Milei es la idea

Manuel Zunino: “Mucha gente apoya la reforma laboral solo porque confía en Milei”

El analista político sostiene que el respaldo no se explica por la evidencia empírica sino por una transferencia de confianza hacia la figura presidencial y considera que la sociedad atraviesa una demanda de estabilidad que el oficialismo capitaliza con su narrativa de orden.

Manuel Zunino es director asociado de Proyección Consultores Foto: NET TV

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el sociólogo y analista político Manuel Zunino afirmó que el apoyo a la reforma laboral no responde, en muchos casos, a un análisis sobre sus efectos concretos en la generación de empleo, sino a la confianza depositada en Javier Milei. Según explicó, el oficialismo logró que “Milei sea la idea”, desplazando la discusión técnica y convirtiendo la credibilidad personal del Presidente en el principal sostén de iniciativas que, de acuerdo con la evidencia comparada, no garantizan por sí mismas una mejora en el mercado de trabajo: "Para algunos, Milei está tratando de resolver el problema; para otros, lo está empeorando".

Manuel Zunino es sociólogo egresado de la Universidad de Buenos Aires, docente y analista político; es especialista en Estado, Gobierno y Democracia por el Instituto Competencia de Estudios Internacionales. Dirige la consultora Proyección; además, se desempeña como docente en la Universidad Nacional de La Matanza y colabora con el Observatorio Social de dicha institución. Le damos la bienvenida, en Modo Fontevecchia, a Manuel Zunino.

¿Salió fortalecido el gobierno con la reforma laboral en la jornada de ayer? ¿Cuál es tu evaluación de lo que pasó?

Sin duda, me parece que el gobierno estaba ya en una posición ganadora. Primero, porque mantiene la centralidad absoluta; después, porque impulsa reformas, e impulsar reformas es mirar hacia adelante. Me parece que, en ese sentido, el gobierno venía fortalecido; después, por algunos datos de la opinión pública, que igual tiene ciertas contradicciones. Pero la jornada de ayer fue un triunfo para el gobierno.

Yo venía tratando de observar qué iba a pasar en cada provincia. Me parece que la elección de octubre del año pasado fue un poco la anticipación de cómo se conformó la votación del Senado ayer y probablemente anticipó un poco lo que pasa en Diputados. Digo, provincias donde le fue muy bien a La Libertad Avanza, le fue mal o relativamente mal a Provincias Unidas, ese experimento que se armó a última hora, y donde el gobierno terminó teniendo buenos resultados parlamentarios en la jornada de ayer y probablemente se repitan en la de Diputados, que igual es otra escena. Habría que ver cómo se desarrollan las cosas de acá a las próximas semanas.

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Esos resultados de octubre que, de alguna manera, prevían los resultados en el Congreso, ¿prevén algo de 2027?

Falta mucho. La verdad que pensar el 2027 es muy difícil. Yo te digo: el gobierno tiene aire tres meses, te lo puedo garantizar; me parece que hasta ahí me la juego. Apostar de acá al 27, con la dinámica nacional; el gobierno venía en una posición ganadora, y sobre todo lo pienso en términos mucho más profundos. 

El siglo XX, si miramos para atrás, la política tradicional, como mirábamos la política, había tres grandes posiciones desde las cuales se enunciaba un proyecto de país, se confrontaba, etcétera: la zona conservadora, la zona reformista y la zona revolucionaria. Tradicionalmente, las derechas se ubicaban en la zona conservadora; el peronismo, si querés, en el siglo XX, en la zona reformista; y la izquierda, en la zona revolucionaria.

El gobierno corrió al peronismo a la zona conservadora, se puso en la zona reformista y encima usa modos disruptivos propios de la izquierda. Me parece que, en ese sentido macropolítico, está en una posición ganadora. La realidad, de acá para adelante, es dinámica, sí. No podemos predecir lo que va a pasar en 2027, claramente no; pero el gobierno tiene centralidad y está en posición ganadora, eso es indiscutible.

