Día 934: El fracaso de la batalla cultural
La salida de Manuel Adorni, el retroceso de la batalla cultural en las encuestas y el debate por la estrategia electoral rumbo a 2027 reflejan el momento más complejo del gobierno de Javier Milei desde su llegada al poder.
Una reciente encuesta nacional de Alaska y TresPuntoZero revela que casi todas las posturas políticas, sociales y culturales libertarias perdieron apoyo desde el inicio de la gestión.
La llamada "batalla cultural", uno de los principales ejes discursivos del presidente Javier Milei, no figura entre las prioridades de la sociedad.
El informe sugiere una conclusión interesante. ¿Y si Milei no fuera causa de los cambios en la sociedad, sino simplemente un “surfista” que aprovechó la ola de la nueva derecha global? Entonces, las consecuencias de su gestión serían que esos postulados que vino a defender retrocedieron en lugar de avanzar.
Confundir al surfista con la ola suele ser el primer paso para creer que uno controla el mar. Pero cuando cambia la marea, el surfista descubre que nunca fue dueño del océano.
La batalla cultural fue, desde antes de llegar al poder, el corazón del proyecto político de Javier Milei. Más que un programa económico o una estrategia electoral, funcionó como un relato ordenador que dividía la realidad entre quienes defendían “las ideas de la libertad” y quienes representaban al viejo sistema. Ese discurso le permitió crecer, consolidar una identidad propia y construir una fuerza política capaz de desafiar a los partidos instalados. Sin embargo, gobernar terminó siendo mucho más complejo que denunciar. Y aquello que parecía una ofensiva cultural destinada a transformar el sentido común terminó chocando contra los límites de la realidad.
Veamos un pequeño fragmento de Milei, donde explica que la batalla cultural es el ordenador de su proyecto.
Paradójicamente, quien más daño le hizo a la batalla cultural libertaria no fue la oposición, ni el periodismo, ni las universidades, ni los movimientos sociales señalados como adversarios. Fue la propia gestión. Cada escándalo, cada denuncia de corrupción, cada contradicción entre el discurso moralizador y las prácticas del poder fue desgastando el principal activo simbólico del oficialismo. La promesa de una política distinta comenzó a convivir con comportamientos demasiado parecidos a los que Milei decía venir a combatir, erosionando la credibilidad de un relato que necesitaba de la coherencia para sostenerse.
Recientemente, en este mismo programa, el analista de imagen digital Diego Corbalán señaló que el escándalo de Adorni generó una pérdida de iniciativa digital por parte de la militancia libertaria.
Hoy hasta suena hipócrita, por ejemplo, leer un tuit de Santiago Caputo en el que dice “Este Gobierno fue el que más hizo contra la corrupción”, como el que posteó tras la salida de Adorni en la red social X.
En 1890, Oscar Wilde publicó “El retrato de Dorian Gray”, una de las novelas más influyentes de la literatura moderna. La historia gira en torno a un joven de extraordinaria belleza que desea conservar para siempre su juventud. Su deseo se cumple de una manera inquietante: mientras él permanece intacto, es un retrato el que envejece y va acumulando las marcas de cada uno de sus actos, sus excesos y su degradación moral. Cuanto más impecable luce Dorian ante el mundo, más monstruosa se vuelve la imagen escondida detrás de una puerta cerrada.
Existe incluso una expresión psicológica inspirada en esa obra, conocida como el "síndrome de Dorian Gray", utilizada para describir la obsesión por preservar una imagen idealizada de uno mismo y negar el paso del tiempo, los errores o las propias contradicciones. Más allá de los debates clínicos sobre su alcance, la metáfora resulta poderosa porque muestra cómo el esfuerzo por proteger una apariencia termina desplazando el problema hacia otro lugar. La imagen pública permanece pulida durante un tiempo, pero la realidad sigue acumulando las consecuencias de aquello que se intenta ocultar.
