El licenciado en Sociología y especialista en estudios chinos Juan Sebastián Schulz analizó la reunión entre Donald Trump y Xi Jinping y aseguró que el ataque estadounidense contra Irán tuvo como objetivo central “frenar el abastecimiento de energía, de petróleo y de gas de Irán y de Medio Oriente a China”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), sostuvo que Beijing llega “en una condición de fortaleza” a la negociación con Estados Unidos y afirmó que las principales empresas tecnológicas norteamericanas “están marcando la agenda” de la relación bilateral.
Juan Sebastián Schulz es licenciado en Sociología por la Universidad Nacional de La Plata y experto en estudios chinos por el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata. Es miembro activo del Centro de Investigaciones en Política y Economía y del Centro de Estudios Chinos en la Universidad Nacional de La Plata. También se desempeña como profesor de grado y posgrado en la Universidad Nacional de La Plata, Universidad Nacional de Lanús y la Universidad Nacional de José C. Paz. Integra múltiples grupos de trabajo en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, enfocados en el mapa del poder mundial y la integración regional.
Me gustaría una síntesis de lo que hasta ahora usted está viendo que está pasando en China en la reunión entre Trump y Xi Jinping. ¿Y qué pronóstico hace? ¿Cómo va a terminar?
Creo que es una reunión bisagra. Es una reunión que marca un cambio con las estrategias de los Estados Unidos de los últimos años, porque si tenemos en cuenta que el primer Trump hablaba de la importancia de la relocalización de las empresas norteamericanas que producían en China, de hecho, en la estrategia de seguridad nacional que Donald Trump publica en noviembre del año pasado se habla explícitamente de frenar la deslocalización de empresas y la erradicación de empresas norteamericanas en China.
Ahora tenemos un Trump que sube a más de 20 empresarios de las principales empresas norteamericanas a llevarlas a China para hacer negocios en el país asiático. Yo creo que hay un cambio de rumbo, una percepción de los Estados Unidos acerca de su declive hegemónico, que hacen que las empresas tengan un cada vez mayor protagonismo en la toma de decisiones internacionales.
Y creo que, en este marco, vamos hacia una relación más equilibrada por parte de Estados Unidos. Y esto es sumamente favorable al país asiático, que ha bajado los decibeles y que tiene cada vez mayor capacidad de negociar las condiciones de estabilidad del orden internacional con el país norteamericano.
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Trump llevó a Elon Musk y a Jensen Huang, de Nvidia, en el Air Force One. ¿Qué significado le da usted a esto?
Hay, por un lado, en la delegación norteamericana, una composición importante de empresas tecnológicas. A los que vos mencionabas, como Elon Musk y Jensen Huang, podemos sumar al consejero delegado de Apple, Tim Cook; a la directiva de Meta, Dina Powell; también a representantes de Micron, de Qualcomm. Es decir, grandes empresas tecnológicas que yo creo que tienen una relación con China muy estrecha..
En el caso, por ejemplo, de Tesla, la principal planta de fabricación de autos eléctricos de Tesla está en China. También el caso de Apple. De hecho, los iPhone, por ejemplo, diseñados en California, fabricados en China. Yo creo que son empresas que se han opuesto a la política de Make America Great Again de Donald Trump, porque justamente tienen sus principales negocios en China y fueron fuertemente perjudicados con las políticas proteccionistas y mercadointernistas de Donald Trump.
Y son las que hoy por hoy están marcando la agenda frente a la imposibilidad de los Estados Unidos de recomponer su posición hegemónica e incluso de imponer condiciones tanto en Venezuela como en Irán. Y, frente a eso, la decisión, luego de la reunión postergada de marzo, ya directamente de exigir a Donald Trump el viaje a China, de subirse al avión presidencial e ir a negociar algunas condiciones con Xi Jinping.
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Trump dijo: “No creo que necesitemos ayuda de China en Irán”. ¿Qué cree usted que pueda salir de este encuentro en relación a la negociación para poner paz en la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán?
De alguna manera lo que ha dejado la guerra en Irán es una realidad de que el país persa tiene una capacidad de gestionar y de controlar el estrecho de Ormuz. Recordemos que, más allá del bloqueo que había establecido Donald Trump, el estrecho de Ormuz nunca estuvo completamente bloqueado, porque los barcos que iban hacia aliados iraníes, como por ejemplo China, en todo momento pudieron transitar por el estrecho.
Y creo que, frente a esa imposibilidad, que en realidad creo yo era el objetivo principal de Donald Trump con su ataque a Irán, que era frenar el abastecimiento de energía, de petróleo y de gas de Irán y de Medio Oriente a China, hoy China llega en una condición de fortaleza y en donde Xi Jinping le está exigiendo a Donald Trump garantías de seguridad. Es decir, limitar su política intervencionista, injerencista, que promueve la desestabilización de las normas comerciales, políticas y geopolíticas a nivel internacional.
Y creo que la principal cuestión que se habla, que llevó Xi Jinping, justamente hablando de la seguridad y la estabilidad, es la cuestión Taiwán. Xi Jinping dijo que la cuestión taiwanesa es el eje más importante de la relación y que es fundamental que Estados Unidos cese con el aprovisionamiento de ayuda económica y de armamento a Taiwán para, de alguna manera, gestionar la reunificación de la nación china.
¿Su pronóstico es que Taiwán se va a integrar a China en la próxima década?
Creo que ese es el gran objetivo de China. Recordemos que el objetivo de China es la reunificación nacional antes de lo que ellos denominan como la culminación del segundo centenario, del centenario de fundación de la República Popular China, que es en 2049. Para 2049, es decir, de acá a 23 años, China aspira a haber alcanzado la reunificación, es decir, controlar y ejercer la soberanía sobre la isla de Taiwán.
Ahora, yo creo que lo que está viendo China es que está abierta una ventana de oportunidades porque la política republicana de Estados Unidos no es tan pro Taiwán como sí lo fue la política demócrata. Por ejemplo, el viaje de Nancy Pelosi. Y frente a un Donald Trump que hoy gobierna los Estados Unidos, pero que está en un período de crisis política, incluso de elecciones ahora en noviembre, China considera que es posible aprovechar esta ventana de oportunidades, pisar el acelerador para avanzar todavía más en la reunificación de Taiwán.
Teniendo en cuenta, por ejemplo, que la principal dirigente opositora en Taiwán, la líder del partido Kuomintang, pero que a su vez son mayoría en el Parlamento, viajó a China en las últimas semanas para discutir las posibilidades de una reunificación que se dé bajo el principio de “un país, dos sistemas”, es decir, garantizando algunas cuestiones del sistema económico y político taiwanés.
RM/ff