En esta especie de montaña rusa, dos días antes al gobierno se le había acabado todo el veranito. Le procesaron a Spagnuolo o volvían las acusaciones de corrupción con el tema nuclear y la obligación de la renuncia de su asesor principalísimo, Reidel, también acusado por corrupción. La inflación echaba al señor del INDEC y la inflación superaba el 3%, indicando claramente que la inflación no va a estar este año dentro de las expectativas que tiene el presidente. Es decir, que los dos temas por los cuales él había sido electo en 2023, que era eliminar la inflación y eliminar la corrupción, ninguno de los dos los lograba.

La reforma laboral, obviamente, le da nuevamente una sensación de éxito. Pero en este tobogán, hace dos días los dos principales columnistas de La Nación y de Clarín, Van der Kooy en Clarín y Joaquín Morales Solá en La Nación, los dos hablaron del fin del veranito, con la misma expresión: “el veranito de Milei”. Vos decís, bueno, tres meses, eso da tres meses; pero la pregunta es: la cuestión de fondo no es si finalmente la inflación no es dominada y el consumo termina continuando recesivo, que la gente va a decir “me cansé de Milei”.

Totalmente. Primero, te descarto tema corrupción y transparencia: ya no es un signo de este gobierno, no es valorado por la opinión pública. El presidente se sostiene en dos atributos: la actitud y la visión de futuro. Es lo único que lo sostiene o lo vincula con la gente. Después de Libra, después del 3% de Spagnuolo el año pasado, honestidad, transparencia, no son atributos presentes en el gobierno. Respecto al fin del veranito, yo te diría: está consolidado el proyecto político de La Libertad Avanza, no hay ninguna duda; lo revalidó electoralmente. Ahora sí tiene estructura, incluso parlamentaria; puede pensar en términos de mayoría y demás.

Proyecto cultural en disputa permanente, eterna; nadie va a construir hegemonía en la Argentina. ¿Dónde está la duda? ¿Cuál es el gran interrogante? El proyecto económico, que además es el que sostiene el proyecto político y el proyecto cultural. Si no funciona, el gran plus del gobierno o la gran promesa del gobierno es el orden económico, además del orden público.

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Si logra ese orden económico o no lo logra, es el primer paso; o sea, si controla o doma la inflación, como dicen en el gobierno. Si logra domar la inflación, no parece que este año sea mejor que el año pasado; probablemente sea todo lo contrario. O igual, ponele. Si fuera igual, el gobierno tendría un éxito relativo. El tema es que empiezan a aparecer nuevas demandas que estuvieron presentes ayer en el debate

Relativo no, porque, digamos, si vos tenés 30% de inflación a un dígito, esa inflación la tuvo Macri, la tuvo Alberto Fernández. O sea, 30% de inflación, 25% de inflación, no domó nada. Puede ser que el primer año, pero si el tercer año tenés 30% de inflación.

En términos fácticos, reales, empíricos, no domó nada. En términos comparativos y de contraste con el proceso anterior de Alberto Fernández, que es con lo que lo mide la opinión pública, digo: como analista tengo que decir que no resolviste la inflación si tenés 30% anual; nosotros debemos ser honestos en ese sentido.

Comparativo con sí mismo, es decir: ok, 2025 la mejoraste sobre 2024, que en gran medida la creaste vos también, pero no importa. Ahora, si 2026 no la mejorás sobre 2025, ya la comparación no es con Massa, es con vos mismo.

Empieza a ser con vos mismo. Igual tenemos una opinión pública absolutamente dividida, con contrapuntos, polarizada. Para algunos, Milei está tratando de resolver el problema; para otros, lo está empeorando.

O una solución parcial. Hay que reconocer que 30% es menos que 150%, que es verdaderamente la inflación. La inflación promedio del gobierno de Alberto Fernández en los últimos años fue 6% mensual; él la tiene en 3, la bajó a la mitad. Entonces, no cabe ninguna duda de que hay una baja. Ahora, una cosa es bajarla de 6 a 3 y otra es de 3 a 1, que me parece que es donde está su problema, y que empiece con cero.

