MODO FONTEVECCHIA

Las nuevas “canciones” de Axel Kicillof resumidas en cinco axiomas

El politólogo Raúl Tempesta reconstruye las bases teóricas del pensamiento económico del gobernador bonaerense y sus ejes heterodoxos.

Axel Kicillof Foto: NA

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el abogado y politólogo Raúl Tempesta analizó las bases teóricas del pensamiento económico de Axel Kicillof y su proyección política.

Raúl Tempesta es abogado y politólogo graduado de la Universidad Católica de La Plata. Posee una maestría en Políticas Públicas y Gerenciamiento al Desarrollo por la UNSAM y Georgetown University, y un doctorado en Ciencias Sociales por FLACSO Argentina. Es profesor titular en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de La Plata y miembro de la cátedra de la Organización Mundial del Comercio en FLACSO.

Comentábamos recién sobre lo que usted denomina las “cajas de herramientas” de Kicillof, cómo piensa el economista que desafía a la ortodoxia. Usted resume ese pensamiento en cinco axiomas que podrían ser algo similar a las nuevas “canciones” que se le piden a Kicillof y que hasta ahora no verbaliza. Uno es que la inflación no se produce exclusivamente por emisión monetaria; dos, que el mentado clima de negocios no alcanza para impulsar la inversión; tres, que la teoría del derrame no mejora la distribución de los ingresos; cuatro, que la inserción en el mundo de un país como la Argentina no debe ser pasiva; y cinco, que la apertura y el libre comercio no garantizan el desarrollo. Cuénteme, Raúl, ¿cómo construyó usted esto que sería el pensamiento más profundo económico de Kicillof?

Todo esto surgió por la necesidad que sentí de indagar acerca de las razones que influenciaron en un político que, como digo en la nota, genera mucha polémica porque tiene posturas muy claras desde el punto de vista del funcionamiento de la economía y que se encuentra afiliado a un paradigma que no es el habitual ni el predominante ni en el mundo ni en la República Argentina, que es un paradigma que podríamos denominar genéricamente como heterodoxo.

Desde allí me puse a rastrear las fuentes intelectuales de su pensamiento, circunstancia que no es difícil porque Axel Kicillof tiene la particularidad de ser un académico. Es decir, tiene un derrotero que empieza en el Colegio Nacional Buenos Aires, sigue por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y desde ahí todo un camino que va desde la docencia, la investigación. Ha escrito mucho y es muy claro a la hora de manifestar cuáles son sus fuentes.

¿Usted encuentra un pensamiento constante o hay evolución?

Yo lo veo bastante constante el pensamiento, aunque él abre la puerta para encontrar una diagonal en estas fuentes.

¿Cuáles son esas fuentes? Marx, Keynes y Prebisch.

Son las tres grandes pilas y cada uno tiene un rol en su pensamiento. Por ejemplo, la teoría marxista: él reconoce en principio que nunca tuvo una militancia puramente marxista en la universidad, pero sí se sintió atraído por sus ideas, porque él dice: “No se puede explicar la política sin la economía”. O sea, él entiende la economía y la mirada materialista, si usted prefiere, como un insumo fundamental para entender cómo funciona el mundo, de qué se trata el funcionamiento del mundo. Eso como primera aproximación, ¿no? Es una herramienta analítica para entender cómo funcionan las cosas, el poder, pero el poder no solo político, sino el poder político que emana de una determinada condición económica.

En segundo lugar, la segunda fuente es la de John Maynard Keynes. Quizás esta sea la que más impacto causó en él. De hecho, él también aclara muchas veces que, para deslindar esta pertenencia entre marxismo y keynesianismo, dice: “Bueno, mi tesis doctoral fue sobre Keynes”, como enfatizando esa relación y ese vínculo. Y de Keynes él encuentra además una afinidad casi personal porque entiende que en la década del 30 tuvo que llevar adelante un rol como científico, pero también como responsable político, en algún sentido, de la política que estaba llevando Gran Bretaña para cambiar el rumbo. Porque, como dice Kicillof, Keynes sentía lo mismo que yo: estaba rodeado de ortodoxos, de pensadores ortodoxos en esa época en Gran Bretaña. Y él lo mismo en la actualidad dice: “Ahora estoy rodeado de cavallos”, en referencia a esta cuestión.

Y por último está Raúl Prebisch, que es también, como él señala —y es justo decir—, un poco el traductor de las ideas de Keynes en América Latina y el que reinterpreta esas ideas a la luz de las necesidades que tiene nuestro continente. De manera tal que la caída en los términos de intercambio y el consecuente deterioro económico de muchos de nuestros países, para Prebisch, puede revertirse a partir de un proceso de sustitución de importaciones. Esta idea también resulta un punto importante en el pensamiento de Kicillof.

