En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el neurocientífico y dirigente político Facundo Manes analizó la crisis de salud cerebral en Argentina, la vinculó con factores económicos y sociales, y cuestionó el impacto del discurso político en el bienestar emocional de la población.
Facundo Manes es neurocientífico, fundador del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Fue diputado nacional por la provincia de Buenos Aires entre 2021 y 2025 y presidió la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Cámara de Diputados. Es autor de libros de divulgación sobre el cerebro y el comportamiento humano.
Facundo planteaba es que esto ya no es un tema médico, es un tema económico, nos decía en el caso especialmente de la Argentina. La Argentina, o una parte importante de la Argentina, está emocionalmente rota. La gente no duerme bien, no tiene del todo conciencia de su estrés, y que Javier Milei afecta la salud mental de los argentinos. ¿Cómo podemos unir lo que pasó en este evento mundial con lo que pasa en Argentina?
Bueno, Argentina, Buenos Aires fue la capital mundial de lo que llamamos Brain Health, salud cerebral, que es uno de los tópicos más importantes. De hecho, Davos hace dos meses, el Foro Económico Mundial con McKinsey & Company hicieron un reporte sobre que en la era de la inteligencia artificial, en esta revolución tecnológica, invertir en el cerebro tanto a nivel personal como de organizaciones como de sociedades de países va a ser cada vez más importante.
O sea que cómo vamos a convivir con la inteligencia artificial depende en cierta manera de cómo cuidamos nuestro cerebro. Y lo que el día anterior fue un evento muy técnico, es como si vinieran los 50 top en economía del mundo a discutir algo técnico. Fue mucha gente, se vio mucho por streaming, está en streaming la información, pero el día anterior hicimos un preevento donde invitamos a economistas, a empresarios, a periodistas a que entiendan. Porque todos debemos ser embajadores de este concepto, que en el siglo XXI, en el siglo de la inteligencia artificial, si Argentina sigue pensando, ahora un poco como argentino, más allá de que esto es un fenómeno global, sigue pensando que la materia prima nos va a salvar, vamos a seguir administrando pobreza. Está bueno tener materias primas, petróleo, Vaca Muerta, el agro, y nos salvó el agro mucho tiempo en el sentido de generar una riqueza que quizás ahora se puede sumar Vaca Muerta, la minería, el gas. Ahora, Argentina no se va a desarrollar entendiendo el desarrollo de 48 millones de personas con alto salario, baja desigualdad y buena calidad de vida solamente con materia prima. Van a ordenar un poco la macro. Lo que hay que hacer es invertir en lo que llamamos capital humano. Pero lo que se discutió acá, Jorge, esto lo saben los economistas del año 60, cuando aparece el concepto de capital humano, que es la experiencia, la educación, las habilidades. Lo que se discutió acá ahora es el problema que está pasando en el mundo de la estructura que produce el capital humano. No hay capital humano sin cerebros. Y vamos a los datos globales, pero después voy a hacer un pequeño paréntesis sobre nuestro país. Globales. Había suizos, había gente de países ricos, australianos. Esos países tienen dos problemas que nosotros lo tenemos. Nosotros le vamos a sumar otro más. El primer problema que tienen los suizos y los argentinos y los australianos.
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¿Sabés en el mundo cuántas personas a lo largo de su vida van a tener un tema cerebral, un problema de cerebro? Más de uno de cada tres. Y en Estados Unidos, la presidenta de la American Academy of Neurology, una de las instituciones más importantes de neurología del mundo, dio un dato tremendo en Buenos Aires hace unos días: uno de cada dos americanos va a tener un trastorno cerebral en su vida. ¿Cuál es la diferencia de más de uno de cada tres en el mundo y uno de cada dos en Estados Unidos? Que hay más diagnóstico en Estados Unidos, pero estamos hablando casi de la mitad de la población con un problema cerebral. Imaginate ese costo humano, social y económico, sumado a que la familia tiene que cuidar a esa persona. O sea que nos involucra a todos.
Esto excede la medicina, como bien dijiste vos. Segundo, aunque no tengamos una enfermedad cerebral, no tengamos estrés, no tengamos insomnio, no tengamos Alzheimer, no tengamos ACV, no tengamos epilepsia, no tengamos autismo, no tengamos bipolaridad, no tengamos depresión, no tengamos nada, en este mundo de la inteligencia artificial vamos a tener que apostar a habilidades cognitivas y emocionales que nos van a permitir trabajar, educarnos, prosperar, porque la tecnología va a reemplazar muchas de nuestras habilidades, como la está reemplazando todo lo que es automático. ¿Cuáles son las habilidades que tenemos que fomentar? Además de mejorar el tema de la enfermedad, del impacto económico. Calculamos desde INECO que le cuesta a la Argentina por año este tema solamente más de un 2% del PBI. Estamos hablando de una cifra enorme. Bueno, además, a las personas que no tienen problemas cerebrales y que quieren competir en la revolución tecnológica que estamos viviendo, vamos a tener que enfocarnos en la resiliencia, el pensamiento crítico, todo lo que no va a reemplazar la inteligencia artificial, la empatía, la creatividad, la forma en que creamos los humanos, las decisiones.