Hay dos realidades: una, la de las cifras, y otra, la de las percepciones. Nosotros, que hacemos opinión pública, medimos percepciones. Por eso te decía: el contraste con el 6% mensual de Alberto Fernández puede ser un éxito relativo para el gobierno. La gran pregunta es esa: ¿cuándo el gobierno va a empezar a ser medido en sus propios términos o va a ser comparado consigo mismo?

De acuerdo a tu experiencia, ¿cuánto tiempo dura la paciencia social? ¿Cuándo creés que las personas van a empezar a comparar a Milei con Milei, a 2026 con 2024, con 2023, y cuándo van a dejar de compararlo con lo anterior?

Si lo digo de acuerdo a mi experiencia, desde que empezó el gobierno de Milei me lo vienen preguntando y siempre erré. Nadie lo sabe, nadie tiene esa fórmula. Algunos te dicen: cuando la gente tenga que refinanciar la tarjeta por segunda o tercera vez, la clase media. Otros te dicen: cuando aparezca una alternativa. Creo que también es multicausal eso. Tienen que darse un montón de condimentos para que el relato del gobierno se agote o pase de ser verosímil a falso. Los procesos sociales son mucho más largos que la ansiedad de la política o de los analistas muchas veces.

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Dijiste actitud y proyecto de futuro. El futuro en algún día tiene que ser presente. Era muy linda esta idea de que no existe el presente porque inmediatamente ya es pasado y no existe el futuro porque inmediatamente es presente. O sea, obviamente el tiempo es una construcción humana. Pero la idea de que hay un futuro implica una espera. Y aquí la gran discusión es: ¿cuál es el momento de espera? O alguien te podría decir: no, no es que surja una alternativa; la alternativa va a surgir cuando la gente se canse de esperar. Es decir, es la demanda la que crea la oferta. Entonces, aquí estamos frente a un proceso subjetivo, que las culturas cambian y no sabemos cuál es el tiempo de espera de la sociedadY el otro planteo que dijiste es actitud. O sea, le valoran casualmente eso mismo que en muchos otros aspectos es considerado negativo, como un exceso de agresividad, es percibido como necesario para la acción.

Exacto. En todos los puntos hay que ver, si pensamos en términos sociales, demoscópicos, de la opinión pública: una moneda con dos caras. La misma actitud del presidente puede parecer desagradable o puede parecer un payaso para algunos, y para otros puede parecer un genio o un tipo con actitud, que va al frente y tiene el coraje necesario para resolver los problemas del país.

Así está hoy la opinión pública. Ponés al presidente en un focus group de votantes de Unión por la Patria y en uno de votantes libertarios y, ante la misma escena, ven cosas completamente distintas. Un genio o un payaso; te lo pueden describir con esas dos palabras al presidente en el Movistar Arena el año pasado.

Después, respecto al futuro, a las expectativas, me parece que es un gobierno que se sostiene en la generación de expectativas; son expertos en la generación de expectativas. La opinión pública está llena de paradojas, de contradicciones, de contrapuntos. Una paradoja clásica, que inaugura si querés la opinión pública, es la paradoja de Tocqueville, del pensador francés que dijo: “Cuando la situación es peor, también caen las expectativas y las demandas”. O sea, cuanto peor estás, menores son las demandas, y eso también retrasa los procesos de cambio social, los estallidos, las crisis. Hay que tener un elemento con mucha complejidad.

Argentina, como Francia, siempre fue un pueblo insumiso. Podríamos decir que nosotros éramos, en Latinoamérica o en toda América, un equivalente francés; siempre hacíamos lío, como el Papa: “hagan lío”. No era casual que un papa argentino y jesuítico. El pueblo argentino siempre fue un pueblo querulante. Puede ser que el 2002 haya dejado cierta culpa, de que fuimos demasiado, cruzamos la raya, nos cargamos cinco presidentes en una semana y que finalmente fue un exceso, y que por lo tanto eso funcione como una especie de antídoto de “no, todo presidente tiene que terminar su mandato”, una cosa que te repite todo el mundo.

