El catálogo de disparates de Donald Trump, del delirio en Ormuz a la fuga secreta con la "impresora humana"
La declaración del Estrecho de Ormuz como suelo estadounidense, el acercamiento a Corea del Norte y la insólita huida en un avión con Natalie Harp confirman el quiebre de toda lógica en la Casa Blanca.
A esta altura del partido, intentar interpretar la política exterior de Donald Trump requiere abandonar el terreno de la lógica tradicional. Uno puede comprender y analizar el error de política internacional, la equivocación estratégica, la mala medida e incluso un acto de corrupción; todos responden a una motivación o mecánica inteligible. Lo que resulta lisa y llanamente incomprensible es cuando la gestión pública se adentra directo en el terreno del delirio.
La reciente decisión de declarar al Estrecho de Ormuz como "nuevo territorio estadounidense" no tiene antecedentes ni significado práctico. Es un acto demencial y una soberana tontería que hace que el mundo se le pida de risa. Ya lo intentó sin éxito en otras partes del planeta —con Panamá, con Groenlandia o con Canadá— y ahora pretende marcar un mapa en el Golfo Pérsico como si fuera propio. Además, afirma que el estrecho está "abierto y operativo", una falsedad absoluta. ¿El presidente de los Estados Unidos asume realmente que alguien con sentido común puede tomar en serio semejantes disparates?
Este catálogo de decisiones desconectadas de la realidad tiene efectos geopolíticos inmediatos y devastadores. En un movimiento tan insólito como desprotector, Trump ha decidido presumir su "buena relación" con el dictador norcoreano Kim Jong-un, al mismo tiempo que mantiene abierta la tensión con Irán.
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Al estrechar lazos con el régimen de Pionyang, desampara de forma directa a Corea del Sur, un histórico aliado de Occidente que formalmente continúa en un estado de guerra no resuelto con el Norte. Que el líder del país más poderoso del mundo deje a sus propios aliados temerosos de Washington y obligados a reforzar sus defensas de emergencia no es solo un error táctico: es una muestra de desorientación estratégica.
Este escenario caótico comienza a pasarle factura en la opinión pública. La última encuesta elaborada por la consultora Ipsos y la agencia Reuters ubica la aprobación del mandatario en un piso crítico del 33%, contra una desaprobación que supera holgadamente el 60%.
Para terminar de componer este escenario del inframundo político, el pánico y el secretismo volvieron a sacudir a la Casa Blanca. Un reciente episodio derivó en un auténtico "escandalete" tras el escape de Trump desde Turquía. Bajo el inverosímil argumento de que el Air Force One estaba a punto de ser atacado por las fuerzas iraníes —una versión sin consistencia técnica alguna—, el presidente fue evacuado en una maniobra digna de David Copperfield: descendió del avión presidencial escondido en un container para abordar a escondidas una aeronave más pequeña.
Lo escandaloso, denunciado en el Capitolio por el senador opositor John Ossoff, es que el mandatario abandonó a funcionarios y periodistas a bordo de la nave supuestamente amenazada y huyó acompañado únicamente por una persona: Natalie Harp, su asistente personal de 35 años conocida en el ambiente como la "impresora humana".
Harp ha cobrado un poder exorbitante por una particularidad que comparte con el mandatario: la obsesión por el papel. Toda la documentación que lee Trump —desde reportes oficiales e informes de prensa hasta los artículos que selecciona para insultar a periodistas en redes sociales— pasa indefectiblemente por sus manos.
Al ser consultado sobre los motivos de este viaje en solitario y sobre sus oscuros acercamientos al régimen de Corea del Norte, la reacción de Trump ante los cronistas en la Casa Blanca fue la habitual frente a las preguntas incómodas: estalló en insultos contra la periodista Kristen Holmes y evitó dar respuestas sobre un comportamiento que roza, cada día más, la absoluta irracionalidad.
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