Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 937: Reelección y huir al futuro

La posibilidad de una reelección de Javier Milei dependerá de si logra consolidar la recuperación económica, profundizar la batalla cultural y enfrentar a una oposición que todavía no consigue articular una alternativa competitiva.

DÍA 937: REELECCIÓN Y HUIR AL FUTURO Foto: NET TV

Hay presidentes que marcan una época y otros que parecen ser llevados puestos por la historia. En general, salvo la excepción de Alfonsín, quien encarnó la recuperación democrática, los mandatarios precisan ser reelectos para que un período adquiera el prefijo de su apellido. Menemato, kirchnerismo. ¿Milei será ese tipo de presidente o se parecerá más a De la Rúa o Macri, líderes a los que la sociedad terminó pasando por encima?

Finalmente, volverse un gobierno histórico, un presidente que tuerce los destinos de la sociedad, requiere que, además de ganar la batalla cultural, en términos del actual gobierno, se alinee la expectativa de la mayoría de los argentinos con un modelo económico. Es decir, con la batalla cultural se define lo deseable y con el modelo se lo posibilita. Un gobierno de este estilo que no sea un mero accidente de la historia redefine una época: el "deme dos", las cuotas, el individualismo y la farandulización menemista, o el "Frávega y Derechos Humanos", como explicó Martín Rodríguez al ethos del consumo kirchnerista. ¿Qué vida nos propone el mileísmo? ¿Qué consumo nos vende para redefinir lo deseable? ¿Con qué utopía posible nos puede enamorar para ser reelecto?

Y podemos preguntarnos: ¿por qué estamos hablando de esto a pesar de que falta casi un año y medio para las elecciones? El gobierno parece haber cambiado de chip. El hecho de dejar de perder capital político sosteniendo a Adorni y cambiarlo por Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete evidencia un viraje que vemos en una muy buena tapa del Buenos Aires Times del pasado sábado 4 de julio.

Ahora a Milei le importa la opinión pública y elige a un rosquero de profesión para que intente convencer a los aliados de suspender las PASO y complicar a la oposición para que no reedite una suerte de Juntos por el Cambio peronista. La caída de Adorni y, más paradójicamente, su "fin", es el comienzo de la precampaña electoral.

Además, Santilli y Bullrich, que parece haber suspendido brevemente su rebelión, declararon que trabajarían para que "Milei sea reelecto", algo que en rigor pasaría dentro de más de un año, como si no hubiese problemas de gestión anteriores. Evidentemente, frente a los problemas que aún tiene el país, la respuesta oficial será: "Eso se resolverá en un segundo mandato, pero primero tenemos que lograr que Milei sea reelecto". Una jugada inteligente para esquivar los reclamos por la insatisfacción social dando vuelta el orden del producto. Lo más natural sería que primero se satisfagan las demandas para luego ser reelecto y no al revés, pero la política, como todos sabemos, es el arte de lo posible: el planisferio invertido, lo que pone el sur en el norte, el norte en el sur y las debilidades en fortalezas.

Que haya una mayoría social que confíe en una reelección de Milei para resolver sus dramas en el futuro, presupone una huída al futuro. Un acto de arrojo más que de fe. 

El psicoanálisis interpreta la huída hacia el futuro como una defensa contra la angustia del presente o un trauma no elaborado. Para autores como Sandor Ferenczi, esta actitud remite a una escisión del yo donde el sujeto, incapaz de integrar una vivencia dolorosa, se proyecta hacia adelante para evitar la repetición del pasado. En una línea similar, Jacques Lacan propone que esta anticipación es un intento de evitar el encuentro con lo Real, refugiándose en el "sentido" de lo que vendrá para evadir la falta que el presente impone. Wilfred Bion añadiría que esta huída representa una falla en la función de "continente" de la mente, donde el sujeto, al no poder metabolizar las emociones actuales, las desplaza hacia un futuro idealizado que opera como una falsa estabilidad. En definitiva, esta proyección compulsiva revela una dificultad para habitar la temporalidad subjetiva, donde el porvenir no es una construcción, sino un refugio ante la incapacidad de procesar la historia propia y las carencias que el "aquí y ahora" insiste en poner de manifiesto. 