Cosa que no era así; ahí la gente pedía que se vaya De la Rúa y todos. Entonces, es probable también que el trauma del 2002, que como toda vacuna tiene una duración, probablemente a la generación que lo vivió; la que no lo vivió, dentro de unos años esa vacuna deje de tener efecto. También es un complemento de espera.

.Me parece interesante ese trauma, el trauma de la sociedad y la dinámica social y la ansiedad social en la que vivimos, la sociedad pospandemia, el mundo digital que es muy vertiginoso e incierto. Creo que la gran palabra hoy es estabilidad. La gran demanda, en el fondo, es la demanda de estabilidad antes que la demanda incluso de cambio, cierta sensación de orden. Que es imposible en sentido absoluto, pero que el gobierno trabaja con esa demanda: orden público, orden económico. Me parece que ahí pivotea el gobierno.

Puede tener que ver, si lo pensamos, también con una sociedad de la incertidumbre, del riesgo, con la gente viviendo el día a día, y esa demanda de estabilidad de la dirigencia política también se traduce en una demanda de no generar rupturas absolutas, de evitar las crisis. Bueno, también tiene que ver quizás el trauma de la pandemia, probablemente.

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Respecto de las dos caras de Jano, la moneda que puede ser payaso o genio, lo mismo pasó con Menem. Y yo te diría: en general, inclusive en alguna proporción, le puede pasar a todos; pero Menem es el caso más arquetípico porque es el que más puntos de contacto tiene con alguien que más también podría calificar como payaso o genio.

Es que, casualmente, lo opuesto es lo opuesto. Entonces, lo mismo que es virtud en determinado momento se convierte en defecto. Es muy probable que quienes lo consideren genio, pasado cierto tiempo lo pasen a considerar payaso. Y es probable que los que lo consideran payaso, en términos históricos, pasando veinte años lo consideren genio, que es lo que pasó con Menem, que es lo que pasó con Alfonsín. Es decir, en esa transmutación de genio a payaso,  en el cortísimo plazo es lábil y en el largo plazo se invierte, ¿no?

Es cierto. Bueno, hubo una resignificación de Carlos Menem, sobre todo en este período. También la memoria se construye, se trabaja.

En el largo plazo lo que te queda son los hechos, el legado. En el corto plazo ves la persona, la estética, que es tan importante desde el punto de vista de la política, y produce tanto rechazo o aceptación como las propias ideas. Después, las ideas habrá que ver si funcionan; las ideas se probarán en el tiempo. Habrá que ver si esta reforma laboral produce las mejoras que se esperan, si la baja de la inflación produce la reactivación que se espera; se verá.

Te iba a hablar de la reforma laboral, justamente. O sea, hay mucha gente que cree en la reforma laboral porque lo plantea Milei, solamente por eso. Cualquiera, haciendo un análisis empírico, realista, ve que flexibilizando las condiciones de trabajo no se generan puestos de trabajo y no mejora la calidad del empleo existente. Vas a los casos de Alemania, de Italia, de Francia, de España; en la región, Brasil; ves países latinoamericanos donde es más flexible el trabajo, Perú, Chile, Colombia, y las condiciones son las que te digo. Incluso menos puestos de trabajo o mayor precarización del empleo en un montón de ejemplos, salvo Dinamarca.

Yo utilicé un ejercicio muy divertido, práctico: le pregunté a las cuatro inteligencias artificiales más usadas, incluida la de Twitter, y todas me dijeron lo mismo. Digo, cualquiera hoy desde su casa, preguntándole al celular -lo que hace todos los días para pedirle una receta de cocina o para preguntarle por dónde tiene que ir al trabajo- hace el mismo ejercicio y le dice: “No, la reforma laboral no va a generar el efecto que está vendiendo el gobierno. No va a generar puestos de trabajo”, por lo menos eso dice la evidencia. Después veremos qué va a pasar, pero se supone que se va a repetir la misma historia. Igualmente, la gente cree porque lo dice Milei; una parte.

 

RM/ff