Diego Giacomini cuestionó el respaldo empresario a Milei: “El aplauso de ellos es hipócrita, lo alaban pero no invierten”
El economista advirtió que la admiración no se refleja en proyectos concretos ni en financiamiento productivo. A la par, señaló que esta postura simbólica evidencia una desconexión entre elogios públicos y compromiso real con la economía.
El economista Diego Giacomini cuestionó el respaldo empresario a Javier Milei en 2026: “El aplauso de ellos es hipócrita, lo alaban pero no invierten”. A pesar de que sectores como la UIA, CAC, IDEA y AEA destacan la baja de inflación, el equilibrio fiscal y el fin del cepo cambiario, proyectando mejoras económicas y respaldando el presupuesto 2026, advirtió en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) que el entusiasmo no se traduce en inversiones reales, y que la confianza inversora y las expectativas de crecimiento siguen desconectadas de la situación.
El economista, docente y escritor argentino, Diego Giacomini, conocido por haber sido socio intelectual y coautor de Javier Milei en varios libros durante la etapa previa a la carrera política del actual presidente. Se desempeña como licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y antes lo hizo como profesor universitario, además de analista económico en medios. Junto a Milei escribió libros como El retorno al sendero de la decadencia argentina, La fatal arrogancia y Desenmascarando la mentira keynesiana, textos de impronta liberal y crítica al intervencionismo estatal.
¿Llegaste a escuchar la conversación que recién teníamos respecto del bastante probable escenario de derrota de Trump en Estados Unidos y cómo podría afectar la relación de Estados Unidos con Milei, independientemente de la relación personal? Y, ¿qué consecuencias financieras podría tener para quienes siguen apostando o creyendo en el futuro de Milei por el apoyo que recibe de Estados Unidos?
Trump acaba de perder después de años las elecciones en Texas, que es un estado estrictamente republicano. O sea, que perderlo en Texas es más o menos como que el peronismo pierda La Matanza, para hacer un paralelo tal vez imperfecto, pero bastante verídico. Esto perdió, y antes había obtenido el 53% de los votos. Entonces, es una pérdida que demuestra que el campo político no la tiene nada fácil. Ahora bien, no hay ningún país del mundo tan alineado con Estados Unidos y con el presidente personalmente, Trump, como Javier Milei y la política macroeconómica de la Argentina. De hecho, el swap con Estados Unidos representa la potencial oferta transitoria de dólares que está subsidiando el tipo de cambio, actualmente artificialmente sobreapreciado justamente por este respaldo.
Además, fue el que permitió, con la intervención de Scott Bessent, mantener la cotización a raya previo a las elecciones. Concretamente, si a Trump le va mal, muy probablemente Argentina será el país que más sienta esa derrota electoral, tanto en términos políticos como económicos, dentro del contexto internacional.
En un mensaje decías que, comparando a nivel nacional, CABA, Gran Buenos Aires y el resto del país sin CABA, en todos los casos las ventas de lácteos, almacén, panadería y bebidas caen entre 20 y 45%. Un gráfico general sobre las ventas minoristas de alimentos y bebidas desestacionalizadas mostraba un 59% de lo que era en noviembre de 2023, o sea, un 40% menos. Nadie puede argumentar que ahora consumen más bienes durables y que, por eso, la gente modifica sus hábitos de consumo cuando todos los alimentos en su conjunto bajan, ya que la cantidad de productos básicos que la población necesita es supuestamente inelástica. ¿Qué indica algo tan fuerte como que el consumo más elemental de alimentos haya descendido entre 25 y 45% en solo dos años?
En el tuit hay dos mediciones diferentes. La primera es del INDEC, que incluye las ventas por internet, que claramente a lo largo y ancho del país son muy bajas para productos de almacén, lácteos, bebidas, comida y carne. Es una práctica muy propia de CABA, del corredor norte de la ciudad, pero prácticamente inexistente en el interior.
Pongo un ejemplo: hasta las ventas de la empresa de Galperín son una práctica muy arraigada en CABA. Si uno vive en Miramar y quiere comprar un ventilador a través de su negocio, le tarda en llegar una semana; si sale caminando cuatro cuadras, lo adquiere en Miramar, el mismo ventilador, sin hacer cola, en 10 minutos.
Lo que quiero decir es que el gobierno miente y sobreestima estos canales de venta, que en realidad tienen una importancia mucho menor a la que el gobierno quiere darles. Dicho esto, las ventas que menciono del INDEC, en supermercados a lo largo y ancho del país, considerando también las ventas por internet, caen entre 20 y 45%.
¿Por qué sucede esto?
