¿Es posible una tecnocracia en Argentina?
“Las implicancias tanto locales como globales de los tech-billionaires aún son un enigma”, anticipa el autor, pero hay algo cierto para pensar en torno a la presencia de Teter Thiel en el país: “’tecnocracia’ se alía a ‘democracia’, siempre y cuando ‘democracia’ se oponga crecientemente a ‘burocracia’”, agrega. Sigamos la pista de las reformas de leyes enviadas al Congreso.
Parece difícil imaginar que en el país más corporativista de la Tierra pueda brotar la semilla de una tecnocracia. Pero los años han ido acercando posiciones y hoy las políticas del populismo de derecha encuentran puntos de comunión con los movimientos impulsados por los llamados Tech-Billionaires (encabezados por Elon Musk, y seguidos por Bezos y Zuckerberg, entre otros).
La estadía de Peter Thiel en Argentina está definitivamente ligada con este nuevo orden político que está tomando forma y sus implicancias tanto locales como globales aún son un enigma.
Se especuló con que la llegada al país de Thiel, dueño de Palantir Technologies, estaba relacionada con una eventual protección ante un peligro nuclear fruto de una guerra mundial. Sin embargo, es evidente que si lo que interesaba era aislarse de la radiación, además de elegir la Patagonia que es más segura y pintoresca que Buenos Aires, se hubiera reunido con Rafael Grossi y no con Juan Grabois.
Hay algo de la vida política argentina que lo llevó a mantener esa conversación con el dirigente social, entre otras charlas con referentes del arco partidario vernáculo.
La globalización tecnocrática desembarcó en territorio argentino
Y además de lo evidente de sus reuniones, hay algo indiciario: Parece demasiada casualidad que después de los encuentros de Thiel con el Ejecutivo, Javier Milei haya decidido publicar una columna en el Financial Times proponiendo crear una nueva categoría legal de "empresas no humanas" y Federico Sturzenegger haya impulsado un proyecto local para legalizar las sociedades automatizadas y las DAOs (un término hasta ahora muy de nicho en el mundo web3, cripto y blockchain).
La nota del Presidente argentino la respondió el propio Yuval Harari que es hoy el intelectual de mayor calibre en materia de análisis crítico del avance de la IA.
“Cuando hablé en el Foro Económico Mundial en enero de este año, advertí que los gobiernos podrían algún día otorgar personalidad jurídica a los modelos de IA. Jamás imaginé que ese algún día llegaría tan solo cuatro meses después”, señaló el pensador israelí, en lo que pareció una respuesta directa al núcleo del lobby de Silicon Valley, en el que a Milei le tocó un rol de intermediador de esa conversación. Como una suerte de fusible para evitar que el cruce se personifique del todo.
Tus tokens, tus votos
El segundo punto a analizar es el de las DAOs. El proyecto del Ejecutivo propone una modificación de la Ley de Sociedades, para incorporar las Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO) como figura societaria.
Peter Thiel conoce mucho del tema, es un modelo que viene respaldando desde hace cinco años al menos, y tuvo una participación económica directa en el lanzamiento de BitDAO. Es difícil imaginar que esto no estuvo en la mesa de conversación cuando fue a cenar el mes pasado a la casa de Sturzenegger.
Con su firma de capital de riesgo, Thiel lideró una ronda de financiamiento privada en la que levantó US$ 230 millones para fundar BitDAO, lo que naturalmente la convirtió en una de las DAOs más grandes del mundo, diseñada para financiar y potenciar el ecosistema de las finanzas descentralizadas (DeFi) y la tecnología blockchain.
Como toda DAO, no hay directorio ni presidente; sino que mediante un smart contract, cualquiera con un token de gobernanza en su poder puede proponer y votar en qué proyectos invertir. El sueño de la tecnodemocracia: tus tokens, tus votos.
La agenda argentina y la agenda de Thiel se emparentan material y discursivamente. Para el empresario norteamericano, hay que escapar de la política y el estatismo. Incluso llegó a plantear que el espacio exterior "representa una posibilidad ilimitada” para ese escape.
En su ensayo La educación de un libertario, que publicó en 2009 y que se hizo famoso tras la popularización de su célebre frase “ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”, insta a zafarse de la política aprovechando las posibilidades que la tecnología ofrece en tres frentes: el espacio fuera del planeta tierra, el ciberespacio y las ciudades flotantes.
