Crónica de la degradación institucional

El laberinto de las sospechas cruzadas y las intrigas de palacio que sacuden al poder

De las pistas que salpican al presidente con el caso Libra a la tregua armada en el entorno libertario y el desfile de la impunidad en los tribunales

Caso Libra Foto: CEDOC

El panorama judicial de este país tan crónicamente judicializado no da respiro, aunque algunos expedientes parezcan moverse al ritmo de la conveniencia política. Hay que seguir con mucha atención los hilos que se van uniendo en los tribunales, porque detrás del ruido cotidiano se esconden tramas de una gravedad institucional inusitada.

El rastro de los teléfonos y el freno al "Afagate"

Empecemos por lo más explosivo. Aparentemente, la Justicia ha encontrado un valioso indicio en el teléfono celular de Mauricio Novelli. Allí figuraría un presunto trato con el presidente Javier Milei que involucra la impactante suma de 5 millones de dólares.

Son indicios que lentamente van confirmando las sospechas respecto a aquel escándalo: el lanzamiento de la famosa criptomoneda $LIBRA, que el mandatario lanzó y borró a los pocos minutos de sus redes tras el revuelo que provocó.

Foto de unidad, una agenda trabada y la interna que nadie quiere mencionar: qué dejó la mesa política del Gobierno

A través de las investigaciones judiciales, las pericias telefónicas y demás elementos, se van encontrando pistas que configuran, eventualmente, una intervención del presidente recibiendo fondos por parte de Nobile y de un hombre llamado Jaiven Davis, quien aún tendría en su poder unos 110 millones de dólares.

La Justicia habría encontrado en el celular del trader, Mauricio Novelli, un trato por 5 millones de dólares con el presidente.

Esto se cruza con otra causa que, evidentemente, ha bajado mucho de velocidad: el complejo caso del "Afagate". Hoy va a declarar, acusado de asociación ilícita y lavado de dinero en el juzgado de Lomas de Zamora, Ariel Vallejo, dueño de Sur Finanzas y conocido como el financista de Claudio "Chiqui" Tapia. Presumo que no es un ámbito muy confiable. Veremos qué ocurre allí, pero es visible cómo ha descendido la velocidad de esta investigación.

Por si fuera poco, en este desfile de datos llamativos y oscuros, se supo una cosa muy rara: la funcionaria judicial Elena Cristina Nolasco Highton —hija de la doctora Elena Highton de Nolasco, exjueza de la Corte Suprema— voló y utilizó el avión de Pablo Toviggino. El tema terrible, además, es qué tuvo que hacer allá.

Javier Milei le respondió a García Cuerva y consideró "exagerado" hablar de "terrorismo" en las redes

Para completar el mapa de las irregularidades estatales, en el caso de las "coimas" aparece Miguel Calvete, quien aparentemente se encuentra preso. Este hombre, según se investiga, convivía con funcionarios y proveedores, y se quedaba con el 20% de todo lo que se facturaba y compraba en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), la repartición pública que el Gobierno cerró.

Allí surgieron aquellos audios de Diego Spagnuolo donde nunca se supo a quién le revelaba que le pagaba un 3% de sobornos y coimas a Karina Milei y a "Lule" Menem. Ahí estaba metido el equipo de Calvetti, quedándose con "todas las vistas".

Finalmente, para cerrar el frente judicial, está el caso de Julio César Silva, el encargado del edificio de la calle Juncal y Uruguay, el conocido domicilio de los Kirchner. De acuerdo a la causa Cuadernos, el chofer Oscar Centeno decía que parte de los bolsos con la recaudación ilegal iban a parar a ese departamento.

En su oportunidad, Silva había dicho que efectivamente veía llegar a las personas con los bolsos. Sin embargo, en la audiencia de la semana pasada, el encargado desmintió tal cosa; digamos que se arrepintió y declaró que alguna vez vio algún bolso, "pero no mucho". Así estamos.

Charlatanería de palacio e infantería digital

En cuanto a la interna del Gobierno, no ha habido mayores novedades luego de la batalla campal que ocurrió entre el asesor Santiago Caputo y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. El fin de semana trajo un poco de calma tras los tantos comentarios que involucraron al propio presidente, bajo la tesis de que "al presidente le mienten".

Me detengo un segundo en los análisis de este fin de semana, sobre todo en la columna que escribió Jorge Fernández Díaz en La Nación del domingo, que es realmente importante y rescatable. Jorge cita una gran observación de Montesquieu: "los que tienen poco negocio que atender son buenos charlatanes; los intelectuales y los ocupados hablan menos".

Esta frase sirve perfectamente para entender a un estadista como Milei, que desprecia las cosas del Estado y ha cedido la operación total de su gobierno a una hermana sin la más mínima experiencia, y a un "hermano" —entre comillas— como Caputo.

La foto del "triángulo de hierro" que celebró el Gordo Dan y el álbum personal del "Peaky Blinders" a Santiago Caputo

Un personaje ingobernable, ensimismado y feroz. Un auténtico "esbirro de palacio" que audita la macroeconomía pero se dedica la mayor parte del tiempo a distraerse en Olivos con el presidente, tejiendo teorías de genio incomprendido, dictando cátedra de manera enervada y twitteando de forma incontinente bajo la idea de una "batalla cultural" basada en el bullying, el odio, la manipulación sistemática de los hechos y el descrédito de cualquiera que intente contradecir sus hipérboles.

Como bien señala Fernández Díaz, ahora la propia guardia pretoriana le revela los "mimos" al emperador, aludiendo a los comentarios de la gente de Caputo sobre que al presidente le mienten. Y la conclusión de Jorge es demoledora: "Cuando los fanáticos religiosos se burlan del Mesías, este corre el riesgo de terminar como charlatán de feria o curandero de carromato". La excusa que esgrimen de que "le mienten" tampoco lo ayuda mucho.

A esto se sumó el siempre interesante comentario dominical de Santiago Fioriti, explicando el origen del escándalo. Cuenta Fioriti que la infantería digital que responde a Santiago Caputo no toleró que Milei aceptara con tanta pasividad las explicaciones sobre la interna que derivó en las revelaciones de la cuenta de X "Periodista Rufus".

Este era un usuario que solo los entendidos seguían desde hacía tiempo, donde se ventilaban intimidades, secretos del universo libertario y críticas muy hostiles hacia Caputo.

Fue el propio Caputo quien, tras un descuido técnico del usuario de la cuenta, dijo haber descubierto al sospechado: la cuenta de "Periodista Rufus" pertenecía, supuestamente, a Martín Menem, uno de los principales colaboradores del Gobierno.

Veremos cómo sigue esta historia a partir de hoy, en un Gobierno que oscila entre las sospechas financieras en la justicia y las intrigas adolescentes en las redes sociales.