Diagnóstico diplomático

Diego Guelar y el nuevo orden mundial: “Ganó Xi Jinping y Trump está senil”

El diplomático analiza el debilitamiento del liderazgo de Estados Unidos frente al avance estratégico de China en un escenario global marcado por la crisis energética y los conflictos bélicos. Advierte sobre la inconsistencia en la política exterior de Donald Trump y reflexiona sobre el impacto de la senilidad en la toma de decisiones de los líderes de avanzada edad que conducen las potencias mundiales.

Diego Guelar Foto: PABLO CUARTEROLO

La reciente cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, centrada en tensiones comerciales, el conflicto en Irán y la disputa por Taiwán, evidenció para la diplomacia internacional un cambio en el eje del poder global. A partir el diálogo en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el exembajador Diego Guelar analizó el retroceso estratégico de los Estados Unidos frente al avance del gigante asiático y fue tajante al sentenciar que “ganó Xi Jinping y Trump está senil”.

El abogado, político y diplomático de carrera argentino, Diego Guelar, fue embajador ante las tres potencias más influyentes para la agenda exterior argentina, desempeñándose en Estados Unidos, la Unión Europea y China, este último cargo durante la gestión de Mauricio Macri. Su experiencia en Beijing lo ha consolidado como uno de los principales referentes en la región sobre el ascenso del gigante asiático y la dinámica de poder en el Pacífico. A lo largo de su vida pública, ocupó bancas como diputado nacional y participó activamente en el diseño de políticas exteriores bajo distintos signos políticos, siempre abogando por una inserción pragmática de Argentina en el mundo. Es autor de varios libros sobre relaciones internacionales y derecho, y frecuentemente actúa como analista en medios de comunicación, donde aporta una mirada crítica sobre la crisis del liderazgo global, la política de las grandes potencias y los desafíos del multilateralismo en el siglo XXI. 

¿Cuál es tu visión de este viaje de Trump a China?

Esta debería haber sido la reunión más importante del año. Los presidentes de las dos superpotencias en un encuentro que en Beijing no se daba desde 2017, cuando Trump visitó Beijing. Indudablemente, esta reunión fue pedida por Trump porque, en práctica diplomática, el que la pide es el que viaja. Por eso no ocurrió en Washington, sino en Beijing. Y desgraciadamente se pierde el eje de la reunión por el contexto en el que se da esta cumbre de los jefes de las dos superpotencias.

Estamos frente a la mayor crisis energética de la historia, según dicen los expertos en energía, por el conflicto en el estrecho de Ormuz y las grandes alteraciones que se han producido en los precios de la energía, centralmente del petróleo, del gas, de los fertilizantes y de los fletes marítimos. Ha habido una distorsión que ya empezó a pagar también la Argentina, pero que repercute en todo el mundo.

Y, además, hay dos conflictos militares que el propio Trump había dicho en enero, cuando asumió, que resolvería en 24 horas: Ucrania y Medio Oriente. Y ocurrió exactamente lo contrario. Sin embargo, aparece en agenda el show de los CEOs, de los grandes dirigentes empresariales. Todos ellos estuvieron hace seis meses en una cumbre con Xi Jinping en Beijing. Todos tienen interlocución individual y colectiva directa. No necesitan que les paguen el pasaje para ir a Beijing.

Y el único tema que aparece expresamente acordado es la ratificación de que Taiwán es China, que es un tema muy delicado para Beijing por el apoyo militar que le da Estados Unidos a Taiwán y por la tensión que existe sobre un asunto que, para China, es como Malvinas para nosotros.

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Para mí, el resumen de esto es que, sin lugar a dudas, ganó Xi Jinping. Y no sabemos qué pasa con Trump, porque Trump es un misterio. Yo tengo que leerme las cinco o seis declaraciones que hace por día, todas contradictorias entre sí. Y los más obsecuentes del mundo dicen que es un estratega que sabe confundir con esas contradicciones.