En la Argentina tenemos otro problema, como tiene muchos países de Latinoamérica, de África y de Asia, que es que mucha gente vive en la pobreza. Los datos de la UCA de hace unos días: 60% de los jóvenes viven en la pobreza.
No solo la malnutrición afecta la estructura y el funcionamiento cognitivo y emocional, sino la falta de estímulo afectivo. Entonces no tenemos cerebro para el capital humano. Ese es el planteo. El planteo que se debatió en Buenos Aires a nivel mundial es: para el capital humano hay que tener un cerebro en buen estado. Y hoy en los países ricos, por el estrés, por la tecnología, por las redes sociales, por estar todo el día conectado al teléfono o por las enfermedades, es un problema. Eso es acá lo mismo, más la pobreza.
Te leí decir que dentro de unos años ver a alguien pegado al teléfono celular va a ser equivalente a ver hoy una persona fumando en un lugar público cerrado.
Ya había evidencia décadas atrás que el cigarrillo hacía mal a la salud. Sin embargo, con esa evidencia disponible había en las revistas americanas
Time, Newsweek, avisos de médicos de guardapolvo fumando y vaqueros tipo John Wayne fumando, y ya había evidencia, y se fumaba en los aviones, se fumaba en los restaurantes.
Pasó mucho tiempo. Todavía se sigue fumando, pero ya la gente entendió, y ver a alguien fumando hoy uno ve “pobre, tiene ansiedad, pobre va a tener más riesgo de pulmón”. Uno medio que lo estigmatiza al que fuma hoy.
Hoy ya hay evidencia de que la tecnología nos pone ansiosos, nos estresa, impacta en el sueño, nos hace menos productivos porque la multitarea, el cerebro humano está preparado para una tarea por vez, no puede hacer varias, hay una falsa ilusión de la multitarea.
Hoy ya hay evidencia de esto, pero va a tardar mucho tiempo, unos cinco, diez años, en que veamos “uy, pobre tipo, estás todo el día conectado”. Yo, por ejemplo, solamente chequeo WhatsApp cuando estoy de buen humor. A las redes casi no voy, aunque tengo gente que me ayuda, publico. Pero ¿por qué? Porque si vos estás bien y chequeás WhatsApp y hay un comentario tóxico de un amigo de la secundaria en el grupo de la secundaria, un comentario tóxico de un colega, ojo, porque está afectando la salud mental. Ya hay evidencia.
Países como Francia, como Australia, están limitando el uso de las redes sociales en los adolescentes.
Ahora, esos problemas que son mundiales, en la Argentina se le agrega que la gente está emocionalmente rota. No duerme, está estresada. Me gustaría que conectaras este mundial de la salud cerebral con la salud cerebral de la Argentina.
En Argentina tenemos un problema de salud cerebral. Creo que es uno de los grandes temas del mundo, como el cambio climático, la revolución tecnológica o la desigualdad.
En el mundo pasaron tres cosas que nosotros todavía subestimamos. La pandemia: el bicho se fue, pero el efecto de la pandemia está muy vigente. Yo calculo que el efecto en la educación en la Argentina va a ser de décadas, un año y medio sin clases, los maestros deprimidos, todo ese desastre va a tener un impacto de décadas y está teniendo un impacto de décadas. Segundo tema, la salud mental: vemos una crisis de salud mental, de ansiedad, de depresión, de insomnio. La gente está rota en Argentina, en el mundo y acá también. O sea, la pandemia sigue vigente. Segundo tema, la tecnología: hay una revolución tecnológica, la inteligencia artificial que nos hace de copiloto, pero también nos angustia. Vos decís “che, ¿me va a reemplazar?”. Ahora no tanto, pero hace un año decías “esto me va a reemplazar como periodista”, yo como médico decía “esto va a hacer un diagnóstico mejor que yo”. Bueno, ahora estamos un poco más… pasó la sorpresa y estamos encarando. Por eso también este meeting de Buenos Aires fue que los neurólogos, neurocientíficos, diciendo “pará, no nos va a reemplazar como humanos, va a ser fantástico, es fantástico”.
