Día 972: Massa y la revancha del insider
Tras el desgaste de Milei como outsider y las primeras encuestas que anticipan un escenario de revancha, Sergio Massa reaparece operando desde las sombras. Sin dogmas pero con pleno dominio de la botonera del poder, el exministro mueve sus fichas en la interna peronista para intentar contener a su propia criatura.
Durante la campaña del 2023, se discutió en el balotaje sobre qué era preferible si un loco o un mentiroso, es decir, alguien que cambia lo que piensa según le convenga para llegar al poder o alguien que no cambia nunca lo que piensa, así la realidad le diga lo opuesto y pueda perder el poder. En 2023 se votó al loco, a lo genuino, hoy hay dudas sobre si se hizo lo correcto, de hecho comenzaron a circular sondeos que volvieron a medir un hipotético enfrentamiento entre Massa y Milei.
Una encuesta de Alaska y Tres Punto Zero planteó que si hoy se repitiera el balotaje presidencial de 2023, Massa sacaría el 53,7% de los votos frente al 46,3% del presidente, una diferencia superior a siete puntos.
Milei, como todo outsider, perdió su aura disruptiva cuando entró al poder. Se volvió un político más, no puede decir que está en contra de la política. Miente como los otros, exagera como los otros y promete, como los otros, cosas que luego no cumple. Como outsider era interesante, como político profesional, como insider deja mucho que desear. En ese momento, Massa huele que es el mejor momento para su reaparición y lo hace con todos los gestos y los vicios de la política tradicional, del mejor insider de todos.
De hecho, como si pudiese alinear todos los planetas, Massa hace coincidir su jugada en la política con la aparición de la serie de Moria, quien es ahora la pareja de Fernando "Pato" Galmarini, un histórico del peronismo, suegro de Massa y padre de su pareja, Malena Galmarini. Un ataque concéntrico de marketing. A continuación un fragmento del tráiler de la serie de la vida de Moria en Netflix.
Hace meses que el equipo de Massa deslizaba que el exministro de Economía del Frente de Todos saldría a escena luego del Mundial. Ahora, efectivamente hubo una jugada política ante los gobernadores que terminó sellando la derrota libertaria en la Ley de Tierras y un conjunto de actores se lo atribuyeron a Massa, quien manda a decir a su equipo que no se está lanzando, simplemente está colaborando con la patria.
Nos hace a todos mirarlo, efectivamente hace algo importante como ayudar a que se den vuelta los gobernadores y luego nos dice que no lo hizo para que lo miren, sino por altruismo. Massa siendo Massa. Convirtió una salida personal que nadie estaba esperando en una suerte de operativo clamor, en el que todos estaban pidiendo por verlo.
Algo interesante es que Massa aparece por arriba de la interna del PJ y la utiliza a su favor. Logró que el propio kirchnerismo sea parte del operativo clamor y le reconozca su autoría en el triunfo contra la Ley de Tierras. Veamos el tuit de Juliana Di Tullio, una de las espadas legislativas de Cristina Kirchner en el Senado.
El posteo en X que hace Di Tullio resalta las letras STM que son las iniciales de Sergio Tomás Massa. A esto se suma el posteo de Gregorio Dalbón, exabogado de Cristina Kirchner. "Axel en la calle. Cristina injustamente detenida en su casa. Y Sergio Massa con un celular. Ayer hubo política. Y hubo conducción. Massa fue clave para frenar la modificación de la Ley de Manejo del Fuego".
El kirchnerismo jugó a favor de Massa y parece que se hace patente lo que Horacio Verbitsky dijo en este programa hace meses.
