Caso Cerimedo

Nadia Beller: "Tendrían que investigar a la exesposa argentina de Cerimedo"

Desde la clínica donde se recupera tras sobrevivir a un atentado a balazos, la abogada y analista política boliviana relata los detalles del ataque, revela la violencia y manipulación ejercida por su expareja, el consultor argentino Fernando Cerimedo, y analiza el impacto del caso en el poder político de Bolivia.

Nadia Beller Foto: Captura web

En un impactante testimonio exclusivo desde el hospital donde permanece internada y bajo riesgo médico, la abogada y analista política boliviana,Nadia Beller, rompe el silencio en  Modo Fontevecchia, por +PerfilRadio Perfil (AM 1190), tras sobrevivir a un atentado a balazos en el que se vio involucrado su expareja, el consultor político argentino Fernando Cerimedo. A lo largo de una conversación profunda e íntima con Jorge Fontevecchia, Beller detalla la gravedad de sus secuelas físicas y psicológicas, analiza el rol de manipulación y violencia ejercido por Cerimedo, y revela entramados clave sobre la influencia política y los intereses del estratega argentino en el gobierno boliviano de Rodrigo Paz.

Las declaraciones apuntan de manera directa contra Fernando Cerimedo, revelando detalles sobre su accionar y su rol político: "Cerimedo tomaba decisiones y coordinaba con ministros por delegación del presidente", sostuvo, al tiempo que advirtió sobre los antecedentes del operador al afirmar que "tiene causas por intento de femicidio y por ganancias ilícitas".

Nadia Beller, Jorge Fontevecchia la saluda.

Buen día. Perdón, buenas tardes para ustedes. Sí, lo escucho.

Primero, saber cómo está su salud.

Estoy todavía bastante dolorida. Justamente va a disculpar que hace rato se quedaron en la llamada, pero estoy en evaluaciones médicas. Es probable que requiera una cirugía más porque detectaron una esquirla de bala considerable en el seno. Están evaluando esa situación y a la espera de ver qué determina la junta médica.

Antes de entrar en los temas políticos y específicamente policiales, quiero hacerle una pregunta más del orden metafísico. ¿Qué siente al haber recibido esa cantidad de balazos y estar viva? ¿Qué cree? ¿Sobra de la fortuna, de Dios? ¿Cómo se explica a usted misma lo que le pasó?

Bueno, yo soy católica, creo que fue un milagro. Los médicos me lo dicen, los investigadores me lo dicen. Tengo balazos cerca de arterias importantes; de hecho, hasta en el brazo tengo una esquirla de bala que no pudieron sacar porque está cerca de una arteria que puede comprometer mi salud, entonces esa ya se va a quedar ahí. Fue una desgracia medianamente con suerte porque me pudo haber costado la vida por la cantidad de balas y por la cercanía. Afortunadamente, comparado con lo que pudo haber ocasionado, solamente me dañaron huesos, aunque a decir verdad me duele demasiado. Es probable que no recupere la movilidad total de mi brazo derecho —yo soy diestra—. Tengo una placa del codo al hombro que se va a quedar igual en mi cuerpo de por vida, y bueno, las otras lesiones en la clavícula y demás que también son bastante dolorosas. Al margen de ello, estoy con ataques de pánico, no puedo dormir, tengo mucha afectación psicológica... Es muy complicado.

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Me imagino. Nadia, no sé si en estas circunstancias usted puede avanzar a hablar sobre las cuestiones políticas. Bueno, el tema central que interesa al público argentino es lo que tiene que ver con Cerimedo, con cuánto paralelismo u espejo hay de lo que sucede en Bolivia que haya sucedido o pueda suceder en la Argentina. ¿Es correcto decir que Cerimedo actuaba casi como un presidente en las sombras y que incluso a veces hasta se sentaba en la silla del presidente cuando este no estaba y desde allí daba órdenes, o es una exageración?

No, yo creo que es una exageración. Nadie se atrevería a ese nivel de atrevimiento. Pero sí, por delegación de él, tomaba decisiones, coordinaba con ministros, ponía gente en cargos... Tenía un nivel de disposición del Estado y de los ministerios bastante grande, pero por delegación del propio presidente. Acabo de conocer —porque lo filtró alguien de la prensa argentina, exactamente no sé quién, pero en mi país lo replicaron— un discurso de él que yo no conocía, en una premiación a la que sí supe que fue. En Miami él reconoce que no basta solo con ganar campañas, sino que tiene que ayudar a gobernar. Y bueno, Fernando hacía eso: co-gobernaba con Rodrigo Paz.