Todos los presidentes soñaron con ser reelectos, pero solo dos de los siete desde el regreso de la democracia lo lograron: Carlos Menem y Cristina Kirchner. Ahora, cómo era la Argentina en los períodos previos a las reelecciones del kirchnerismo y el menemismo. 

En 1994, cuando Menem impulsó la reforma constitucional que le permitiría ser reelecto, la Argentina vivía un momento de euforia económica que hoy resulta casi irreal. La convertibilidad había domado la inflación, los shoppings eran el nuevo templo de una clase media que volvía a sentirse parte del mundo, y el dólar a un peso era una certeza que parecía inamovible. El desempleo ya trepaba al 12%, una cifra que entonces sonaba escandalosa y que pocos años después se vería como un piso. Pero la sensación dominante era de estabilidad y de acceso: cuotas, tarjetas, el "deme dos" en Miami. Menem ganó la reelección en primera vuelta con el 50% de los votos porque había logrado que la mayoría de los argentinos sintiera que su vida cotidiana era mejor que antes, aunque los indicadores sociales ya mostraban grietas profundas. La batalla cultural menemista era el individualismo exitista, la farandulización de la política y la idea de que Argentina había llegado al primer mundo. La economía sostenía el relato, aunque sobre bases frágiles.

Vamos a ver un spot de esa época para tratar de situarnos en aquella época. 

Imaginemos ahora un spot de Milei y cada uno de los argumentos que los amigos darían para tratar de convencer al indeciso. En la hipotética versión mileísta de este spot, los amigos deberían recurrir rápidamente al “riesgo kuka”, es decir, no alcanzarían los logros propios para justificar un voto por la reelección. Inclusive hasta el slogan de aquella fórmula Menem-Ruckauf era ilustrativo: “Garantía de futuro”. ¿Realmente hoy el gobierno puede decir que es una “garantía de futuro”? Para nada, aunque en defensa del Gobierno, nadie puede presentarse como una garantía de futuro. Tímidamente Kicillof llamó a su movimiento “derecho al futuro”. Muy evidentemente los tiempos cambiaron. 

En 2010, cuando el kirchnerismo empezaba a diseñar su segunda reelección, el escenario era diferente pero igualmente favorable para el oficialismo. Argentina crecía a tasas chinas traccionada por el precio de la soja, el consumo interno explotaba, la AUH había incorporado al sistema a millones de familias que nunca habían tenido acceso a una transferencia estatal directa, y los derechos humanos funcionaban como cemento ideológico de una coalición heterogénea. El conflicto con el campo de 2008 había sido traumático pero el kirchnerismo lo había procesado y salido fortalecido. Cristina ganó en primera vuelta en 2011 con el 54% de los votos, el resultado más contundente desde la recuperación democrática. La batalla cultural kirchnerista combinaba consumo, derechos e inclusión en un relato que tenía coherencia interna: el Estado presente como garante de una vida mejor

Ahora veamos un spot de Cristina Kirchner, previo a su reelección. 

“La fuerza de un país”, era el slogan kirchnerista y reflejaba que Cristina había podido superar la crisis del campo y podía escenificar una mayoría social oficialista contundente. “La fuerza de un país”, habla de una mayoría que es propia. Milei no puede hablar de la fuerza de un país porque hay un 60% de los argentinos que está en la oposición. 

La pregunta sobre si Milei será reelecto remite inevitablemente a una comparación histórica: ¿su situación económica actual se parece más al 94 de Menem y al 2010 de Kirchner, que son los antecedentes de reelecciones exitosas, o al 2018 de Macri y al 2022 de Alberto, que son los dos últimos antecedentes de gobiernos que no sobrevivieron electoralmente?

La respuesta honesta es que se parece más al 2018 de Macri que a los otros dos, pero con una diferencia importante que no hay que subestimar. El patrón básico es el mismo: un gobierno que llegó prometiendo un cambio de paradigma, aplicó un ajuste presentado como inevitable y transitorio, logró bajar la inflación parcialmente pero no recuperó el salario real, y enfrenta el ciclo electoral con el consumo todavía deprimido. En 2017 Macri ganó las legislativas cómodamente porque la economía todavía no había detonado. En 2018 detonó. Milei está exactamente en ese momento bisagra.

