Sebastián Lacunza: "No habría Milei sin Macri"
El periodista afirmó que la caída de Manuel Adorni "termina de sepultar la promesa anticasta", definió a Diego Santilli como "el más casta de todos" y cuestionó la idea de que el oficialismo represente una renovación política.
"No hay mileísmo sin macrismo", resumió Sebastián Lacunza al analizar la evolución del Gobierno de Javier Milei. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el periodista consideró que la salida de Manuel Adorni marcó "el fin del relato anticasta regenerativo", cuestionó el creciente peso de dirigentes provenientes del PRO y advirtió que todavía es "apresurado" hacer pronósticos sobre una eventual reelección presidencial.
Sebastián Lacunza es un periodista, corresponsal, columnista. Se desempeñó como director periodístico del emblemático diario en inglés Buenos Aires Herald. Ejerció durante 13 años como redactor y editor de la sección Internacionales de Ámbito Financiero. Trabaja como columnista político dominical del diario ARTE desde su fundación, en el año 2020. También ejerce como corresponsal en Argentina de la organización global Reporteros Sin Fronteras. Ha escrito obras como El testigo inglés (2021), Pensar el periodismo (2016) y Wikileaks (2012).
—Tuviste mucho que ver en la anticipación del caso Adorni. Me gustaría un balance tuyo de cómo terminó el caso, de cómo desapareció, de cómo finalmente el Mundial también ayudó a borrar el caso Adorni. ¿Cuánto creés que puede dejar de huella, de estigma para el Gobierno, en la asociación entre corrupción y La Libertad Avanza?
—Creo que Adorni reflejó lo que fue el ascenso del grupo político Milei. Es decir, un conjunto de advenedizos, en muchos casos, de gente vinculada a ideas extremas en la economía, panelistas, etcétera. Y que había encontrado en el destituido jefe de Gabinete a su exponente más incisivo en los medios y a la persona a la cual los Milei habían apoyado como a nadie. Lo crearon como figura política, le dieron máxima visibilidad y, de alguna manera, su caída termina de sepultar la promesa de la innovación anticasta, de algo que una parte de la sociedad decidió, en algún momento, creer que fue un supuesto combate a la corrupción, o una reacción frente al robo de los recursos del Estado.
Creo que Manuel Adorni demostró que se tentó con todo. De negocios, negocitos, una riqueza injustificable. Es un exponente en un gobierno que está atravesado por la corrupción. No es el caso más grave. Hay otros indicios que afectan a los hermanos Milei mucho más serios. Pero diría que, de alguna manera, concluyó ese relato anticasta regenerativo que tuvo tanto andamiaje en el propio discurso de Milei como en la prensa oficialista.
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—¿Adorni es el significante más visible de algo mucho más amplio, que es un gobierno constituido por un conjunto de lumpens?
—Es una palabra fuerte, pero en algunos casos lo son claramente. Ha tenido condimentos provenientes de diferentes ámbitos colectivos. Sí, había un cardumen de ultraderecha que se venía cocinando a fuego lento, en la última década, desde el inicio del gobierno de Mauricio Macri. Y allí orbitaban todos ellos. Y ahí hay figuras tan disímiles como Victoria Villarruel, José Luis Espert, Diego Fanuolo, Adorni, digamos, que en un momento rodeó la candidatura de Espert del año 2019. Después se tradujo en algo mucho más amplio, más diverso incluso, con el ascenso de Javier Milei, más complejo, con más fuerza. Habían pasado cosas en Argentina y en el mundo. En más de un sentido, la mala praxis, la ruindad en la acción política que exhibe el gobierno de Milei sí tiene que ver con eso. Con quiénes eran los personajes que protagonizaban ese ascenso.
—Vos mencionaste el tema de la casta, que evidentemente no lo era Adorni; casualmente era un lumpen. Pero sí hay otros integrantes de la casta que van cobrando importancia. Me gustaría tu visión respecto de Santilli, de cuánto ordena Santilli en el reemplazo de Adorni. Si realmente hay un reemplazo de Santilli por Adorni, cuál es la eliminación de la Jefatura de Gabinete al fusionarla con el Ministerio del Interior. Y lo que hay es un fuerte ministro del Interior, como era en otras épocas, pero no hay un jefe de Gabinete.