¿Y cómo lo hacía? ¿Lo hacía bien? ¿Lo hacía con intereses propios? ¿Cuál es su propia evaluación?

Bueno, usted sabe que las cosas se evalúan por resultados. Yo no quiero emitir un juicio personal porque pueden atribuirlo a mi situación actual de decepción, pero la situación en mi país es bastante crítica; ya ha habido bastantes convulsiones sociales. Creo que esa es una radiografía que tienen que evaluar ustedes.

Cuéntenme, ¿cómo es el Cerimedo que usted conoce y qué piensa hoy después de los hechos que no conocía de él?

El Fernando que yo conocí era un hombre inteligente, amable, que en su momento volcó todo su interés en mí. No solamente su interés: volcó su tiempo, su dedicación en mí, y era cariñoso. Con el tiempo le fui descubriendo mentiras y fue, no sé, develando su verdadera personalidad. Imagino que era un tipo más autoritario, que frecuentemente levantaba la voz, que era hasta atrevido. Llegó al grado no solamente de engañarme con funcionarias públicas, sino que hasta me alzó la mano cuando le reclamé situaciones de esa naturaleza. Él ahorita está enfrentando tres cargos en Bolivia: uno por una agresión anterior que acaban de aperturar, uno por la tentativa de feminicidio —creo que en su país no sé cuál es la terminología que utilizan, pero en mi país está legislado como tentativa de feminicidio— y otro por legitimación de ganancias ilícitas. Entonces, conmigo, Fernando, cuando yo le hacía alguna observación de la conducta de gente del Gobierno, me decía que él los frenaba, que él lo estaba arreglando. O sea, conmigo pretendía mostrarse medianamente ético. En lo personal, tuvimos momentos muy buenos, también momentos muy malos. No me dejó dejarlo cuando afrontamos esas crisis. Tuvimos varias idas y vueltas, pero él me decía que no me podía dejar, siempre me buscaba. Me decía que estaba muy enamorado de mí, que nunca nadie lo había cuidado como yo lo cuidé, que le cambié la vida... Cosas de esa naturaleza. Me tenía sumamente manipulada. Es una persona muy hábil, pero nunca jamás me imaginé que fuera capaz de atentar contra mi vida. Yo llegué a creerle que el hecho de haberme levantado la mano fue un momento de crisis emocional y un exabrupto, pero ahora veo que es capaz de cualquier cosa.

Nadia, dado que él es un asesor muy cercano al presidente, el hecho de la rapidez con que se lo imputó, se lo detuvo preventivamente y actuó la justicia y los fiscales, ¿habla de una independencia y un buen funcionamiento de la democracia boliviana, contrario a la imagen de crisis que se percibe en el Gobierno? ¿O tiene que ver con que el vicepresidente tiene distancia con el presidente y esto obedece más a acciones del vicepresidente?

No, el vicepresidente tiene casi nula acción política en mi país. Entiendo que es una situación análoga a la de ustedes: tenemos un vicepresidente totalmente anulado. Disculpándome si me equivoco —le pido disculpas a la señora vicepresidenta de su país—, entiendo, inclusive por cosas que me dijo Fernando, que ella tampoco tiene poder de decisión de nada. Entonces sería, a mi entender, una situación análoga.

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Comprendo. Y entonces, el funcionamiento de la justicia, tratándose de uno de los principales o el principal asesor del presidente, ¿demuestra que la justicia en Bolivia es independiente?

No sé por qué se portaron tan diligentes. Tal vez por el escándalo mediático y político. Yo soy también política, soy analista, soy mediática, y entiendo que impactó bastante que dos hombres armados arremetan contra mi humanidad. Tal vez fue producto de ello, pero netamente la aprehensión de Fernando Cerimedo obedece a la pronta actitud de reacción del Ministerio Público. Porque por la Policía no fue: hasta ahorita no han encontrado a los sicarios, pese a que hasta se les rompió la moto y tuvieron que esperar a asaltar otra. No lograron aprehenderlos, pese a que es una avenida sumamente transitada y hay muchas cámaras por donde pueden hacer el recorrido de esa moto, rastrearla y demás. La Policía no los ha aprehendido hasta ahorita.