Porque el gobierno se equivocó en el diseño de su política macroeconómica. Aumenta exponencialmente, por encima de la inflación, determinadas tarifas, lo que genera un conjunto de servicios esenciales o de primera línea que suben más que la inflación, en un contexto donde los salarios pierden frente a la misma. Entonces, la gente observa que sus alquileres, la luz, el gas, las expensas, las prepagas y los colegios privados aumentan igual o más que la inflación. Con su sueldo perdiendo poder adquisitivo, debe afrontar todos estos gastos y, posteriormente, le queda un ingreso disponible muy pequeño para otros bienes, incluidos los alimentos y servicios.
Con lo cual, cae el consumo de estos productos, que, si los mirás, disminuye tanto en la medición del INDEC como en la de CAME y en la de CENTI, bastante parejo a lo largo y ancho del país: en los 24 municipios del Conurbano, en el interior y a nivel nacional. Es una realidad que no se puede esconder. Y cómo lo trata el gobierno: torpemente afirma que los argentinos compran todo por internet, compran todo por Galerín o adquieren bienes durables en lugar de alimentos. Esto resulta muy cómico porque, cuando analizás un bien durable por excelencia, como la construcción, le va muy mal, y la industria también, que produce bienes más durables que los alimentos. El gobierno miente. Punto.
De hecho, miente porque, si subestimamos la inflación según el INDEC, la contracara es sobreestimar el crecimiento, sobreestimar los salarios en términos reales y sobreestimar la pobreza y la indigencia. Al mismo tiempo, sobreestima el producto bruto y subestima el ratio deuda/Producto Bruto, que mejora si se aplican estas modificaciones.
¿Qué reflexión te genera la paradoja del choque entre esos datos duros de la realidad y las percepciones que una parte de la sociedad tiene cuando lo vota? Una parte del empresariado, una parte mayoritaria del empresariado argentino, no se queja, es dócil, incluso amable. ¿Qué reflexión te genera el contraste entre datos tan contundentes y una valoración tan distinta de sectores que, en otro momento, pondrían el grito en el cielo?
Me gustaría separar este análisis: por un lado, el promedio de la gente, y por otro, los empresarios. El promedio de la gente tiene pensamiento mágico. ¿Qué quiere decir esto? Que quiere que un político institucional, por arte de magia, le solucione todos los problemas. La gente desea que le brinden esperanzas que luego se materialicen en soluciones cuasi mágicas. La esperanza infundada termina siendo un pensamiento mágico: se unen las dos cosas.
Del otro lado, Milei o el poder ejecutivo nacional se autopercibe y se autopresenta como una bisagra en el tiempo, como si a partir de ahora hubiera un mojón, un borrón y cuenta nueva. Dejamos de ser un país en 70 años de decadencia y pasamos a ser un país que en 30 años será potencia mundial. Tenemos un dirigente con pensamiento mágico que machea con el pensamiento mágico del público general, y el público general entonces lo vota. ¿Por qué digo pensamiento mágico?
Porque te asegura que todos los años vamos a crecer al 5%, que el PIB per cápita crecerá exponencialmente y viviremos un fenómeno parecido al de Irlanda o Singapur, los ejemplos que le vienen a mano. La realidad está alejada de este pensamiento mágico: la tasa de crecimiento del PIB potencial de Argentina ronda el 1%. Esto significa que, una vez pasado el rebote del gato muerto, llegamos al techo de nivel de actividad actual, similar al de 2022, 2017 y 2015. No hay arrastre estadístico, no hay rebote. Hay que crecer en serio, sustentablemente.
Un estudio del Ministerio de Economía de 2018-2019 calculó la tasa de crecimiento del PIB potencial de Argentina: rondaba 16-17% anual. Es decir, Argentina podía crecer sustentablemente solo 16-17%, sin generar inflación y manteniendo el crecimiento. Si se fuerza la máquina, con emisión, reservas, aumento del gasto o tipo de cambio sobreapreciado, cualquier crecimiento superior a eso se paga con caída del nivel de actividad. Este crecimiento dependía del stock de capital instalado, de la productividad del capital y del trabajo.
Los datos de CEPAL muestran que Argentina es el único país en los últimos 14 años donde la productividad del trabajo cae. Según PISA, Argentina pierde posiciones sostenidamente desde hace 25 años. Es el país que menos invierte de la región y del mundo. Milei, de los últimos siete presidentes, es el que menos inversión tiene desde Néstor Kirchner: apenas 13% del PIB. Si la productividad laboral baja y el stock de capital se destruye, la productividad de capital cae. Así, la tasa de crecimiento del PIB potencial, que el Ministerio de Economía estimaba en 16-17%, hoy ronda al 1%. Argentina no puede crecer sostenidamente más allá de eso sin generar inflación.
