Show, impro y baile

Cindy Cats reventó la pista: Trueno, Ángela Torres y un ensamble donde el funk se fusionó con la cumbia y el reggaetón

El colectivo musical brilló en una nueva "jam session" que cruzó todos los géneros. Con un formato inmersivo, artistas de lujo y un cypher rapero memorable, la banda demostró que la improvisación es parte del furor porteño.

Cindy Cats en Amerika Foto: Cindy Cats - DF

El humo blanco se cortaba con el giro denso de los ventiladores al mango, mientras las pantallas de Amérika escupían colores estratosféricos que parecían respirar al compás de un bajo que pegaba en el pecho. En ese multiverso inmersivo, la Cindy Cats Jam pateó los manuales y logró la mezcla impensada de fundir ritmos que en los papeles parecían destinados a no cruzarse jamás. Entre el sudor de la pista y una zapada salvaje donde el funk se devoró al reggaetón y el hip hop marcó el pulso de la noche, quedó claro que la improvisación ya no es un ensayo a puertas cerradas: hoy por hoy, es el ritual más eléctrico y vivo de la escena porteña.

La noche arrancó temprano y con todos los sentidos alerta. Desde la apertura de puertas a las siete de la tarde, la DJ Uopa Nachi calentó el lugar remixeando éxitos nacionales e internacionales de todos los géneros. Ahí, pegado a las bandejas y bajo un foco de luz puntual, el artista plástico Pato Lobo se pasó todo el show dibujando en vivo. Cuando los relojes marcaron las 21:40, la banda anfitriona tomó el control bajo un juego de pantallas y luces de colores estratosféricos que latían al ritmo exacto de cada acorde.

El desfile de figuras fue un delirio constante. Tras romper el hielo con "Sábado", el cantante Fabro se sumó para hacer "No era amor", abriendo la puerta a una seguidilla imparable. Ramma aportó su magia con "Algún día" y "Bicho de ciudad", pero fue Juan Quintero quien pateó el tablero: el folklore invadió el momento y su clásica versión de "Carnavalito" mutó en vivo hacia un funk groove cool, estético y bien cuidado, antes de despachar el "Huayno del diablo".

La temperatura subió todavía más con la irrupción de Ángela Torres. Suelta y  plantada, la artista se adueñó del escenario para clavar "Favorita", impulsada por un bajo tan pesado que rebotaba en las paredes con una fuerza inusitada. Fue luego el turno de "Perdóname", que la marea de gente coreó a los gritos, casi como si fuera el último show que iban a presenciar.

El pico de la noche fue una verdadera avalancha sonora. Trueno detonó el lugar con "Estilo sudaka" y "Fresh", dándole paso a un cypher rapero memorable. En ese instante, una multitud de artistas diversos de la escena local del rap subió y bajó del escenario para fundirse en una jam improvisada de rimas sobre una base estrictamente funkera, donde hasta los propios músicos intercambiaron instrumentos en plena zapada.

Luego, la fiesta giró hacia un set cumbiero letal con Ivonne y FMK, para luego dar un volantazo urbano reversionando a Bad Bunny y a Don Omar a puro funk.

La ecuación es simple: Cindy Cats logra una alquimia sonora impensada para el oído popular, ya que funden en un mismo setlist ritmos que, hasta esta noche, parecían no tener permiso para cruzarse.

En medio del agite constante, también hubo un espacio clave para la solidaridad. Durante el show, reveló que armaron una alianza con My Custom Shop para bancar al taller "Juntos a la Par" de La Plata. En el marco del proyecto "Voces que Construyen", montaron un punto de recolección en la puerta del recinto para recibir alimentos no perecederos y rescatar instrumentos, accesorios o micrófonos en buen estado.

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El fenómeno detrás de la zapada

Este éxito de convocatoria no es obra de la casualidad. Cindy Cats funciona como un colectivo argentino que oficia de puente directo entre distintas generaciones, cultura y artistas. Comandado por la visión musical de Pedro Pasquale, Axel Introini, Francisco Alduncin, Felipe Herrera y Julián Gallo, el grupo se dedica a reinterpretar canciones en vivo con figuras invitadas, inyectándole una nueva energía a la música en vivo.

La clave de este suceso radica en el misterio y el talento sin filtros. La propuesta logró trasladar la clásica dinámica de las jam sessions jazzísticas al universo más descontracturado del rock, el pop y lo urbano. El público asiste sabiendo que va a ver a músicos de primer nivel improvisando de manera informal, sin ensayos previos ni guiones prefabricados, pero con la adrenalina de no tener la menor idea de quiénes van a aparecer sobre el escenario.

Desde que empezaron a compartir espacios con referentes internacionales en 2023, la movida creció a pasos agigantados gracias al boca a boca y la tracción en redes sociales. El formato, a estas alturas, se consolidó como una experiencia 360 grados que mezcla música, pintura, moda y fotografía. Por este laboratorio ya pasaron leyendas como David Lebón e Hilda Lizarazu, figuras como Dante Spinetta y Emilia, y hasta se dieron el lujo de tener a Rosalía agitando desde el público.

TC