Ahora, cada una de estas fuentes —Marx, Keynes y Prebisch— tienen distintos adherentes que luego no representan exactamente lo mismo que representa Kicillof. Recuerdo, por ejemplo, que Raúl Alfonsín tomaba a Prebisch como su fuente de influencia privilegiada, y uno podría decir que el Plan Austral era un plan heterodoxo ¿Cuán heterodoxo es Kicillof?

Para responder eso hay que ver su experiencia. Lo vimos como ministro de Economía entre 2013 y 2015. No modificó el rumbo general, pero aplicó herramientas como el comercio administrado, que es un claro ejemplo de política heterodoxa. 

Eso tuvo consecuencias, por supuesto, porque —como él mismo reconoce— muchas de estas políticas tienen efectos, no son gratuitas. En el caso de la República Argentina, esta política de comercio administrado tuvo un efecto concreto en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio, donde Argentina se encontró responsable de violar el artículo 11.1 del GATT 94, que es un acuerdo al cual el país había suscripto como parte de la OMC. Y producto de este comercio administrado había quedado, digamos, por fuera de lo que debía cumplir.

Ese reclamo fue realizado en su momento por Estados Unidos, por Japón y por la Unión Europea, y al poco tiempo de asumir el gobierno de Mauricio Macri debió dejar sin efecto la aplicación de las DJAI, las declaraciones juradas anticipadas de importación, que era el instrumento a través del cual se implementaba esa política.

De manera tal que, a su pregunta, yo le diría que sí, que aplicó políticas que podríamos considerar heterodoxas.

Ahora bien, también es cierto que —como usted señalaba— no todo en su gestión responde a una lógica rígida o extrema. Él mismo dice que entregó una inflación menor que la actual, alrededor del 25%, es decir, hubo cierto cuidado de variables macroeconómicas.

Por eso yo enfatizaba que cuando hablo de Marx estoy hablando de una idea, de una aproximación inicial en el análisis, pero no de la praxis. Por eso digo en la nota que él toma de John Maynard Keynes el rol de “policy maker”, es decir, las herramientas necesarias para la gestión. No es una gestión ortodoxa, sería en todo caso una gestión heterodoxa.

¿Cómo imagina usted un eventual Kicillof presidente después de Milei, y cómo imagina que, con las restricciones y condiciones de posibilidad, sería su economía? Y le amplío la pregunta: recientemente Luiz Inácio Lula da Silva habló de las restricciones que implica gobernar incluso un país como Brasil y de los límites que tuvo para impulsar reformas. ¿Cómo imagina usted la economía de un Kicillof presidente en ese contexto?

Bueno, Kicillof hace puntualmente referencia a eso. Lo dice expresamente cuando habla de restricciones, como usted bien señala. Él habla de restricciones internacionales y se refiere específicamente a los organismos que regulan la gobernanza global como trabas a esas ideas, a la idea del desarrollo endógeno de un país.

Se refiere a dos instituciones fundamentalmente: el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, como instituciones que, a través de sus regulaciones, ponen límites, dificultan subir la escalera del desarrollo. Es un tema, al menos, polémico, porque si bien es entendible el sentido en el cual dice que instituciones como la OMC pueden poner dificultades para una política de las características que él intenta desarrollar, también es cierto que es una institución fundamental para equilibrar las posiciones de poder relativo entre los distintos Estados.

Imagínese usted una mesa de negociación comercial entre Estados Unidos y un país más pequeño: esa disparidad sería muy difícil de sostener sin un marco regulatorio. Eso no sucede porque existe una organización internacional como la OMC que tiene un sistema de solución de diferencias que permite dirimir esos conflictos. Sin embargo, ese sistema ha sido debilitado recientemente por Estados Unidos al impedir el funcionamiento del órgano de apelación.

En ese sentido, podríamos decir que el propio Donald Trump también expresa disconformidad con esas restricciones.

En su artículo usted dijo la extraña coincidencia de diagnóstico entre Axel Kicillof y Donald Trump en materia de proteccionismo.

Exactamente. Bueno, Estados Unidos tiene una larga tradición proteccionista que se remonta a los padres fundadores de Estados Unidos, Hamilton, Jay y Madison. Hamilton es uno de los que ha formulado de una manera más comprensiva, si usted quiere, el decálogo del proteccionismo económico, del proteccionismo comercial.

Y Estados Unidos ha fluctuado a lo largo de su historia entre libre cambio y proteccionismo, alternativamente. Hoy, claramente, en la gestión de Donald Trump, tanto en la primera como en esta, tenemos una postura claramente proteccionista, indudablemente proteccionista.