Nadia, ¿qué pudo haber pasado en la cabeza de Fernando Cerimedo —siguiendo la conjetura que usted tiene— para, desde su perspectiva, haber planificado lo que planificó? ¿Cómo podía imaginar que podía salir incólume de esto? ¿Cuál es la lógica del móvil que él perseguía desde su perspectiva? Y en ese caso, si le parece que fue un comportamiento —aun sin ningún análisis ético— equivocado, erróneo, mal planificado.

Son muchas cosas. O sea, partiendo hasta de lo emocional, muchas veces rompimos la relación y él me terminaba buscando, me decía que no me podía dejar, que nunca me iba a dejar. Y bueno, entenderá que ahora estamos esperando un bebé, entonces me imagino que eso también. Después, él tenía por mi parte también la presión de hacer los papeles del divorcio. Entiendo que él tenía conflictos con la mujer por la división de las empresas. Llegó a comentarme, inclusive, que ella quería poner como accionista a su actual pareja —ya que no se pueden volver unipersonales las empresas que eran en sociedad— y que eso le molestaba a él. No sé más allá cuál es su situación emocional o sentimental con ella, que tal vez pudo haber forzado a que me haga esto. Yo creo que en su momento también van a tener que investigarla a ella. Justamente él, cuando se disponía a venir acá a Bolivia a planificar y a concretar mi asesinato, me comentó que había tenido una discusión con ella. No sé si eso lo apresuró para ese fin. No sé por el lado de lo emocional. Por el lado personal, yo, después de sufrir la violencia física anterior, muchas veces hablé con él sobre denunciarlo. Porque soy abogada, soy activista, y no aceptaba... Él me decía: "No me perdonaste". Yo no lograba aceptar el callarme ante esta situación. Inclusive le dije: "No te voy a denunciar por tentativa de feminicidio —porque él me ahorcó—, te voy a denunciar solamente por agresiones; entonces ni siquiera vas a ir a la cárcel, solamente vas a tener una sentencia". Y me decía: "No, me vas a fregar mi vida, nadie más me va a contratar, voy a tener que ser taxista", situaciones de esa naturaleza. Y, por último, hasta me amenazó con atentar contra su vida para que yo no lo denuncie. En la última discusión que tuvimos yo le dije que lo iba a denunciar, y él me pedía tiempo supuestamente para aprehender a Evo Morales, pero ahora veo que era tiempo para matarme. Eso por un lado. Por otro lado, él entendía que, separados, yo podía hablar lo que estoy hablando ahora. Me imagino que también tiene ese tinte político, es lo que se me ocurre.

Nadia, puedo comprender el deseo de que su humanidad no existiese, pero llevarlo a la práctica terminaba siendo contraproducente. O sea, no demuestra mucha inteligencia por su parte. ¿Podría comprenderse, como usted decía, a lo mejor en un estado emocional alterado? Porque no resulta lógico que para resolver el problema cree un problema aún mayor.

Yo no sé qué pasó por la cabeza de Fernando. Yo creo que, sabiéndose con el poder que tiene y el manejo de la Policía —que finalmente son los que llevan adelante la investigación—, creyó que podía zafar. En el anterior hecho de violencia, no sé si usted está al tanto, pero borraron totalmente la denuncia; nunca lo citaron, no procedió, la anularon como si nunca hubiera existido. Entonces yo creo que él pensó que podía hacer exactamente lo mismo. Armó su coartada de irse a La Paz y los sicarios me roban el celular, entonces habrá pensado que nunca se iban a leer los chats de mi teléfono. Así, él, con verse no afectado, tal vez pensó que podía haber desvirtuado cualquier hipótesis de que haya sido mi asesino. Es lo que me imagino. Y cuando se entera de que no fallecí, que no me mataron, lo que hace es buscar fugarse del país e irse a la Argentina. Lo aprehenden cuando él iba a salir del país.

Nadia, tengo pudor para plantearlo en la situación en la que usted está, pero evidentemente detrás de eso —vuelvo con el punto— parece que contrató a sicarios muy incompetentes en un lugar inadecuado, con cámaras de seguridad y frente a una avenida muy transitada. Digo, habría maneras de lograr el mismo fin de otra forma, con más certezas para él. O sea, lo que transmite además es una incompetencia inclusive para el mal, ¿no?