Algo parecido puede ocurrir en política. Un liderazgo puede conservar durante un tiempo la estética del outsider, del moralizador o del revolucionario, incluso cuando la gestión empieza a exhibir prácticas que contradicen ese relato. El problema es que, como en la novela de Wilde, llega un momento en que el retrato ya no puede permanecer oculto. Los escándalos, las inconsistencias y el desgaste terminan volviendo visible aquello que el discurso pretendía mantener fuera de escena. Y cuando eso ocurre, el capital simbólico comienza a deteriorarse mucho más rápido que la imagen que durante tanto tiempo intentó proteger.
El Presidente probablemente hubiera querido que la salida de una figura relevante funcionara como un cortafuegos capaz de aislar los daños y permitir que el proyecto continuara su marcha. Pero el problema ya no parece concentrarse en una persona ni en un episodio puntual. Cuando un relato pierde autoridad moral, los relevos individuales dejan de resolver los conflictos de fondo. Y eso explica por qué, lejos de recuperar la iniciativa, los postulados que impulsaron el ascenso de Milei atraviesan hoy su momento de mayor debilidad desde que irrumpieron en la escena política argentina.
Según la encuesta de Alaska y TresPuntoZero, apenas el 3% de los consultados considera que el Gobierno debería concentrarse en ese frente, mientras que el 61,9% cree que el foco debe estar puesto en la economía y un 30% reclama atender ambas cuestiones por igual. Este 30% sigue siendo un núcleo duro que apoya al Gobierno, pero comienza a alertar que debe atender el problema económico.
Además, la familiaridad con el concepto también cayó: el porcentaje de personas que dice haber escuchado hablar de la "batalla cultural" pasó del 85,7% en febrero de 2025 al 71,7% en junio de 2026.
El relevamiento también muestra un respaldo mayoritario a valores e instituciones que suelen entrar en tensión con el discurso libertario. Casi ocho de cada diez encuestados prefieren un gobierno democrático que respete los derechos individuales antes que uno autoritario con buenos resultados económicos.
A su vez, crece el apoyo a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, al derecho a la protesta y a la legalización del aborto, mientras mejora la imagen del feminismo. En el plano económico, el 69,1% considera que el Estado debería tener un rol más activo, el 72,1% rechaza eliminar la obra pública, el 61% se opone a privatizar empresas públicas y el 63% defiende la gratuidad universitaria.
Es decir, Milei logró capitalizar antes de las elecciones de 2023 un clima cultural favorable a sus ideas, pero desde su llegada al poder no consiguió consolidar ni ampliar ese respaldo en la opinión pública.
Además, el equipo MIDE reflejó, en el mismo sentido, que una mayoría considera que el país no va en la dirección correcta.
Veamos ahora qué ocurre con la confianza en el Gobierno nacional.
Veamos este dato significativo: se percibe que la corrupción es mayor que en el Gobierno anterior.
Ahora veamos la evaluación sobre las formas del gobierno.
Y por último, las perspectivas electorales:
Management & Fit arroja más datos que coinciden con los sondeos que acabamos de ver. Su último informe muestra que la desaprobación del presidente Javier Milei alcanzó su nivel más alto desde el inicio de su gestión: el 58,2% de los consultados rechaza su gobierno, frente a un 37,3% que lo aprueba, mientras que la confianza en la administración también cayó, con un 60,5% expresando desconfianza.
En el plano electoral, el estudio señala que el 55,4% votaría por un cambio total de gobierno si las elecciones fueran hoy, contra un 41,4% que optaría por la continuidad, aunque solo el 14,6% mantendría el rumbo sin modificaciones. Pese al desgaste de la imagen oficial, dos de cada tres argentinos aseguran que volverían a emitir el mismo voto que en las elecciones de 2023, lo que refleja que el mapa político aún conserva una fuerte estabilidad.
Es decir, solo un tercio de los argentinos cambiaría su voto. Y estamos hablando del voto de la primera vuelta, donde Javier Milei obtuvo el 30% de los votos, no del balotaje, en el que alcanzó el 56%.
