Está Vladimir Putin en China e hizo una declaración conmovedora, casi hasta las lágrimas, en favor de la paz. Pedazo de hijo de puta.
“Sin aliarnos contra nadie, buscamos la paz y la prosperidad universal”, dijo ayer en un discurso, sin inmutarse, quien fue definido —por la mejor definición de él la dio Joe Biden, que dio dos grandes definiciones en su mandato—.
La primera fue cuando asumió, que dijo que la democracia había sobrevivido en Estados Unidos, y la segunda fue cuando calificó a Putin de “asesino hijo de puta”, así lo dijo.
Está en China. Se han conocido detalles en estas últimas horas de que militares rusos fueron entrenados por los chinos para combatir en Ucrania.
Y, de hecho, en este momento, al mismo tiempo que está Putin en China, Rusia ha iniciado unas enormes maniobras nucleares que, por supuesto, ponen al mundo bajo amenaza. Son maniobras de tres días que involucran a 64 mil soldados, 200 lanzadores de misiles, 140 aeronaves, 73 buques de superficie y 13 submarinos, ocho de ellos armados con misiles nucleares intercontinentales.

Están jugando a la guerra hasta que un día se pudra todo.
En el medio de esta historia entre Estados Unidos, Irán, China y Rusia, están los taiwaneses, que han quedado aprisionados en una situación muy complicada, porque Trump poco menos que entregó Taiwán a los chinos en su visita a Xi Jinping.
Ayer el presidente de Taiwán, Lai Ching-te, dijo que "el futuro de Taiwán no puede ser decidido por fuerzas extranjeras" y se refirió, naturalmente, a China —fuerza extranjera— y a Estados Unidos.
Me parece que el destino de Taiwán está medio sellado después de esta reunión de Estados Unidos con los chinos en Pekín.
Un Delcy Rodríguez en Irán
The New York Times ofreció un dato muy revelador: que había, aparentemente, en la mente de los norteamericanos —y de Donald Trump en particular— un Delcy Rodríguez en Irán.
¿Se entiende lo que digo, no? Alguien que podía tomar el poder luego del primer o segundo ataque, provocando un derrumbe del régimen de los ayatolás y la caída del gobierno iraní, encabezado por el presidente Masoud Pezeshkian y los matones asesinos de la Guardia Revolucionaria.
El nombre en cuestión que tenía previsto Estados Unidos para que tome el poder, el Delcy Rodríguez de Irán, era Mahmud Ahmadineyad, tristemente célebre en la República Argentina.
Dice The New York Times que, días después de los ataques israelíes que mataron al líder supremo de Irán, Alí Jamenei, y otros altos cargos en el primer movimiento de la guerra, el presidente Trump consideró públicamente que lo mejor sería que alguien de dentro de Irán tomara el control del país.
Estados Unidos e Israel entraron en conflicto con alguien en específico y muy inesperado: Mahmud Ahmadineyad. Gran investigación de varios periodistas de The New York Times. Es un expresidente iraní conocido por sus opiniones de línea dura antiisraelíes y antiestadounidenses.
Se ve que había, efectivamente, en la mente de los atacantes estadounidenses e israelíes la idea de colocar un Delcy Rodríguez, a un “chirolita” en el poder.
AS