opinión

El escenario internacional conflictivo y los dilemas de la diplomacia mundial

Gaza. Una escalada que sorprende a Occidente y Medio Oriente y obliga a tomar posiciones a potencias y estados. Foto: afp

El actual escenario internacional nos aparece altamente conflictivo y en desorden. De golpe, el escenario se agita en el orden político, bélico y diplomático, en razón de una nueva escalada en el conflicto árabe israelí, que sorprende a Occidente y Medio Oriente. Un escenario de desorden que convoca a tomar posiciones a potencias y estados parte de los conflictos.

Ello obliga a las potencias y países actores de la región a ratificar sus posiciones en el tablero internacional, y los lleva a reaccionar de manera activa en defensa de las víctimas de los ataques sufridos por el Estado de Israel. A su vez, por razón de los durísimos ataques de los grupos guerrilleros terroristas Hamás y Hezbolla, los demás Estados árabes vecinos se ven obligados a defenderse de falsas acusaciones de participación, o a aceptar públicamente que acusan a Israel de un exceso permanente de avances expansivos de carácter territorial y poblacional.

Este grave conflicto reavivado, que se ha cobrado miles de víctimas fatales, heridos y hasta cientos de personas –y niños– secuestrados por los grupos guerrilleros de Hamas y Hezbolla, nos genera inmediatamente algunos interrogantes o preguntas sobre el origen y objeto de esta desmedida reacción terrorista sobre el Estado de Israel. Para con ello lograr un análisis más acertado.

La primera pregunta que surge a los analistas es : ¿ porqué ahora en este momento el extremismo de Hamás ha decidido atacar la franja de Gaza y diversos puntos del sur y norte del Estado de Israel ¿?

La segunda pregunta que nos aparece para analizar es: ¿cómo es que tales grupos guerrilleros extremos han logrado infiltrar durante meses a miles de terroristas pasivos. ¿Y que luego se activan en pocos días,  de manera sorpresiva, organizan los ataques externos y las barbaries internas que sufren los diversos hogares, asentamientos y familias israelíes indefensas…?

Por último, este conflicto con tanta historia: ¿puede tener alguna relación directa o indirecta con la guerra que lleva un año entre Rusia y Ucrania?

Sabemos bien que Palestina, principal enemigo de Israel durante años, nunca aceptó ni la independencia ni la ocupación de territorios que considera propios de Palestina en la Franja y en Jerusalém. Muchos años buscó por vía de la guerra y también por la diplomacia bilateral y multilateral,  ser reconocida a través de sus estados vecinos del mismo tinte étnico, político, religioso. Fue aceptada su condición de Estado independiente en el año 1988. Ello no cesó los reclamos territoriales por parte de Israel de territorios que ocupa Palestina y viceversa. A la vez que Israel sabemos que considera a Jerusalém su única capital, lo que también es reclamado por Palestina.

Respondiendo la primera pregunta, podríamos explicar su respuesta al considerar el cansancio y hartazgo que existe en la dirigencia Palestina, que de años visualiza avances territoriales y reclamos de Israel, en un mundo contemporáneo donde estamos acostumbrados a soluciones y negociaciones diplomáticas. El siglo XXI no protagonizó guerras frontales como las que antes sí vivieron Israel y Palestina. Las soluciones no diplomáticas y el uso de extremismos guerrilleros son elementos violentos que constituyen “una herramienta útil de reactivación del conflicto”, obligando a las potencias a la reactivación del tratamiento de la cuestión pendiente.  Por ello Hamás atacó en una arremetida violenta el pasado 7 de octubre para desencadenar una guerra del Estado israelí que aún controla territorio palestino. A su vez contra Estados Unidos y aliados occidentales que han condenado el ataque y estarían enviando ayuda bélica a Israel. 

La segunda pregunta sobre los casi mil infiltrados que prepararon el escenario dentro del territorio israelí hasta el 7 de octubre es más difícil de responder. No sólo por tratarse de servicios de inteligencia y estrategia de primer nivel, sino porque nos ha mostrado que las alarmas del 11 de septiembre de 2011, no estarían ahora lo suficientemente prestas para la prevención de emergencias, catástrofes y guerras. Sabemos bien que se trata de una guerra con un componente extremo y terrorista y por tanto, una guerra silenciosa y artera. La permanente alarma sobre estos casos en flancos considerados débiles o plausibles de ataques, ha fracasado. Extremistas perforaron uno de los corazones centrales de la inteligencia del mundo, generando una sensación de impotencia y terror para todos los países ciudades y ciudadanos que alguna vez hemos sido víctimas de atentados extremistas.

La Argentina está en esta lista. Por ello es siempre aconsejable tomar todas las precauciones y estudios de seguridad e inteligencia del caso. A más de custodiar y proteger a los connacionales argentinos en territorio en guerra. Y considerar que la diplomacia profesional ha trabajado denodadamente en esta cuestión para la pacificación y seguridad del país desde los atentados de 1992 y 1994, más allá de las cuestiones jurisdiccionales pendientes de resolución sobre los atentados. Ello implica alertas e implica continuidad y coherencia en la política exterior nacional y pragmática.

Por último existe la tercera pregunta: si esta guerra se relaciona con la desgraciada y extensa confrontación de Rusia y Ucrania, donde atraviesan cuestiones políticas,  economía, comerciales y culturales.  Siempre podría especularse con una estrategia de distracción diplomáticas. Podría considerarse y estudiarse,  antes de descartar todo relacionamiento. Pero no aparecen indicios ciertos ni  elementos probados que relacionen a Rusia o Ucrania en ello. Por ello invitamos a evitar especulaciones comunicacionales en la materia manteniendo una conducta de análisis profesional aplicable en estas cuestiones internacionales.

Debemos aceptar que más allá que el arte y oficio de la diplomacia son parte de la excelencia de la política como arte para negociar y sostener la paz, aún el siglo XXI nos presenta desafíos nacionales e internacionales que están pendientes. Muchas de las veces por ideologías, problemas raciales y xenofobias, que atraviesan la meta de la paz y la seguridad internacional.

*Director de la Escuela de Relaciones Internacionales de USAL.