Tecnopopulismo
Thomas Kuhn decía que la historia avanza a través de rupturas. Y que se necesita un paradigma en decadencia para que otro pueda surgir. Algunos pensadores comienzan a ver en los enojos ciudadanos contra la política tradicional puntos llamativamente coincidentes. Discursos que no son propios de una geografía o de un tiempo, sino que están muchas veces motivados transversalmente por el consumo de contenido proporcionado por las redes sociales.
¿Se trata, acaso, de una demolición controlada de la democracia, como ya se escucha en algunos lugares de Europa?
De ser así, la demonización de los partidos políticos y sus instrumentos es sin dudas una parte sustancial de esa estrategia. El ex ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis es el más radical en este sentido, y plantea que estas corporaciones están cambiando el capitalismo por un tecnofeudalismo (ni siquiera una tecnocracia), donde la nube y los datos son las nuevas “tierras” feudales, y tanto creadores de contenidos como consumidores que aceptan compartir sus datos y tiempo, son sus siervos.
En lo personal no creo que sea el fin del capitalismo, ni mucho menos. Sin embargo, es evidente que estamos frente a un capital que advierte tempranamente que no va a requerir de mano de obra para reproducirse. Los Tecno-Billonarios son los que más ventaja pueden sacar en el corto plazo y por eso necesitan encontrar nuevas formas que legitimen esa multiplicación no humana del capital. Nuevas figuras legales y nuevos consensos sociales.
Las definiciones teóricas de tecnocracia solían hablar de sistemas políticos altamente definidos por perfiles técnicos de la administración. O de sistemas de gobierno donde expertos dominan al momento de la toma de decisiones. Son enfoques clásicos del término, construidos sobre todo durante el siglo pasado.
Pero hay un consenso respecto de la transformación que la tecnocracia como tal está experimentando hoy en día, principalmente luego del nacimiento de la IA. Ya no es vista como un soporte decisivo de un experto técnico en una oficina administrativa; sino como un sistema de valores, una transición hacia la gobernanza sostenida en datos.
Es así como “Tecnocracia” se alía a “Democracia”, siempre y cuando “Democracia” se oponga crecientemente a “Burocracia”. Y este aparente juego de palabras, en verdad, permite que la tecnocracia y el populismo de derecha (como en el caso de Argentina) puedan converger en un mismo punto, lo cual parecía una contradicción insalvable hace una décadas atrás: Digamos que no es el amor el que los une, sino su odio a la figura del burócrata, a la imagen del Estado como emblema del siglo XX.
Una sociedad que se amolde a mi tecnología
Si la prensa escrita y las comunicaciones transoceánicas revolucionaron la política del siglo diecinueve, y si la radio y la televisión transformaron la comunicación de masas y los gobiernos del siglo veinte, ¿no es esperable que la IA, una tecnología tan potente como para reemplazar la capacidad cognitiva humana, termine por modificar también nuestras formas de gobernarnos?
Thiel, con su firma Palantir, es hoy un brazo determinante de la CIA y de otras fuerzas de seguridad norteamericanas, pero en paralelo lleva adelante esta discusión filosófica.
Su empresa es una de las compañías con mayor desarrollo tecnológico en materia de IA y conflictos bélicos. En su apoyo a Ucrania, como parte de la alianza de este país con Estados Unidos, el software de Palantir es responsable de la fijación de objetivos contra tanques o artillería rusa.
En cuestión de segundos, integra información múltiple, fragmentada, como mapas comerciales, transmisiones en tiempo real de drones, imágenes satelitales, reportes militares del campo, y define targets donde atacar.
Thiel no es un teórico. Está demostrado que cuando juega, juega fuerte. En 2022 apoyó la candidatura de JD Vance para senador de Ohio con US$ 15 millones; en ese momento, la mayor cantidad jamás donada para impulsar a un solo candidato al Senado. Luego, terminó por presentar a Vance frente a Trump y persuadirlo para que lo seleccionara como su compañero de fórmula.
Esto hace naturalmente que la presencia de Thiel en Argentina -que se desconoce si será transitoria, permanente o en baches de dos o tres meses interrumpidos- haya modificado un poco el eje de gravedad de la política local.
Su rol en Buenos Aires sigue siendo un misterio, pero sin dudas el artículo de Milei para el Financial Times y el posterior proyecto de ley enviado por la oficina de Sturzenegger pueden ofrecer pistas.
Por ahora son indicios o piezas de un rompecabezas. Obviamente, eso no nos transforma en una nación tecnocrática, pero sí nos pone en un juego más grande. Un juego de la historia, en el que quizás ni siquiera Milei termine de comprender del todo lo que se está moldeando y los verdaderos intereses que se disputan.
*Rector de la Universidad del Sur de Buenos Aires (USBA)
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