El deporte que se hace define cómo se envejecerá
Varias actividades físicas adiestran cuerpo y mente para anticipar situaciones, cambiar de dirección, coordinar movimientos, decidir y tolerar la frustración. En él “hay competencia, cooperación, conversación y pertenencia”, sintetiza el autor.
Con la llegada de la primavera, el cuerpo pide volver a moverse. Es la época en la que reaparecen las ganas de salir, entrenar al aire libre y ponernos en forma antes del verano. Sin embargo, detrás de ese impulso estacional, suele esconderse una pregunta que, a veces, nos hacemos demasiado tarde: ¿qué puedo hacer hoy para llegar mejor a los próximos veinte o treinta años?
La respuesta no está solo en un suplemento, un análisis o una dieta de moda. También está en algo mucho más sencillo: encontrar una actividad física que disfrutemos (y sostengamos a lo largo del tiempo).
Así lo sugiere un estudio del Copenhagen City Heart Study, publicado en Mayo Clinic Proceedings, que siguió durante 25 años a 8.577 personas y encontró una asociación entre distintos deportes y una mayor expectativa de vida. El tenis apareció primero, con una ganancia estimada de 9,7 años respecto de las personas sedentarias; le siguieron el bádminton, con 6,2 años; el fútbol, con 4,7; el ciclismo, con 3,7; la natación, con 3,4; el running, con 3,2; la calistenia, con 3,1; y el gimnasio, con 1,5.
Sin embargo, debemos leer esos números con cuidado: no significa que jugar al tenis vaya a regalarnos 9,7 años de vida. Es un estudio observacional y muestra asociaciones, no una relación de causa y efecto. Pero el ranking plantea una pregunta interesante: ¿qué tienen en común las actividades que aparecen arriba?
El tenis, el bádminton y los deportes de equipo no solamente ponen al cuerpo en movimiento. Obligan a reaccionar, anticipar, cambiar de dirección, coordinar movimientos, tomar decisiones, tolerar la frustración y convivir con situaciones adversas. Además, nos ponen frente a otras personas. Hay competencia, cooperación, conversación y pertenencia.
El ejercicio deja de ser solamente muscular y se convierte también en un estímulo para el cerebro, la vida social y resiliencia.
Esta combinación es particularmente relevante cuando hablamos de longevidad. Envejecer saludablemente no consiste simplemente en mantener el corazón funcionando: consiste en preservar las capacidades que nos permiten seguir siendo autónomos. Músculos, equilibrio, coordinación, capacidad cardiovascular, agilidad mental y vínculos forman parte de un mismo sistema.
Por eso, tampoco debemos interpretar que el gimnasio, último en el ranking, sea menos importante. De hecho, la fuerza muscular es uno de los pilares del envejecimiento saludable: con los años perdemos músculo y capacidad funcional, y esa pérdida puede comprometer el equilibrio, la movilidad y la independencia. (todo esto nos aleja de a fragilidad). El entrenamiento de fuerza debería complementar al deporte que elijamos disfrutar.
Pero vale la pena la siguiente aclaración (con mayúsculas): la mejor actividad física es aquella que podamos sostener. No sirve elegir el deporte “perfecto” durante tres semanas y abandonarlo después. La longevidad saludable se construye con hábitos repetidos, no con esfuerzos aislados. En ese sentido, el estudio deja una enseñanza que va más allá de su ranking: movernos importa, pero sostener el movimiento importa todavía más.
Desde una mirada de medicina integrativa, además, no podemos pensar la actividad física de manera aislada. Alimentación, descanso, estrés, salud metabólica y movimiento forman parte del mismo terreno biológico.
Dormir mal, vivir bajo estrés permanente, alimentarnos de manera inadecuada y permanecer sedentarios durante horas no se compensa necesariamente con una sesión intensa de ejercicio.
También hay un beneficio que ninguna métrica alcanza a capturar por completo: el vínculo y tener un propósito de vida. En una sociedad donde la soledad y el aislamiento afectan el bienestar, jugar un partido, salir a pedalear con otros o compartir una actividad puede cuidar simultáneamente el cuerpo y la salud emocional.
Por eso, cuando hablamos de los ocho deportes asociados con mayor longevidad, no se trata de salir corriendo a comprar una raqueta. Se trata de encontrar una forma de movimiento que nos entusiasme, combinarla con fuerza, descansar adecuadamente, alimentarnos bien, sostener vínculos significativos y tener la ilusión de que llegue ese dìa que estamos esperando.
La pregunta más importante no es qué deporte encabeza un ranking. Es qué actividad estamos dispuestos a incorporar hoy para que dentro de veinte años nuestro cuerpo todavía nos permita hacer aquello que queremos hacer. Porque vivir más años es una cuestión de tiempo. Llegar a esos años con fuerza, equilibrio, autonomía, lucidez y vivirlos en plenitud es lo que nos importa realmente y nos merecemos como ser humano.
*Médico (UBA), especialista en Clínica Médica y en Medicina funcional integrativa (MN 78093/MP 70854)
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