Tras una semana compleja donde los pases de factura se ventilaron a cielo abierto en las redes sociales, el Gobierno volvió a juntar a su núcleo duro en el despacho de Manuel Adorni. La convocatoria a la mesa política de La Libertad Avanza tuvo un objetivo oficial claro: ordenar el enorme lio legislativo que paraliza la agenda del Ejecutivo en el Congreso. Sin embargo, el verdadero trasfondo de la cumbre, que duró poco más de dos horas, fue la necesidad imperiosa de alinear a una tropa golpeada por sus propias internas y mostrar gobernabilidad ante un calendario parlamentario que no da respiro.
La postal de "paz y sonrisas" que buscaron vender los funcionarios a la salida del encuentro tuvo como protagonistas al asesor presidencial Santiago Caputo y al titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. La tensión entre ambos escaló días atrás cuando Caputo lo acusó de operar mediáticamente contra el Gobierno a través de cuentas anónimas, desatando una guerra digital que obligó a Javier Milei a intervenir. Sin embargo, diversas fuentes con acceso a la reunión aseguraron que el tema de la interna lisa y llanamente no se tocó.

Ese operativo también incluyó a la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich. Luego de ser relegada del protocolo oficial en los festejos patrios y de tener que suspender la sesión de la Cámara Alta por falta de quórum, la ex ministra recuperó su lugar en la mesa de decisiones con el aval directo de Milei. Desde el entorno de la senadora marcaron que ella asistirá siempre que el Ejecutivo la convoque.
El encargado de guiar la cumbre fue el propio Adorni, quien atraviesa sus horas más complejas bajo la lupa de la Justicia. Hace casi tres meses que el funcionario quedó en el centro de la polémica por una investigación que indaga presuntas coimas y enriquecimiento ilícito, situación que podría derivar en un llamado a indagatoria antes de julio. Sin embargo, en Casa Rosada desestimaron los riesgos y confían en que su inminente declaración jurada aclarará las dudas. Junto a él, completaron la mesa la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; los ministros Luis Caputo y Diego Santilli; y los funcionarios Ignacio Devitt y Eduardo “Lule” Menem.

Con la pelea política escondida temporalmente debajo de la alfombra, el oficialismo se decidió por repasar la agenda legislativa que, por estos días, está estancada. La mesa política hizo un paneo de la decena de proyectos pendientes y apostaron por redoblar la presión.
La lista de tareas en la Cámara Alta es extensa. Actualmente, esperan 73 pliegos de nombramientos judiciales listos para votarse, la aprobación inminente de la Ley Hojarasca y el recorte a los subsidios en Zonas Frías, que ya cuentan con media sanción. También figura un acuerdo para pagarles a dos fondos buitres 171 millones de dólares y un nuevo proyecto de biocombustibles.
Santiago Caputo patea el tablero: no acepta una tregua y redobla la apuesta contra Menem
Destrabar Diputados y el Mundial como límite
A esta situación, se le suma la obsesión de la Casa Rosada por ganar impacto mediático mediante la presentación continua de reformas. La estrategia oficial es bombardear el Congreso con un tercer paquete de leyes que incluye desde la regulación del lobby y los cambios en el etiquetado frontal de alimentos, hasta el Súper RIGI, enfocado en promocionar inversiones tecnológicas y energéticas. Además, la mesa analizó los plazos para enviar una inminente modificación a la Ley de Sociedades por el Senado, buscando no perder la iniciativa política.
Para que todo esto avance, el oficialismo analizó cómo aceitar el ida y vuelta con los gobernadores y los bloques dialoguistas, que al fin y al cabo tienen la llave para aprobar cualquier medida. En Diputados, el tema que quedó en pausa es el Tratado de Cooperación de Patentes (PCT). El propio Gobierno frenó la votación a la espera de que Estados Unidos cumpla con algunos compromisos que ya había asumido.
La mesa política sabe que el margen de acción se achica cada vez más, porque en menos de un mes el Congreso va a entrar en la típica parálisis que trae el Mundial de fútbol. Frente a esta cuenta regresiva, el Gobierno tiene claro que ya no queda demasiado tiempo para nuevas peleas de egos si de verdad quiere convertir sus promesas de campaña en leyes concretas.
TC