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Por esto que le digo de sabotear el funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio y el órgano de solución de diferencias, pero también por otras políticas como el aumento indiscriminado de aranceles, aumentos del 35% de aranceles, que también van en contra de esta idea del libre comercio.

Raúl, en sus cinco axiomas usted menciona uno que el kirchnerismo o el sector que se siente identificado con la expresidenta coloca como problema central, que es la deuda. Entrevistábamos recién a quien fue viceministro de Economía, cuando fue ministro Martín Guzmán, y renegoció la deuda con el Fondo Monetario Internacional, que insiste en que es imposible lograr salir al mercado para sustituir la deuda del Fondo por deuda voluntaria y privada. ¿Cuál es su visión de cuál sería el sexto axioma de Kicillof respecto de la deuda? ¿Qué importancia le da a este tema?

Es una importancia central. De hecho, el eje de su pensamiento es el desendeudamiento. La idea del desendeudamiento es un pilar principal para su esquema económico, para el funcionamiento de la economía. Y esto va de la mano de otro de los puntos que menciono en este decálogo, que tiene que ver con el protagonismo y la libertad de acción que merece tener la Argentina en el campo internacional.

Él habla de la inserción argentina, que no tiene que ser pasiva, sino que tiene que tener un rol activo. Seguramente usted recuerda la posición que tuvo Argentina después de la crisis de 2008, donde hubo un proceso bastante virtuoso de diálogo a nivel global a través del G20, que en ese momento tuvo un rol protagónico y donde Argentina jugó un papel fuerte levantando la voz en temas como, por ejemplo, el desendeudamiento.

El tema del desendeudamiento es claramente un tema esencial.

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¿Y cómo haría? ¿Cómo haría contando con las restricciones? ¿Qué imagina usted? Pues sabemos claramente que la vicepresidenta, a través de su hijo, rechazó votar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. O sea, claramente el kirchnerismo puro propone default. ¿Usted qué cree que haría Kicillof?

No, no lo veo en esa alternativa extrema. Sinceramente no lo veo a él adhiriendo a esa alternativa extrema. Creo que él, a pesar de las críticas, por ejemplo, a estos organismos internacionales, siempre tuvo una actitud de jugar dentro de las reglas.

Es la idea de él, desde mi punto de vista, llevar al extremo las reglas disponibles, en el sentido de que sean más beneficiosas para un proceso de desarrollo como él lo piensa, pero no lo veo jugando por fuera del sistema.

Si usted me pide una comparación, lo veo más en el sentido de Luiz Inácio Lula da Silva que en un esquema mucho más maximalista.

Y ahora estas preguntas se las hago a usted en su propia condición de experto. ¿Cómo se resuelve el tema? Si no hay manera de ganar la confianza por la historia que tenemos, por el endeudamiento altísimo que tenemos con el Fondo Monetario Internacional como acreedor privilegiado, ¿cómo se resuelve el problema?

Argentina tiene que dar pasos ciertos en relación a una cierta solidez fiscal. Esa solidez fiscal, obviamente, no puede ser a expensas de políticas públicas fundamentales que tienen que ver con servicios esenciales como la salud, la educación y temas esenciales para la vida de todos nosotros como ciudadanos. Pero es fundamental ser un país previsible, un país que dentro de sus posibilidades juegue en las reglas del sistema internacional, de la gobernanza internacional, y desde ahí tratar de…

O sea, que pague la deuda, para ponerlo en términos concretos.

No que pague la deuda, sino que intente que esa deuda se…

Desendeudarse, pagar la deuda.

Desendeudarse, claro.

No hay otra forma. O uno hace default o la paga.

Claro.

Entonces, la expectativa que tenga es que en 2030, con la minería, el cobre, con Vaca Muerta, se puedan generar recursos como se generaron con el aumento del precio de las commodities en la presidencia de Néstor Kirchner para juntar la suficiente cantidad de reservas como para ir pagando la deuda con el Fondo y no endeudarse con privados.

Sí, siempre y cuando esa deuda pueda acreditarse que sea legítima. Entonces, default o es legítima o no es legítima.

Le pregunto para usted: ¿es legítima o no es legítima?

Bueno, es legítima, claro.

Se paga o se defaultea.

Claro. En el medio supongo que va a haber muchos grises, en cuanto a plazos, tasas de interés y demás.

Que Argentina tiene que hacer valer para hacer valer sus intereses.

Una negociación para mejorar las condiciones, pero se paga, digamos. Ese sería el planteo, no default, que sería el planteo en su momento de Máximo Kirchner. Raúl, le agradezco mucho. Muy buen trabajo académico.