Autodestrucción

El atributo perdido y las columnas de Sansón

Cuando un líder cree “que tiene un atributo natural, y por lo tanto inmodificable, para interpretar la realidad social mejor que los demás”, se equivoca y demuestra no comprender el origen del poder político ni cómo funciona, sostiene el autor.

Sansón muere atado a las columnas del Templo Foto: Captura web

Todos los líderes políticos que permanecen un tiempo prolongado en el poder comparten, para lograr esa permanencia, un atributo. Una característica superior. No se trata de un modo de hablar, de ser o de pensar. No tiene que ver con la correlación de fuerzas o la construcción partidaria.

Algunos analistas -y lo que es más preocupante-, algunos protagonistas, lo ven como un don, una especie de cualidad o talento natural más valioso incluso que el carisma: la capacidad de interpretar, organizar y conducir en un momento histórico determinado, el humor social: el estado de ánimo colectivo, las broncas, esperanzas y expectativas comunes de una población diversa pero sujeta a las mismas condiciones de vida.

Javier Milei y el proyecto libertario llegaron al gobierno porque supieron interpretar mejor que Sergio Massa y el peronismo mágico ese humor social, devenido en malestar, en octubre de 2023. No fue un logro menor. Tampoco uno superlativo. Mantenerse es otra cosa.

Y en ese sentido, creer que se tiene un atributo natural, y por lo tanto inmodificable, para interpretar la realidad social mejor que los demás, es no haber comprendido el origen del poder político ni cómo funciona.

Es el error más importante del gobierno. Más que las derrotas legislativas o la derrota electoral reciente en Santiago del Estero. 

Creer que se tiene un atributo natural, y por lo tanto inmodificable, para interpretar la realidad social mejor que los demás, es no haber comprendido el origen del poder político ni cómo funciona"

No importa cuál sea el elemento de la agenda pública que uno tome, o el indicador económico que uno mida, el gobierno se encuentra alejado completamente de la realidad y ya no puede interpretarla. Mucho menos organizarla o conducirla. Por eso va de derrota en derrota.

Sólo quienes están alejados, muy alejados del sentir popular, pueden proponer el tratamiento de una ley de extranjerización de tierras a 10 días del partido mundialista (y la bandera) contra los ingleses. No sienten la calle.

Han perdido el atributo que los condujo al poder. Y esto es muy difícil de modificar. La historia y la literatura están llenas de relatos sobre personajes poderosos que no entendieron de dónde les venía el poder y por esa misma razón, lo perdieron.

El más sorprendente, por sus insospechados paralelismos, es sin duda el de Sansón

Sansón no era poderoso porque tuviera el pelo largo. Sus 7 trenzas son apenas la base material, el atributo visible de un pacto sagrado que lo diferenciaba de los demás y le permitía imponerse a sus enemigos.  Era el pacto, no el pelo.

Destruyó a algunos de sus enemigos, pero también se destruyó a sí mismo"

Y, de hecho, antes de perderlo recibió varias advertencias. Dalila ya lo había traicionado y entregado a los filisteos en 2 ocasiones y, sin embargo, a sabiendas de que lo iba a entregar nuevamente, él le confiesa su secreto. Sansón cree, en su fuero más íntimo, que la fuerza le pertenece a él  y que volverá a triunfar como lo hizo las veces anteriores.

Pero no, esta vez es capturado, le cortan el pelo, pierde la fuerza, le arrancan los ojos y lo encarcelan.

Completamente ciego y reducido a la esclavitud, el pelo comienza a crecer nuevamente y con él, su fuerza.

El final del relato es lo verdaderamente interesante: Sansón no utiliza la fuerza recuperada para reconstruir el vínculo con su pueblo, ni para liberarlo ni para hacer justicia: pide que lo pongan entre las columnas que sostenían al templo más grande de los filisteos en plena fiesta y las derriba. 

Destruyó a algunos de sus enemigos, claro, pero también destruyó el lugar donde estaba parado, y al hacerlo, se destruyó a sí mismo.

Milei no llegó al poder por la fuerza de su discurso, sino porque supo interpretar y canalizar el malestar de una sociedad que los partidos tradicionales no habían querido escuchar. Ese fue su atributo. Si lo perdió, ya no sirve gritar más fuerte o huir para adelante.

Sansón había recuperado algo de su fuerza cuando derribó las columnas. Lo que había perdido era algo más importante: la capacidad de comprender dónde estaba parado.

El peligro de perder un atributo que se creía enviado por los dioses es políticamente tremendo. Autodestructivo. Fatal para los proyectos de reelección.

*Sociólogo (UBA)