La diferencia que lo acerca a Menem es el dato que más pesa en la percepción cotidiana de los argentinos: la inflación baja. En  1994 el gobierno había resuelto el problema inflacionario antes de ir a la reelección.

Pero hay una condición que Menem en el 94 y Cristina en el 2011 cumplieron y que Milei todavía no cumple: la recuperación real del salario y del consumo. En ambos casos los argentinos podían comprar más que antes. Hoy la mayoría siente que puede comprar menos que antes de Milei, aunque más que en el peor momento de su gestión. Esa brecha entre la estabilización y la recuperación es el territorio donde se va a decidir la elección. Si el salario real termina de recuperarse y el consumo repunta de manera perceptible antes de octubre de 2027, Milei tiene chances reales. Si la economía se estanca o hay un nuevo shock externo, el escenario se parece más al Macri del 2019 que al Menem del 95. 

La clave es cómo ese ingreso de divisas vía Vaca Muerta y la minería, hoy de 27 mil millones de dólares, sumados a los 37 mil del agro, derraman al resto de la actividad productiva que decrece y hace que cientos de miles de trabajadores tengan que salir a repartir para una plataforma. Para esto, hay un problema de concepción, Milei está en contra de construir esta canaleta para que el agua de los prósperos le llegue a la sequía de los perdedores del modelo. 

No hay subsidios kirchneristas, ni indemnizaciones en masa para los despedidos de las empresas privatizadas con los que se pusieron remiserías y canchas de pádel. Hay apps de reparto y Uber, ese es el colchón de la era Milei. ¿Alcanza? En el fondo, tendrá que ver con la batalla cultural y la oposición. 

Vamos a escuchar dos testimonios de dos jóvenes que votaron a Milei y reconocen que están peor, pero igual lo volverían a votar. Ambos son de dos semanas atrás. 

Acá hay un elemento interesante. “Con todos los gobiernos estuve mal, cuando estuve bien es porque trabajé”. Hay un descalce totalmente de la política económica general de un Gobierno con la suerte individual, un retroceso de la noción del Estado presente peronista. Entonces, si estoy solo en el mundo y soy el arquitecto de mi propio destino, voy a votar con el que estoy de acuerdo, no con el que me conviene, porque no me conviene ninguno. Esto es un avance de lo que Pablo Semán llama "el monotributista social", ese proceso de individuación que es causa de Milei más que consecuencia. 

Escuchemos otro testimonio para ver la otra cara de la batalla cultural. 

“El kirchnerismo trajo toda la gente que no quiere trabajar”, plantea la joven y eso, en su mundo de ideas es lo peor que le puede pasar al país. Es decir, si hay algo peor que una vida difícil en la que no se puede independizar a pesar de tener un buen trabajo, es una vida regalada para un sector. Entre el capitalismo cruel e injusto y el capitalismo subsidiado e injusto, hay un amplio sector del país que prefiere el primero, por batalla cultural, porque está más cercano a sus ideas. Y si no, se va del país. 

Además, estos dos jóvenes que tienen menos de treinta años, hace 14 años, en el 2012 eran adolescentes. Desde ese año, la economía argentina no crece, es decir, no genera empleo privado genuino. Se podría decir que desde ese año estamos cada vez peor, más allá de las políticas anticíclicas del kirchnerismo, que tuvieron en la devaluación del 2014 un duro ajuste a los ingresos. Si lo único que se hace desde más de diez años es estar cada vez peor, es natural que se pierda toda comparación posible y la suerte individual se descalce del curso político general del país, así sea por tener esperanzas. Si hay un sector importante del país que entiende que no puede esperar nada bueno de la política, tiene que poder creer que todo depende de su esfuerzo individual para poder seguir adelante. 

Ahora pasemos a analizar la oposición y a compararla a aquellas oposiciones que no pudieron evitar la reelección menemista y del kirchnerismo. 

La oposición que enfrenta Milei hoy es estructuralmente débil como la que enfrentaron Menem en 1994 y Cristina en 2011, y esa debilidad es probablemente el activo político más importante que tiene el gobierno para la reelección.