Yo creo que no hay estrategia. Creo que el tema es muy grave. La pérdida del liderazgo de Estados Unidos es muy negativa para el mundo. Y la realidad es que Trump está viviendo una gran crisis dentro de Estados Unidos, con los gobernadores, con la Corte y con una opinión pública que tiene entre un 65% y un 68% de rechazo. Creo que estamos en un año muy conflictivo.

Primero, no sé cuántas veces se habrá repetido que el mismo presidente de Estados Unidos se encuentre con el mismo presidente de China con una diferencia de diez años. En el caso de Estados Unidos, por la paradoja de que Trump fue electo nuevamente después de haber perdido la reelección. Y, en el caso de Xi Jinping, porque modificaron aquella costumbre de retirarse a los diez años y reformaron la Constitución para permitir su continuidad. La otra paradoja es que las dos veces haya sido Trump quien se reunió con Xi Jinping, cuando justamente Trump parece ser el más beligerante contra China. Y la tercera vez fue acá, en la Argentina, durante el G20, cuando se encontraron en Buenos Aires. Es decir, el más beligerante es, al mismo tiempo, el que más veces se vio cara a cara con Xi Jinping. ¿Qué reflexión te genera eso? ¿Hay una contradicción o, en realidad, quiere negociar?

Te agrego un dato. Una nación de cinco mil años de historia como China sabe perfectamente que en 2029 seguramente va a haber otra cumbre y que Xi Jinping seguirá estando ahí, mientras se encontrará con otro presidente de Estados Unidos.

Entonces, fijate la diferencia de estilos. No hay declaraciones de Xi Jinping. En cambio, creo que en el caso de Trump ya estamos frente a un problema psiquiátrico grave.

Ayer (por el miércoles 13), en medio de toda esta situación, salió con una reflexión sobre la posibilidad de anexar Groenlandia como el estado número 51. Un delirio. Ya lo había hecho con Canadá, un país con el que Estados Unidos tiene 200 años de historia y un vínculo estratégico fundamental.

Yo tuve el honor de ser dos veces embajador argentino en Estados Unidos y siempre tuve enorme respeto y admiración por la nación norteamericana, que cumple este año 250 años. Nunca creí que iba a haber un presidente con esta capacidad de generar caos como la que tiene Trump.

¿Vos creés que está senil?

Yo creo que sí. Pienso que Estados Unidos construyó, en los últimos 80 años, una Pax Americana basada en cuatro instrumentos centrales: el propio poder estadounidense, la alianza con Europa en la OTAN, la construcción regional americana con pivote en Canadá y México, y la alianza hacia Asia con Japón y Australia.

Esos cuatro instrumentos le daban a Estados Unidos un espacio rector sobre el conjunto de la humanidad y le permitían equilibrar el poder emergente de China.

Hoy China está mirando desde el balcón, porque no necesita tener participación activa ni declarativa. Hace un año Estados Unidos le declaró una guerra comercial a China y hoy el volumen exportador chino supera ampliamente al estadounidense. China ganó la guerra comercial.

Por eso, hoy hay una especie de reconocimiento implícito en este viaje. Después de toda la agresividad que Trump mostró durante el año contra China, ahora dice “somos amigos, somos socios y está todo bien”. Es casi surrealista.

Ahora me quedo pensando en esto que decís de que no hubiera pasado durante la primera presidencia de Trump. Si hablás de un cuadro senil, entonces evidentemente creés que hubo un deterioro. Y eso abre otra pregunta: ¿es un riesgo elegir presidentes de 80 años? Porque quizá en campaña están plenamente lúcidos, pero dos años después ya no. Lo pregunto también pensando en Lula, que tiene 80 años y va por un cuarto mandato.

Yo tengo 76 años y, a esta altura, ya soy un experto en reconocer el viejazo, que es una enfermedad propia de determinada edad.

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Cuando uno pasa cierta edad entra en una especie de limbo, donde tal vez hay un 1% de posibilidades de alcanzar la sabiduría —que sería el Olimpo de la vida— y un 99% de probabilidades de sufrir los deterioros propios de la edad.

Y eso es casi inexorable. Es parte de la vida.

MV cp