O sea, se podría asumir que quienes votaron al PRO mantendrían esa decisión. Esto refleja que el mapa político aún conserva cierta estabilidad: dos tercios del electorado sostendrían su voto.
A nivel personal, las dificultades económicas dominan las respuestas: llegar a fin de mes, los bajos ingresos y la inseguridad encabezan el listado, mientras que el 72,7% de las preocupaciones están vinculadas con la situación económica.
Además, el 71,2% sostiene que los casos de corrupción que involucran a funcionarios nacionales reducen su confianza en el Gobierno. En materia de imagen, Javier Milei registra un saldo negativo, con 30,7% de valoración positiva frente a 47,8% de negativa.
De cara al futuro, el escenario que más preocupa a los encuestados es una eventual reelección del Presidente, mencionada por el 44,3%, por encima de la posibilidad de un regreso de un gobierno peronista-kirchnerista, que inquieta al 38,6%.
Ayer entrevistamos en este mismo programa a Ernesto Sanz, quien explicó que la prioridad política de Javier Milei ya no pasa únicamente por la gestión cotidiana, sino por construir desde ahora las condiciones que garanticen su reelección en 2027. Esa necesidad explica la ofensiva del Gobierno para cerrar acuerdos con gobernadores, eliminar las PASO y consolidar una única candidatura oficialista.
Sanz argumentó que esa estrategia responde a un problema de credibilidad tanto dentro como fuera del país. A su juicio, inversores, actores económicos y la propia dirigencia política se preguntan si el modelo de Milei tendrá continuidad más allá de un mandato, por lo que el Gobierno pretende ofrecer esa certeza antes de que llegue la elección presidencial.
Escuchémoslo en sus propias palabras:
Para el analista político Lucas Romero, el reemplazo de Manuel Adorni por Diego Santilli simboliza una derrota del Milei "antisistema" y refleja el desgaste de un presidente que ya no puede sostener la idea de gobernar únicamente con dirigentes propios. A su juicio, la caída de la imagen presidencial y las dificultades para administrar la crisis obligaron al Gobierno a abandonar parte de su lógica original y apoyarse en figuras con experiencia política y territorial. En ese sentido, sostiene que Milei "ha tenido que acudir cada vez más al PRO" tanto para cubrir cargos estratégicos como para garantizar gobernabilidad, lo que evidencia que "necesita un acuerdo distinto con el PRO que el que imaginaba".
Romero considera que el deterioro de la competitividad electoral de Milei lo obliga a ampliar su sistema de alianzas de cara a la reelección de 2027.
La resolución del escándalo Adorni con su salida del Gobierno, sumada a la discusión sobre la suspensión de las PASO, terminó anticipando la discusión electoral para 2027.
Las encuestas muestran que el Gobierno atraviesa su momento más delicado desde que asumió y que varios de los pilares culturales que impulsaron su llegada al poder perdieron fuerza. Pero eso, por sí solo, no alcanza para definir un cambio de ciclo.
La pelota ahora queda del lado de la oposición. Deberá demostrar que es capaz de interpretar este nuevo escenario, construir una alternativa creíble y articular una propuesta que trascienda la mera acumulación de dirigentes. El desgaste del oficialismo abre una oportunidad política, pero también plantea una exigencia: evitar los personalismos, las internas permanentes y la incapacidad de ofrecer un horizonte claro que tantas veces frustraron las expectativas de cambio.
Porque existe un dato que atraviesa todas las mediciones y condiciona cualquier estrategia opositora: una parte muy importante de la sociedad sigue sin querer volver al kirchnerismo.
Ese rechazo continúa siendo uno de los principales activos políticos de Milei, incluso en un contexto de creciente desaprobación hacia su gestión. Si la oposición pretende convertir el desgaste del Gobierno en una mayoría electoral, deberá ofrecer algo distinto al pasado. De lo contrario, el fracaso de la batalla cultural libertaria podría no traducirse en una derrota política del Presidente, sino apenas en una nueva oportunidad desperdiciada por sus adversarios.
Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira
MV/ff
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