Y tercero, Jorge, la desigualdad. Vos sabés bien que cayó el comunismo en los 90 y quedó el neoliberalismo, que produjo riqueza como nunca, avances como nunca, pero una desigualdad como nunca. Y no solo entre países: en Londres hay una desigualdad tremenda, en Nueva York. Estamos viviendo en un mundo con revolución tecnológica, pandemia y desigualdad.
En ese contexto vamos a la Argentina. Argentina tiene dos cosas extra, como muchos países en el mundo hoy. Uno, lo que hablábamos recién: el 60% de los jóvenes viviendo en la pobreza. Ahí no vamos a tener cerebro para formar capital humano. ¿Por qué? Porque cuando el cerebro no tiene estímulo afectivo y cognitivo tiene un impacto funcional. Por eso vos lo sabés, pero dejame aclararle a la audiencia que hay una diferencia entre el mérito y la meritocracia. El mérito, vos sos parte del mérito. Yo creo en el mérito porque vengo de un pueblito y fui a Cambridge y volví a la Argentina. Creo en el mérito y creo en la meritocracia cuando salen del mismo escalón.
Y el otro problema es el discurso violento de nuestro presidente. En una sociedad que no llega a fin de mes, donde no alcanza la guita, donde hay corrupción, donde los que tienen poder tienen ventajas, un presidente con un discurso violento agita, agota más a la sociedad. Esto lo vemos también en Trump. En Estados Unidos hay datos de que el discurso violento y divisivo de Trump afecta la salud mental de los americanos y esto se puede trasladar a la Argentina. Y yo creo que cuando la sociedad empiece a entender que duerme un poco mál o se estresa o está angustiada por Milei, Milei va a perder más votos que por su plan económico.
¿Y qué relación hay entre una cosa y la otra?
Para mí el discurso agresivo es previo. Es un discurso de la derecha populista global que apela al tribalismo. Un buen líder no es el que tribaliza, es el que une. Entonces, para mí, el discurso violento de Trump, de Milei, de toda la derecha populista con todos estos “MAGA”, la estrategia apela más al tribalismo que para defenderse de los fracasos de ellos. Pero también lo usan, obviamente, porque movilizan a su base sacándola de la discusión real de la economía.
¿Y qué relación hay entre una cosa y la otra? Si hasta qué punto también ese discurso agresivo tapa una incapacidad de solucionar el problema económico y una cosa potencia la otra.
Para mí el discurso agresivo es previo a esto. Es un discurso que tiene la derecha populista global. Porque, sabiendo que somos tribales, los seres humanos somos tribales, vos sabés mejor que yo —porque sabés neurociencia, sabés psicoanálisis—, los seres humanos tenemos sesgos, tenemos esquemas, vamos construyendo la vida con anteojos mentales y viendo el mundo de acuerdo a nuestros sesgos.
¿Por qué? Porque en la evolución, cuando vos pertenecías a un grupo hace miles de años, te daba seguridad, te podías defender mejor de ataques y había más posibilidad de comer. Entonces somos tribales y la derecha global populista apela al tribalismo. Entonces vos fijate, “MAGA”, nosotros también lo podríamos hacer a eso, pero no queremos, porque para mí un buen líder no es el que tribaliza, es el que une.
Facundo, en otra Argentina, ni en una pos-Milei, en una Argentina que a lo mejor pueda tener mejor su balanza comercial, porque la minería dentro de cinco años logre sumar otra turbina como el campo, donde Vaca Muerta llegue a su máximo y tengamos otro campo allí, donde a lo mejor eso mismo tranquilice a la sociedad en su polarización, vos hiciste toda una carrera política en su momento aspirando a ser presidente, y yo podemos compartir conversaciones privadas con la audiencia, decías que era más importante ser el director de escuelas, que fue Sarmiento, como él mismo lo creía, y que su puesto más importante no fue ser presidente sino director de escuelas.
¿En algún momento te movería realmente una posición que implique desde la más alta esfera pública crear capital humano a través de desarrollar un cerebro sano?
Sí, obvio. Yo cuando me metí en política me metí para siempre, no es que volví a la medicina. Yo ahora soy una persona con múltiples dimensiones, soy médico, soy político. Ahora, lo que vi en política también lo voy a contar. Yo en cuatro años vi un sistema mafioso que no permite liderazgo nuevo. No vi partidos políticos y veo como bandas que manejan la Argentina, y que a nadie le preocupa esto que estamos hablando. Y Milei se ha convertido en el jefe de una de las bandas, él que venía a ser el outsider, ahora es el jefe de la casta. Y a mí me expulsó la casta. Yo tengo un pergamino: a mí la casta me expulsó.
