero si lastimaste jugando al fútbol, y vos tomaste una acción activa, el empleador la verdad que no tiene nada que ver. Te discapacitaste para el trabajo por un tiempo, entonces ahí es el 50%. Esto apunta a terminar con las licencias eternas", argumentó. AGREGAR Finalmente, el artículo tuvo que ser eliminado.
La discusión sobre la reforma laboral es espinosa, porque aún quienes la consideren necesaria para aumentar la productividad deben admitir que perjudica, en lo inmediato, a una de las dos partes involucradas, que es el trabajador. Introduce cambios en la negociación colectiva, priorizando convenios por empresa o región sobre los sectoriales. Crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para cubrir indemnizaciones, financiado con aportes patronales que hoy sostienen al sistema previsional, y habilita el fraccionamiento de las vacaciones.
En materia de despidos, mantiene el esquema de un mes por año trabajado, pero excluye del cálculo conceptos como el aguinaldo y premios, fija nuevos topes, permite el pago en cuotas según el tamaño de la empresa y establece que la indemnización sea la única reparación por despido sin causa.
Además, la iniciativa incorpora el banco de horas para compensar jornadas y horas extra mediante acuerdos entre partes, regula la jornada reducida y crea la figura del trabajador independiente para repartidores de plataformas, diferenciando ese vínculo de una relación laboral. También restringe el derecho a huelga, estipulando sectores esenciales que deben permanecer con un porcentaje de funcionamiento, e impone autorización previa para asambleas en los lugar de trabajo.
Reforma laboral: advierten que la nueva ley puede disparar una ola de juicios
Está en disputa si esas protecciones laborales efectivamente son mejores o peores para el trabajador. Ahora, en lo inmediato sí podría decirse que representan los derechos adquiridos. Acá se genera una pregunta que es histórica: ¿cuál es la causa final de la situación de informalidad de la Argentina? ¿La causa es los costos laborales? ¿La causa es el deterioro económico del país? ¿La causa es las protecciones que generó el sindicalismo?
La realidad es que, más allá de eso, desde los sectores trabajadores se considera que todas esas cosas que recién nombramos van en contra de lo que son sus derechos adquiridos. Entonces, lo que está en juego acá es la negociación política. Acá se les impone una posición que quizás ellos no aprueban. Al respecto, Miguel Ángel Pichetto dijo: "Una reforma de carácter estructural porque deja atrás definitivamente el sistema de protección del trabajador y va a un sistema donde se va a beneficiar fuertemente el sector más fuerte de la relación laboral, que es el sector empresario. Revisando la ley y buscando esforzadamente para ver si había algún elemento o algún punto que favorecía al trabajador, puedo decirle, presidente, y después de haber leído todos los títulos, que no hay ninguno. No hay ninguno".
Pichetto, hoy una especie de iconoclasta de la política, pues justamente es lo más clásico de la política que podemos ver, está defendiendo una posición tradicionalmente peronista. Es un peronista histórico, y quizás más allá después de un debate más fino sobre cuáles son las mejores formas de generar empleo en la Argentina, definitivamente lo que se nota es un confrontamiento con los sectores históricos de los trabajadores.
Ahora, la esperanza del oficialismo es que permita aumentar la productividad y generar empleo, compensando las más de 20.000 PyMEs que cerraron desde que asumió Milei. Seguramente la reforma no representa una solución definitiva al problema histórico de la decrepitud económica argentina. Tampoco lo hará el crecimiento macroeconómico que excluya a una vasta mayoría de la población de cualquier mejora en sus condiciones de vida. Habrá que ver, con el paso del tiempo, si es un paso en la dirección correcta.
El Presidente podrá, a partir de este triunfo, seguir con su agenda de reformas estructurales, incluyendo iniciativas laborales, previsionales e impositivas, que sin duda generarán debates encendidos y mayor tensión social, aunque por ahora las movilizaciones opositoras luzcan muy pequeñas. La aprobación de una serie de proyectos recientes muestra un nuevo impulso hacia la negociación pragmática para alcanzar consensos políticos, uno de los principales déficits de los primeros 2 años de la gestión. Si esas negociaciones lograran sentar las bases para la construcción de mayorías políticas que respalden una agenda de grandes temas nacionales capaces de trascender la demanda política inmediata de polarizarlo todo, entonces podría abrirse una oportunidad en base a este nuevo equilibrio de la política argentina.
El punto central es que el Gobierno logró avanzar, pero lo hizo sin construir aún un consenso social amplio y duradero que le dé sostenibilidad a su proyecto político en el tiempo y a ciertas políticas de Estado que todavía no las terminamos de ver. La reforma laboral puede ordenar variables económicas o mejorar ciertos aspectos de la productividad, pero en el corto plazo recae fuertemente en algunos de sus costos sobre ciertos sectores trabajadores y eso, con un grupo grande de la sociedad, limita su legitimidad social.
Al igual que otras políticas, como la apertura de importaciones que derivó en el cierre de muchas empresas, afecta a ciertos grupos de la sociedad que no ven cuál es la parte que ellos ganan cediendo ciertos de sus beneficios. La polarización funciona como herramienta política y le ha permitido a Milei fraguar su núcleo duro, pero también clausura la posibilidad de acuerdos duraderos que trasciendan la coyuntura. Esto lo vimos también en el gobierno de Cristina y lo vimos también en el gobierno de Macri y, obviamente, en el gobierno de Alberto Fernández.
El oficialismo parece confiar en que los resultados económicos futuros compensen los costos presentes y, si lo lograra, sería así. Ahora, es una apuesta riesgosa en una Argentina que históricamente ha visto complicada su coyuntura económica en plazos bastante cortos de tiempo y, mientras tanto, la oposición no logra articular una alternativa que transforme el malestar en proyecto político y se queda en una radicalización del discurso o en aceptar tenuemente lo que le presentan del otro lado. Pero no hay propuestas.
Estamos atrapados en una nueva versión de la grieta, una polarización que forma parte de la estrategia política electoral de este Gobierno y de otros espacios políticos también, y da la sensación de que el ecosistema político está lejos de encontrar un terreno común para poner al país en marcha definitiva y sustentablemente, y que Milei, cuando llegue el momento indicado, volverá a hablar y, más allá de lo que diga, el cómo podría volver a amenazar con dinamitar los acuerdos conquistados. Mejor que siga imitando a Elvis o cantando canciones de La Renga mientras los grandes de la mesa política hacen la rosca.
Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira
TV/ff
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