Politica de Estado sostenible, afuera

Priscila Makari: “Tenemos 7 de 10 máquinas paradas en la industria”

La economista señaló que la industria textil opera en mínimos históricos y reclamó una política industrial sostenida para evitar más cierres de empresas. “Hoy las empresas se achican para sobrevivir”, advirtió.

Priscila Makari Foto: Captura web

Con siete de cada diez máquinas paradas, la industria textil argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos. Así lo describió la directora ejecutiva de la Fundación Proteger, Priscila Makari, quien advirtió que el sector trabaja “al 29% de la capacidad instalada”, en un contexto de caída del consumo interno, aumento de costos en dólares y apertura de importaciones. “La situación es compleja y las empresas hoy se achican para poder cubrir los costos fijos y sobrevivir”, señaló, al tiempo que alertó sobre el impacto que este escenario tiene en el empleo y la producción nacional. "El sector textil genera 540.000 empleos", especificó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).

Priscila Makari es licenciada en Economía por Flacso Argentina, cuenta con una maestría en Políticas Públicas para el Desarrollo. Fue subsecretaria de Industria en el Ministerio de Economía entre 2022 y 2023. También se desempeñó como directora general de Planeamiento en Anses en el período 2019-2020. Actualmente es la directora ejecutiva de la Fundación Proteger.

Ante la crisis que afronta el sector pyme textil, ha señalado que la industria enfrenta un escenario de supervivencia debido a la caída del consumo interno y la apertura de importaciones. 

Creo que ya queda claramente descrito la dificultad de las empresas textiles argentinas de competir con la industria china. ¿Cómo imaginan ustedes que se tendría que encargar desde el Gobierno una salida satisfactoria tanto para la producción como para los consumidores?

En la Fundación Proteger trabajamos hace muchos años diseñando, pensando, articulando distintas ideas de política pública para lograr que nuestro sector pueda desarrollar todo su potencial. Es un sector muy importante para la economía nacional en términos de empleo, genera 540.000 empleos, y en términos de valor, porque multiplica por 30 cuando se exporta, agregando valor a una fibra como el algodón, y exportamos diseño. Y por eso lo que creemos es que Argentina necesita un consenso.

Hace muchos años que estamos viviendo un péndulo de política económica que va de un lado hacia otro y necesitamos, como país, alcanzar un consenso y generar una política de Estado, es decir, una política sostenida en el tiempo por 20, 30 años, y un plan de desarrollo, así como los países desarrollados alcanzaron esos niveles de bienestar llevando adelante una política consistente a lo largo del tiempo. Clave la macroeconomía ordenada y estable, y clave una política industrial fuerte para poder desarrollar cada sector según su particularidad y, sobre todo, fomentar el consumo para que se genere un círculo virtuoso de consumo, producción y empleo.

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¿Cómo lograrlo? Si hubiera consenso no sería solamente una solución para el problema de los textiles, sería una solución para todos los planteos de la Argentina. Ahora, eso no parece para nada posible en la Argentina actual, y podríamos decir en los últimos 25 años, donde tenemos la emergencia del kirchnerismo por un lado y su contracara por el otro, y la Argentina está hace 25 años así. Eso vale para cualquier cosa: para Vaca Muerta, para un gasoducto. ¿Qué van a hacer los textiles mientras tanto? Porque la expectativa respecto de lo que usted plantea es más o menos como una Argentina idílica. Mientras tanto, ¿qué? ¿se mueren todos los fabricantes?

No, por supuesto. En el largo plazo estamos todos muertos, como decía Keynes. Creo que lo que se debate hoy profundamente, y se lo debate a través de ejemplos como es el del caso textil o el del caso metalúrgico o automotriz, que salió hoy la noticia, es justamente cuál es el modelo de desarrollo para la Argentina. Algunos sectores del espectro ideológico plantean que Argentina tiene que desarrollarse por el lado de los servicios, por el lado del agro, de la minería, y otro sector, como el que nosotros formamos parte, creemos que ningún país con más de 40 millones de habitantes, como es Argentina, puede ser desarrollado sin tener industria. Porque, por más de que el agro esté en todo su esplendor y la minería también, no vamos a poder, con esos dos sectores, emplear a la mayoría de la población y dar bienestar. Y el sector servicios es dependiente también de la industria, en el sentido de que se generan muchísimos negocios y servicios con alto contenido tecnológico y conocimiento vinculados y en función de la producción industrial. 

Parece más un discurso macroeconómico que de la Fundación Proteger. ¿Qué le recomienda a los textiles? ¿Cuál es su pronóstico de los textiles? ¿Van a quedar el 20% de los textiles? ¿Qué cosas se podría fabricar en esta Argentina de Milei, que todo indica que por lo menos tiene dos años así por delante?