Esta entrevista que le hicimos a Verbitsky fue hace tres meses y ahora guarda plena vigencia. Como siempre, tiene información de primera mano. ¿Cómo puede ser que Massa con una mirada más de centroderecha le caiga mejor a Cristina que su hijo político? Bueno, Massa, en su carácter de político profesional, de mentiroso, puede decir una cosa y lo contrario. Abrazar a Cristina no lo hace kirchnerista y tiene una identidad propia que no se diluye tan fácilmente en Cristina, mientras que Kicillof, nacido de su riñón, debe sobreactuar mucho más distancia para que se le crea que podrá ejercer el poder.
Para que se le crea que no va a ser albertizado. Massa tiene esa identidad ganada, no se cree que Massa no va a poder gobernar porque será dominado por Cristina, se entiende que Massa no es Alberto Fernández. ¿Por qué? Por lo que decíamos, Massa hace lo que sea por tener el poder, inclusive pelearse con Cristina. Recordemos esta declaración del 2015.
Ahora, para tratar de entender este personaje tan interesante y complejo que es Sergio Massa, vamos a ver cómo sale de una situación muy difícil. El colega y gran periodista Ceferino Reato le pregunta por qué no corrió a los ñoquis de la Cámpora, se lo pregunta a Sergio Massa candidato de 2023. Vean cómo sale la inteligencia del insider, del político profesional.
Realmente es una respuesta profunda, rápida e inteligente. Absorbe la crítica y la muestra como una crítica al conjunto de la política y se compromete a cambiarlo, a mejorarlo en beneficio de la democracia. Imaginen si los periodistas le hicieran esa misma pregunta a Milei. Imaginen a Milei dejándose entrevistar por un colega como Ceferino Reato, que lo cuestiona y lo pone ante sus contradicciones, cómo insultaría, gritaría y diría reiteradamente “o sea, digamos”. Volvamos a un momento particular del duelo entre Sergio Massa y Milei antes del balotaje en 2023, que es clave para entender la política actual.
Prácticamente toda la prensa, los analistas políticos, la clase media y la gente politizada entendieron que este debate lo ganó Massa. La gente a la que no le interesa la política vio otra cosa, las mayorías silenciosas vieron otra cosa. Vieron ese debate entre el loco, el genuino, el roto y el exitoso, el mentiroso, el político profesional. Y estando rotos, cansados de que la política profesional les hiciera bullying, eligieron al bulineado, al genuino. Ahora quien les hace bullying, quien es sádico con su motosierra, es Milei. Entre un loco y un mentiroso, se eligió al loco y también mintió, pero a diferencia del político, no sabe usar la botonera, comete errores de manera permanente.
En relación al paso de Massa por el Ministerio de Economía, sucede algo similar al balance del debate. Quienes analizan la política desde adentro, los círculos politizados entendieron que Massa fue clave en que el Gobierno llegase medianamente competitivo a las elecciones presidenciales y Massa estuvo a punto de ganar en primera vuelta, recordemos que quedó a solo tres puntos.
Probablemente si muchos de los gobernadores peronistas no hubiesen desdoblado, él hubiese sido el actual presidente. Por otro lado, la sociedad a la que no le interesa la política le achaca la inflación desbocada de los últimos meses. Veamos una anécdota que Roberto Navarro cuenta de aquel Massa ministro de Economía y de la astucia que tenía para resolver problemas que amenazaban con hacerlo volar del cargo de manera permanente.
Según cuenta Navarro, un malentendido de Alberto Fernández y Xi Jinping hubiese generado un descalabro económico total y a Massa volando por los aires del Ministerio de Economía, pero terminó salvándose por la audacia del entonces ministro. Eso es saber cómo se utiliza la botonera del poder.
Ahora, la relación entre Massa y Milei es muy compleja y se asemeja al clásico de la literatura Frankenstein.
Frankenstein o el moderno Prometeo es una novela de Mary Shelley, publicada en 1818. Víctor Frankenstein, un joven científico ginebrino obsesionado con los secretos de la vida, logra animar tejido muerto y crea una criatura de proporciones descomunales. Horrorizado por su propia obra, la abandona apenas cobra vida, y esa huida marca el origen de la tragedia: la criatura, dotada de sensibilidad y razón pero rechazada por su aspecto monstruoso, se ve condenada a la soledad y al desprecio de todo aquel que la ve.