Contame
Entré, quise renovar un partido, lo renovamos, hicimos un millón y medio de votos en la provincia de Buenos Aires y ese partido después parte se fue detrás de Horacio Rodríguez Larreta y parte detrás de Patricia Bullrich. Ni ganas de ser presidente tenía ese partido. No importa, no es por el partido, pero después el peronismo tampoco existe. Crear un partido como el de Javier Milei, te llenás de lo peor de los que se fueron de la política: lo que echó el peronismo y lo que echó el radicalismo.
Entonces, si acá no reconstruimos los partidos políticos en serio, si acá no hay Justicia, porque ¿qué pasa? Vos ves la Justicia muy ligada a la política. Acá las condenas son si gana uno, si pierde otro, no basadas en la ley.
Entonces, por más que tengamos la macro ordenada, que el gas, el litio, la minería nos salve en la macro, si nosotros no tenemos una Justicia independiente y seria, si no tenemos partidos políticos donde no haya bandas, haya partidos políticos que discutan ideas, y si no tengamos dirigentes políticos que quieran realmente, con patriotismo, cambiar la Argentina y no pensar en la próxima elección, estamos perdidos. Por más que tengamos litio, Vaca Muerta, todo.
Entonces, ¿tenemos Facundo Manes para 2027 y 2031, y me gustaría cerrar con un consejo tuyo a todas esas personas que no llegan a fin de mes, que duermen mal, que están estresadas, que a aquellos elementos internacionales del aumento del estrés se les suma en particular en la Argentina, no sé, el “síndrome Milei”, para decirlo de alguna manera. ¿Qué tiene que hacer esa gente?
Primero, que los comprendo. Yo me incluyo en muchos aspectos, por ahí llego a fin de mes, pero en lo demás me incluyo— de decir: “Pero todos mis valores, ¿dónde están? Luché para estudiar, para ser generoso, altruista, y vivimos una época de individualismo, de que gana el poderoso, de que el presidente se hace el guapo con un autista y le chupa las medias a los poderosos”.
Yo los comprendo y soy parte de eso. Segundo, que sepan que hay argentinos que vamos a luchar para representarlos, no sé si con un cargo político, con lo que sea, hablando. Yo me di cuenta ahora —tengo una ventaja— que ahora hago mejor política que cuando era diputado. Como diputado yo sufrí mucho, porque estaban todos los demás diputados, la mayoría, no todos, pero “che, porque el gobernador quiere una cosa, entonces hay que votar esto”. Escuchame, somos diputados de la Nación, nos eligió la gente.
Entonces, decirle a los argentinos que hay que involucrarse, que hay muchos que estamos en política sin tener cargo, que vamos a seguir luchando y, sobre todo, que los comprendo, pero que la única salida es estar juntos. Lo decíamos en la pandemia hablando con vos: después de la pandemia se puede salir bien o mal, se puede salir individualista, que valga todo, como estamos lamentablemente viendo, o se puede salir de otra manera. Después de la peste negra vino el Renacimiento, pero eso hay que hacerlo juntos. Parte de la pandemia que todavía no terminó.
Milei es parte de la decadencia argentina, o sea, Milei se presentaba, y yo entiendo por qué la gente votó a Milei. Yo entiendo al vecino mío que votó a Milei y me mira como de reojo a mí porque estaba cansado del sistema.
A ver si lo podemos sintetizar así, si te parece un buen cierre para este reportaje: ¿Milei no tiene razón, pero los que votaron a Milei sí?
Claro. Yo entiendo a la gente que votó a Milei porque me decía: “Bueno, yo no quiero más el pasado, prefiero lo desconocido”. Es cuando —te lo voy a decir con mucho respeto por los curanderos— me pasa a mí como médico y a todos los médicos. Llega un momento cuando el paciente o la familia tiene una enfermedad que no hay cura, autismo, Alzheimer, cáncer de cerebro, y uno le ofrece todo. Y también hay médicos que no son buenos o le cobran mucha plata, pero aunque seas bueno, tengas los mejores diplomas, llega un momento en que la familia o el paciente dicen basta de la medicina tradicional, o porque no hay tratamiento o porque son malos y le cobran plata, o lo que sea, y eligen el curandero.
Eso es lo que pasó en la Argentina en el 23. Eligió el curandero. Y si en ese momento gente como vos, como yo, que decíamos esto, “el curandero”, la familia se enoja con nosotros.
Si vos tenés un hijo que no tiene cura en un tema, lo llevás a un curandero y yo te voy a decir: “Che, vos ya probaste con toda la medicina, este tipo es un curandero”. Te enojás conmigo. “Déjame la última esperanza”.
Eso es lo que está pasando. Lo que pasa es que después de un tiempo se dan cuenta que es un chamán.
Facundo, muchas gracias. Muy interesante.