La situación es compleja. Estamos trabajando al 29% de la capacidad instalada. Eso significa que siete de cada diez máquinas están paradas y, en ese contexto, lo que hacen las empresas es tratar de achicarse, de reducir costos fijos y tratar de cubrirlos como sea para lograr llegar a, básicamente, a sobrevivir. Ninguna empresa, obviamente, quiere despedir gente, porque los trabajadores son parte de la familia, porque fueron formados, porque aportan valor, tienen muchísima trayectoria, pero lamentablemente hoy las empresas deben achicarse para poder cubrir estos costos fijos, que se complica.

Ustedes saben que subieron mucho los costos en dólares. Argentina hoy está cara en dólares en términos de tipo de cambio, el que está apreciado artificialmente. Entonces es difícil competir contra importaciones y ganar mercados de exportación, y a la vez seguimos con una estructura impositiva que genera desincentivos a agregar valor en cadenas tan largas, con tantos eslabones. Por lo tanto, una reforma impositiva que permita nivelar la cancha, como se dice, para poder competir de una manera más saludable son parte de las cosas. También hay muchos otros aspectos para trabajar.

Tenemos alquileres cuatro veces más caros que en Estados Unidos en términos de shopping, tasas de interés para financiar consumo y producción de las más altas del mundo, comisiones bancarias o de plataformas altísimas, el mismo la logística: Argentina es un país muy extenso y sale más caro traer un camión de Catamarca a Buenos Aires que un contenedor de China a Buenos Aires, y no se está llevando adelante un plan de obras públicas para mejorar estos temas. Entonces son muchos los aspectos en los que Argentina entendemos que tiene que trabajar como país.

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Argentina, y volviendo al textil, tiene todo, todo para poder desarrollarse. Tenemos fibras naturales muy valoradas en el mundo: el algodón en el norte, los camélidos en el oeste, la lana en el sur. Tenemos tejedorías y hilanderías de primer nivel mundial, con inversiones récord en los últimos años, hasta 2023 en realidad. Tenemos profesionales impecables, diseñadores, ingenieros, y marcas de prestigio internacional que logran exportar. Como te decía, nosotros podemos multiplicar por 30 lo que sale el algodón, por decir un ejemplo, agregándole todos estos eslabones productivos con prenda y marca. El potencial que tiene Argentina es enorme.

La ventaja competitiva que nosotros tendríamos no es la escala, el tamaño que tiene China, de más de 1.000 millones de personas que le permiten tener, no sé, 500 millones de trabajadores y consumidores también para su propio mercado interno. Pero nosotros tenemos algodón, tenemos en la Patagonia lana, tenemos lino, y esa sí es una ventaja competitiva. Recuerdo que la industria textil fue la más importante a partir de la Revolución Industrial hace casi 300 años, y que la discusión central en la guerra civil norteamericana era casualmente el algodón. O sea, Inglaterra quería quedarse con el algodón y fomentaba a favor de los estados esclavistas para que aumentara la producción de algodón en contra de los estados federales del norte. 

Es decir, tener el algodón hace 250 o 300 años era clave, y la industria textil es la industria más importante del mundo con la Revolución Industrial. Después se hablaba de que en la Argentina, por ejemplo, nosotros enviábamos nuestras mercaderías a Inglaterra en el año 1800 y volvían en forma de productos elaborados. China es hoy la Inglaterra de hace 250 años. ¿Es más importante la materia prima o el costo de producción? La materia prima pasa a ser secundaria. El famoso tema del chocolate belga o suizo, que se utiliza cacao sudamericano para producirlo, pero va y vuelve producido mucho más caro. ¿Podría explicar de manera didáctica qué grado de importancia tiene la materia prima, el algodón, la lana, respecto del producto terminado? ¿O es solo el 5% del costo y lo que importa es la capacidad de producirlo rápidamente?

Lo que agrega valor son los procesos industriales y tecnológicos. Como bien decías, el orden mundial de hace siglos era justamente la relación norte-sur, el sur proveyendo materias primas. En Argentina teníamos en el siglo XIX este tema de exportar cuero y comprar los zapatos, la marroquinería, un debate de la época muy interesante, y se da hoy esto con China, porque en un punto ese vínculo comercial genera, si no hay política pública deliberada, cierta primarización de la economía. 

China consume materias primas a un nivel fenomenal e industrializa esos bienes, les agrega conocimiento, trabajo, servicios y los vende a una escala muy masiva. Argentina necesita ganar escala, por un lado, como se hablaba de los mercados de exportación, para poder generar un mercado más amplio. Este es un tema que está afectando al mundo. Vemos los países desarrollados hoy de Europa o mismo Estados Unidos, cómo regulan, cómo piensan la política pública para tratar de que las fábricas vuelvan a territorio estadounidense.