Comentarle que esta gente que me citaba en el hotel me citó tres veces con anterioridad. La primera me dejó plantada porque Fernando supuestamente me mandó guardias, y el hijo de la persona que me escribía —según lo que reclama— reconoció a uno de los policías porque habría sido su compañero. Supuestamente el hijo era expolicía y le habrían dado de baja, es lo que me dijo. Reconoció a uno de sus compañeros y pensó que le habían tendido una trampa, entonces no se presentaron. Al día siguiente, Fernando me dice que el hijo de esta persona le habla a su policía y le pregunta qué estaban haciendo ahí, y su policía le dice que fueron a acompañar a un compañero. La persona que me escribe y me cita para que me maten me dice exactamente lo mismo: "Mil disculpas, licenciada, mi hijo averiguó y ya sabemos que no estaban con usted. ¿Será que podemos encontrarnos?". Me vuelven a dejar plantada porque supuestamente se fregó la movilidad en la que ellos iban a llegar del Chapare para darme esta información. Después, en una tercera oportunidad, ellos pretendían recogerme de un lugar porque supuestamente su hermana había llegado, estaba en silla de ruedas, y querían llevarme a la casa de ella. No querían darme la dirección. Fernando insistía en que yo vaya, que le pase mi ubicación de GPS. Ese día yo les dije que no, porque no iba a subir a una movilidad que no conocía. Querían que los reciba en mi casa y también les dije que no, que yo no mezclaba situaciones de trabajo con los familiares. Después Fernando llega y ellos insisten en recogerme. Fernando me dice: "Andá y me pasás tu ubicación en tiempo real y yo te sigo" en una movilidad que había alquilado. O sea, él en todo momento propició que yo vaya a ese encuentro y me pidió que lo ayude a conseguir pruebas contundentes para apresar a los de Evo Morales y demás. Hasta que finalmente, el día que me matan, Fernando me dice: "Tengo que irme".

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Nos despedimos con un beso. A las cinco de la mañana me dice: "Tengo que irme a La Paz en el vuelo de las seis y media porque Rodrigo me está esperando a las once". Me muestra un chat con el presidente de que se iban a reunir a las once. Además escucho alguna conversación con otra persona que le dice: "¿Qué vas a hacer al mediodía como para almorzar?" o algo así. O sea, él armó una coartada de irse a La Paz y me garantiza que me está mandando otra vez con escolta, que no iban a ser los mismos y que iban a estar ahí afuera del hotel otra vez. Yo me confío en eso. Él me dice que ya están ahí cuando yo llego. Se atrasa la persona que me citó. Yo me pongo a comer porque estoy embarazada y tengo antojos con más frecuencia... Bueno, estuve comiendo con más frecuencia, ahora no tengo apetito. Y me pongo a comer. Él me pregunta: "¿Llegaron?". Le digo: "No, dice que se atrasó". Al rato me escribe y me dice: "Está afuera, acérquese por favor a la movilidad". Yo le digo: "No, que vengan a la puerta". Por eso es que me quedo esperando en la puerta y viendo quién se acercaba, de dónde bajaban. Fernando me dice: "Andá tranquila, amor" porque supuestamente están sus guardias ahí, "no va a pasar nada". Yo estaba hablando con él por teléfono, por eso tenía el teléfono en las manos. Empiezan a subir las gradas estos repartidores, lo cual a mí no me llamó la atención porque tenían la mochila de una empresa, tenían el uniforme, estaban con casco. No me di cuenta, no sospeché nada. Es habitual que entren a un hotel a dejar cosas o a recoger pedidos. No me llamó la atención hasta que estuvieron más o menos a mi nivel en la grada y empezaron a abalanzarse hacia mí a tiros. Y nunca la supuesta custodia que me mandó Fernando me defendió, nunca intentó nada. Además, a pocos metros del hotel se les arruina la moto, la dejan tirada y no los agarran, no los persiguen, no hay intercambio de tiros. Todavía se toman el tiempo de robarse otra moto para fugarse sin que nadie los persigue.

Perdón, no quiero abusar de más tiempo en esta situación. Mandarle el deseo de una pronta recuperación; comprendo el momento que está viviendo y ojalá lo pase rápido. Le agradezco mucho este tiempo para con nosotros.

Gracias, gracias por sus palabras.

 

MEG