—La figura del jefe de Gabinete, tal como fue concebida en la reforma constitucional de 1994, se dio pocas veces en la Argentina. En cuanto a un jefe de ministros que administrara el Estado, en la faz política fuera una figura muy importante y fusible del presidente, son contadas las veces que se han dado. El alcance de Santilli, sometido a la regla de Karina Milei y los Menem, eso no agota a Santilli solamente a eso, a una figura deliberativa. No lo es. Él también es un personaje con una tradición en el PRO.
Pero yo diría, Jorge, que lo que expone este ascenso, este reino de la casta, este gabinete formado por integrantes del PRO de Mauricio Macri, de muy alto nivel, tanto por la posición que ocuparon en el gobierno de Cambiemos como por, ni más ni menos, que candidatos a presidente, como fue Patricia Bullrich, ministra de Seguridad hasta hace poco, etcétera, a mí me parece que nos conduce a un dato estructural de la realidad política argentina: que no hay mileísmo sin macrismo. No se explica a Milei sin Macri.
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Esto, dicho así, que requeriría una serie de explicaciones y demás, al observar ambos gabinetes me parece que nos ahorra palabras. Hay una continuidad ahí muy marcada. En el caso de Santilli, tan hipercasta. El más casta de todos. No es una palabra que yo asuma como propia. Pero vamos a tomarla prestada del mundo de Milei. Por todos los ángulos se explica la figura de Santilli como una figura de la casta. Y allí está. Por eso digo: el fin de Adorni marcó un hito de un gobierno, tanto en la fase de la supuesta regeneración como en la fase de la iniquidad.
—La tapa que está saliendo hoy a la venta de la revista Noticias, que plantea la cuestión de fondo, lo que representa el cambio, finalmente, de Santilli por Adorni. Es "Messi juega solo". Es una foto de Messi en un balcón, de espaldas, con una camiseta argentina que dice "Milei 2027". Ayer, en la Bolsa, Milei dijo que va a ser reelecto. Varios analistas coinciden con este pronóstico. ¿Cuál es, a tu juicio, la posibilidad de que realmente sea reelecto?
—El exitismo forma parte de los políticos. Recordemos al Milei del 2025, que decía que iba a exterminar al peronismo un mes y medio antes de la derrota en la provincia de Buenos Aires, por los términos en que fue. Una derrota hipercontundente que dejó un dato político que después quedó matizado o revertido por la elección general. La elección provincial de septiembre dejó un dato que hay que leer. Sobre esa chance de reelección, hay muchísimas incógnitas. Los datos del nivel de ingresos, de salario, del mercado laboral siembran muchas dudas. Está el activo del dólar barato, que siempre ha sido un gran activo. Se ha visto en Argentina. Y una inflación que probablemente puedan contener en los niveles actuales o un poco menos sigue siendo el principal activo de Milei. Ha subido y bajado, etcétera.
Pero hay analistas financieros y económicos que dicen que es probable que Milei llegue a las elecciones con este nivel inflacionario. Probable. Muchos no lo aseguran porque han errado mucho. Y porque sería aventurado, porque también dependería de las encuestas que vengan.
Me parece apresurado prever, determinar o decir que la chance de reelección de Milei es alta o baja. Me parece que hay elementos para pensar y ha habido muchas sorpresas en el escenario político argentino en las últimas elecciones, muy marcadas. Desde la victoria de Macri en adelante, la victoria de Alberto Fernández, la de Milei... Los últimos presidentes, de hecho, han sido electos por márgenes sorprendentes. Por ese motivo yo me atasco mucho con las encuestas. Más allá de que algunas tienen deficiencias probadas, otras no, otras son serias, pero me atasco mucho.
—Pero tu propia opinión sobre la relación de fuerzas de la política argentina. ¿Le asignás más chances de que sea reelecto o no, independientemente de cualquier encuesta?
—Me niego a afirmar una cosa o la otra, porque me parece que hay elementos que tienen que coincidir.
—Hay tantas chances de que sea reelecto como de que no.
—Sí
RM/ff