Ahora, paso a los empresarios. ¿Por qué no critican ni protestan? Porque el empresariado argentino siempre quiere ser amigo del poder de turno. Si un día el poder de turno es de River, se pone la remera roja y blanca; si es de Boca, la azul y amarilla. Porque la manera de hacer negocios es de la mano del Estado. Por eso aplauden constantemente.
Es un aplauso hipócrita: el que invierte es el empresariado argentino, y hoy la inversión es 13% del PIB, cayendo desde la época de Néstor Kirchner, que era 17,5%. Para crecer sostenidamente al 3-4% anual, se necesita inversión superior al 20%. El empresariado es parte del problema, porque es el que invierte.
Se comprende. Puedo sumarme con una hipótesis, a ver si te parece al menos verosímil. Hay contradicciones primarias y secundarias. Lo principal es que el país crezca, haya consumo y el empresario tenga mercado. Lo secundario son la reforma laboral, la baja de impuestos y la apertura a otros mercados sin aranceles. Lo principal: el mercado interno hoy es más chico. ¿Por qué no se quejan? Una hipótesis: una cosa es flujo y otra es stock.
El flujo está peor, hoy tiene menos mercado, pero tienen la esperanza de que aprobándole a Milei la reforma laboral se elimine la contingencia laboral, que en el valor de la mayoría de los activos de las empresas ocupa un lugar importante.
Te pongo el caso de Telefe, que se vendió a $100,000,000; se había vendido en 350, casi cuatro años antes. Tiene casi 50 millones de dólares de bienes inmobiliarios. Y cuando me preguntan, "Pero, ¿cómo tan poco? Por tanto, no", o sea, si hay 50 millones de bienes inmobiliarios y se venden 100 millones, se está vendiendo en 50, y te dicen, "pero tiene 1,800 empleados y ocho sindicatos". Entonces, el costo de la contingencia laboral hace que el valor de ese activo sea muchísimo menor del que debería ser. Paralelamente, tienen la esperanza de que les cambien los impuestos.
Que estos dos cambios, que no haría ningún otro gobierno que no fuera tan excéntrico como el de Milei, piensan los empresarios, justifica pasar dos o tres años de recesión porque lo que deja para después es un valor del aumento del stock, y el flujo se puede recuperar. ¿Te parece una hipótesis analizable?
Vos fíjate: sin darte cuenta, usaste la misma palabra que yo utilicé previamente en mi explicación. Hablaste de esperanza. Tienen la esperanza. Tienen la esperanza. Entonces, volvemos al pensamiento mágico de la intangibilidad.
Porque, por ejemplo, la reforma laboral presentada, cuando vos mirás, genera una pérdida de recursos fiscales, que lo que hace es, por un lado, convertir el superávit primario en equilibrio, y el equilibrio financiero en déficit fiscal. ¿Ok? Entonces, ¿esto qué implica? Si el gobierno tiene una política de déficit fiscal cero, va a tener que subir la recaudación un punto y medio del PIB para volver a tener superávit fiscal primario y equilibrio financiero. Eso, ¿qué es? Eso es aumentar la base imponible, y eso es aumentar nuevamente la presión fiscal.
Ahora, ¿qué sucede con esto? Es que cuando estos… ¿qué es lo que realmente importa? Pone un palo en la rueda, porque el empresario dice: "Bueno, tal vez se me hace más barato despedir gente, pero no va a ganar más dinero. Y si no ganas más dinero, o no mejoran tus márgenes, o no producís más, o no facturas más, o no se da todo eso junto, o varias de esas juntas, no vas a contratar gente, no vas a tener mejor flujo, y los stocks se alimentan de los flujos. Entonces, ese stock que percibe, que tiene la esperanza que mejora, después el flujo a futuro se lo va a volver a deteriorar".
Vivimos en un país mágico, donde es mágico el presidente, son mágicos los votantes y también los empresarios.
Es bastante, pero no creo que sea muy alejado. Te comento qué pasa: por ejemplo, en el mundo de la consultoría hay… pero sabes las veces que escuché: "No queremos escuchar outlook negativos o malas noticias, quiero escuchar que cosas van a ir bien". ¿Y qué pasa si no escuchan eso? No te contratan. Y los economistas, en promedio, que no suelen ser como yo, para facturar terminan vendiendo cuentos de hadas.
Es una retroalimentación que ya la vivimos. El mejor ejemplo fueron las previsiones de diciembre de 2017, que daban para 2018: todo espectacular, y dieron exactamente todo al revés. Parte de ese proceso es la retroalimentación optimista.
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No te olvides que tanto el gobierno como el promedio de los economistas mainstream, cuando juntás el 2026 y el 2027, estaban proyectando un crecimiento acumulado del 11%. Cuando termine el 2027, vamos a ver cuánto es.
MV cp
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