En 1994, Menem tenía enfrente un radicalismo golpeado y un FREPASO que empezaba a crecer con figuras como Chacho Álvarez y Graciela Fernández Meijide que encarnaban una alternativa moral y política creíble pero recién germinó 4 años después en 1999. 

En 2011 existían un PRO que recién empezaba, a un radicalismo en proceso de reconstrucción y a una oposición que no había logrado construir una alternativa consistente al relato kirchnerista. Hermes Binner fue el mejor resultado opositor con apenas el 16%. La fragmentación opositora fue uno de los factores que explicó el 54% de Cristina, además de la economía favorable.

Sin embargo, a diferencia de ahora, había varias figuras opositoras con peso propio. Macri gobernaba la Capital, De Narváez había derrotado a Néstor Kirchner en el 2009 y Binner, que gobernaba exitosamente Santa Fe con un modelo que incluía justicia social y transparencia institucional. Nuevamente, como en 1995 con Menem y luego la Alianza, se precisó otros 4 años para que surgiera Cambiemos.

Hoy el peronismo atraviesa una prolongada crisis de liderazgo que no da señales de tener una pronta resolución, y al mantener la misma visión económica que el kirchnerismo limita su capacidad de sumar votantes independientes. La interna entre Kicillof y Cristina no está resuelta, y en el gobierno reconocen abiertamente que les conviene Kicillof como candidato opositor porque es el escenario que más fragmenta al peronismo.

El PRO enfrenta la amenaza de mantenerse  como fuerza independiente: Bullrich y Santilli ya declararon que trabajarán para la reelección de Milei. Macri abre puertas a 2027 pero sin estructura real. Y el resto del espacio opositor, desde Grabois hasta figuras como Esteban Bullrich o el pastor Dante Gebel, no tiene peso electoral significativo y son figuras testimoniales.

También queda la posibilidad del surgimiento de un outsider que le dispute parte del mismo campo político a Milei que sería el ex presidente de River, el empresario Jorge Brito. 

Si bien hay una mayoría opositora, aún no se sintetiza en un candidato, sino que es difusa. En 1994 y en 2011 la oposición perdió porque el oficialismo era muy fuerte y la oposición muy débil. Ahora también la oposición es muy débil, ¿le alcanzará a Milei solo con eso?

Ahora, bien como dijimos en la columna de la semana pasada, que hablaba de las PASO como batalla decisiva: “Si no hay nadie que sea capaz de ganarla a Milei, tal vez puedan ganarle todos juntos”. Podría ser una reedición de un Cambiemos peronista, en el que participen el kicillofismo, el peronismo federal y otras fuerzas opositoras que anteriormente formaron parte de Cambiemos e inclusive un sector de la izquierda si se decidiera a ser parte. Esta posibilidad es la que preocupa al gobierno, por eso envió a Santilli a negociar con los aliados del Gobierno para lograr suspender las PASO. Todo parece indicar que por ahora, tienen los números complicados. En unas muy buenas notas de Gustavo Ybarra y de Denise Choms de La Nación de hoy cuentan que tanto la UCR como el PRO no están de acuerdo en suspender una herramienta que los puede ayudar el año que viene sin tener claridad política de cómo quedarán los escenarios en el año electoral. 

Escuchemos ahora lo que dijo el gobernador Axel Kicillof sobre las PASO y un eventual frente opositor. 

Entonces, los elementos para contestar la pregunta del inicio se resumen en si Milei logra convencer a la sociedad de que sus dramas deben enfrentarlos en soledad y que el Estado no debe proveerle garantías, si logra mejorar en algo la capacidad adquisitiva y si la oposición no logra articular en un frente esa mayoría social difusa. Sumar todas esas debilidades y transformarlas en una fortaleza. 

La Libertad Resiste: según otra encuesta, pese a los problemas Milei mantiene buenas chances de reelección

En resumidas cuentas, Milei no tiene la mejora económica de una mayoría social para asegurar su reelección y por eso, tiene que convencernos de que lo que un Gobierno debe hacer ya está hecho y que a partir de ahora, la suerte individual corre por cada uno o que la bonanza ya vendrá en un segundo mandato. En resumidas cuentas deberá mentir para ganar, convencernos de que el futuro será mejor por propia iniciativa o por políticas que traerán bonanza que hasta ahora no resultaron.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

 

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