Creo que se dieron cuenta de que habían perdido muchísimo empleo, muchísimo bienestar de la población con el fenómeno del offshoring, que fue cuando las fábricas fueron a Asia para abaratar costos, sobre todo laborales, y empezaron a regular, sobre todo en los últimos años, para tratar de atraer las fábricas nuevamente, porque son, en definitiva, los que generan valor, salarios de calidad y también soberanía. Porque tener el manejo del conocimiento, y de bienes estratégicos es soberanía también para cualquier país.

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La lana con la que se produce en China, ¿de dónde proviene? ¿Es producida en China o es importada China de otros lugares y, en ese caso, de dónde?

El algodón es un commodity. Se vende a precio internacional. China compra algodón de muchísimos países. Tiene que abastecer una industria fenomenal, y no solo China, porque también el sudeste asiático a nivel textil tiene incluso normas laborales mucho más flexibles que China, normas ambientales también más flexibles, y generan una competencia desleal grande. Y China además tiene el tema de que subsidia los precios finales. Hay muchos Estados que subsidian costos o subsidian precios finales y generan cierta relación de dumping para con los mercados. A esto sumémosle que, como te decía, el mundo desarrollado empieza a cerrar un poco sus puertas para fomentar el trabajo fronteras adentro, y todos los productos que Asia no puede colocar en esos mercados tan grandes empiezan a agotarse.

La mayoría de los productos textiles se hacen con algodón y lana, ¿esos son los dos componentes más importantes?

No, también están las fibras sintéticas. Son fibras derivadas de la petroquímica, que puede ser poliéster, lycra y más.

¿Qué porcentaje es algodón y lana? ¿Qué es lo que nosotros tenemos del total de los productos textiles?

A nivel mundial no te podría decir, pero el mercado sintético ganó muchísimo peso porque es mucho más barato. También es de peor calidad, peor para la salud y demás...

Es más, me dicen que las generaciones jóvenes ya directamente ni tienen plancha, porque es todo sintético.

Claro, hay que diferenciar sintético del clásico, y después están los textiles inteligentes, que tienen incorporada tecnología para, por ejemplo, que no se arrugue. Pero como te decía, el consumidor un poco más sofisticado está empezando a valorar y a volver a la fibra natural.

Entonces, tener la ventaja y tener la materia prima no cuenta, porque la materia prima es un porcentaje muy pequeño.O sea, tener el algodón no alcanza para nada. Tener la lana no alcanza para nada para construir una ventaja competitiva. Sí podríamos ser competitivos entonces en productos de mucha calidad, que no tengan las fibras estas sintéticas, que no precisen de las materias primas. O sea, que Argentina podría orientarse a los productos de alta calidad. ¿Esa sería la solución?

En realidad Argentina eso en parte, ¿por qué? Porque Argentina es uno de los pocos países, solo ocho países en el mundo, que tienen toda la cadena de valor completa. Nosotros tenemos, además de estas fibras naturales que están cada vez más valoradas en el mundo, porque son biodegradables, no contaminan tanto, son mejores para la salud, etcétera. Tenemos esas fibras naturales de alta calidad, tenemos hilanderías y tejedorías de primer nivel, plantas de nivel internacional, y tenemos diseñadores, ingenieros y confeccionistas de primer nivel. Entonces, tenemos una ventaja competitiva en términos de recursos naturales, pero también toda la cadena, y por eso se necesitan condiciones para poder ampliar el mercado hacia mercados de exportación y lograr desarrollar más el sector.

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¿Cuáles son esos ocho países que tienen integrada toda la capacidad de producción?

Estados Unidos, Argentina, Brasil lo tiene. Lo tiene también. Por ejemplo, el caso de Perú y Estados Unidos es muy interesante, porque Estados Unidos compra el algodón peruano, que Perú tiene un algodón de altísima calidad, pero no tiene el resto de la cadena. Estados Unidos tenía toda la cadena y todavía la tiene, pero perdió mucha potencia en eslabones por la deslocalización en Asia. China la tiene, pero no tiene abastecimiento de fibras naturales. India también tiene. Son varios los países, me faltó alguno de la lista, pero son muy poquitos y Argentina es uno de ellos. Lo que sí no contamos hoy es con la fabricación de las fibras sintéticas en sí, porque luego del proceso de los 90 se perdieron esas capacidades en términos petroquímicos, y ese insumo sí es importado. Y fue algo que afectó en la pandemia de manera importante el abastecimiento.

Las fibras sintéticas son derivados de la petroquímica. Por ejemplo, se llama POI, que son, para decirlo lisa y llanamente, como plastiquitos que atraviesan un proceso industrial de arremetiente y se forma un hilado sintético con esa fibra y una combinación con otros materiales. Con ese hilado, en general, o es puro sintético o se mezcla con fibras naturales como algodón, y ahí vemos prendas que, por ejemplo, son 90% algodón, 10% poliéster; 70% algodón, 30% poliéster, y distintos tipos de mezclas. Cuanto más natural es la prenda, de mayor calidad se la considera. Y después, dentro de cada fibra, lógicamente, hay distintas calidades de algodón, distintos materiales.