Autodidacta, aprende a hablar y a leer observando en secreto a una familia campesina, y a través de esa educación descubre su propia condición de paria. Cuando intenta acercarse a los hombres, solo recibe violencia. Ese rechazo la transforma: pide a Frankenstein que le cree una compañera, y ante su negativa, comienza una venganza sistemática que le arrebata a su creador todo lo que ama, incluida su familia. El científico jura venganza y se pone a perseguir a su creación.
Daniel Rosso: “Javier Milei es la desaparición de todos los límites”
Efectivamente Milei es en parte un Frankestein, una creación de Sergio Massa. Massa lo ayudó a armar las listas a Milei, inclusive con gente del propio Frente Renovador, para que dividiera los votos de la derecha y debilitara a Juntos por el Cambio. Al igual que la genial obra literaria que se volvió un ícono de la cultura pop, la creación se salió de control y ahora causa estragos en la sociedad.
Le toca a su creador volver a controlarla, pero a diferencia del Frankenstein original no debe vengarse, debe neutralizar a la criatura, el científico en la historia termina consumido por su venganza y muriendo sobre el final de la obra. ¿Impulsará Massa un Frankenstein del Frankenstein, es decir una lista por derecha que debilite a Milei, como puede ser Victoria Villarruel? Del insider podemos esperar eso y mucho más.
Según el Turco Asís, Massa tiene una última bala en la recámara. Comparte con algunos políticos una historia de derrotas, cargos y años en la disputa política. Hasta ahora cuenta dos derrotas presidenciales: en 2015 quedó tercero con 21,39%, detrás de Scioli y Macri; en 2023 ganó la primera vuelta con 36,78%, pero perdió el balotaje frente a Javier Milei, 44,35% contra 55,65%. Además, en 2017 sufrió otra derrota relevante al competir para senador nacional por Buenos Aires.
Es interesante compararlo con Lula. Lula perdió tres presidenciales consecutivas —1989, 1994 y 1998— antes de ganar la cuarta en 2002. Pero lo verdaderamente interesante no es la cantidad de derrotas sino qué ocurrió con Lula entre derrota y derrota. Massa podría recorrer un camino parecido, pero tiene un problema adicional.
Lula convirtió progresivamente sus derrotas en acumulación de identidad política. Cada elección reforzaba una idea bastante clara: Lula era Lula, el PT era el PT y él representaba una alternativa reconocible al establishment brasileño. Massa ha hecho casi lo contrario. Su extraordinaria capacidad de adaptación le permitió sobrevivir, pero también debilitó su identidad.
Fue funcionario del kirchnerismo; luego se convirtió en uno de sus principales adversarios y derrotó al oficialismo bonaerense en 2013; en 2015 intentó construir una tercera vía; posteriormente volvió a aliarse con el kirchnerismo; en 2019 integró el Frente de Todos; y finalmente en 2023 terminó siendo el candidato presidencial del oficialismo. Ahí aparece una diferencia fundamental: Lula acumulaba derrotas pero también acumulaba identidad. Massa acumuló supervivencia, pero consumiendo identidad. Y, paradójicamente, eso hace que 2023 pueda haber sido simultáneamente su peor derrota y su mayor demostración de capacidad electoral.
Ahora bien, tal vez esa identidad de insider, de político que sabe lo que hay que decir y lo que hay que hacer ofrezca alguna alternativa, algo de predictibilidad. Si ya se probó con el outsider, ahora con el insider, pero el más insider de todos. Es el que hizo de ser insider, el profesional del poder, una identidad.
Seguiremos de cerca al Insider, alguien que es clave en el desenlace de la Argentina de Milei de cara al 2027.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
MEG/fl
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