La pelota tiene permiso para entrar al aula
Para la escuela es un dolor de cabeza, para los docentes, aulas vacías. En realidad, es una oportunidad única: “pocas experiencias combinan simultáneamente geografía, matemática, historia, marketing, economía, turismo, comunicación, idiomas y análisis de datos”, dice el autor.
Cada cuatro años la pelota se pone en movimiento y la Copa Mundial de la FIFA 2026 se vuelve imposible de ignorar: a lo largo de poco más de un mes, millones de personas hablan de lo mismo. Horarios de partidos, tradiciones, futbolistas, emociones…
El mundo de la educación muchas veces lo ve como un dolor de cabeza. Estudiantes distraídos, que faltan para ver los partidos, que pasan sus horas pensando en las figuritas. Un estudio publicado en Science Direct en 2019 había identificado que el rendimiento de los alumnos durante un torneo de estas características se reduce hasta un 12%.
Pero, en realidad, es una oportunidad extraordinaria de conectar contenidos escolares con intereses reales de los estudiantes. Nada mejor para fijar aprendizajes que una “excusa” que despierta curiosidad genuina. En este sentido, en 2022 el CONICET analizó los beneficios de haber capitalizado el Mundial, según un estudio realizado en 97 escuelas bonaerenses.
La tensión entre cultura popular y escuela, como si el aula tuviera que mantenerse aislada de aquello que apasiona a los alumnos, pertenece al pasado. Eventos como el Mundial son una puerta de entrada para trabajar contenidos complejos de manera más cercana, participativa y significativa.
Estadísticas, probabilidades, porcentajes de posesión, análisis de rendimiento, tablas de posiciones y proyecciones ofrecen innumerables posibilidades para trabajar cálculo, lógica y pensamiento analítico"
En marketing por ejemplo, el torneo permite recorrer qué marcas están presentes, qué tipos de campañas realizaron, cómo es el comportamiento del consumidor, qué publicidades son más recordadas, si la inversión realizada se ve reflejada en aumento en las ventas o en recordación de marca, qué se posiciona en redes sociales en esta época relacionado al mundial, etc.
En economía qué relación puede tener la inversión realizada y que mejora económica representa para el país sede de los partidos, entre otras variables. También, un simple fixture nos permite hablar de distancias, poblaciones, idiomas oficiales o indicadores sociales.
La matemática y estadística también encuentran un aliado inesperado en el fútbol. Estadísticas, probabilidades, porcentajes de posesión, análisis de rendimiento, tablas de posiciones y proyecciones ofrecen innumerables posibilidades para trabajar cálculo, lógica y pensamiento analítico. Incluso los conceptos abstractos se vuelven más accesibles si se los vincula a situaciones que los estudiantes siguen con entusiasmo.
Algo similar ocurre con la lengua y la comunicación. Coberturas periodísticas, relatos deportivos, campañas publicitarias y narrativas alrededor de los jugadores permiten analizar discursos, construcción de relato, estrategias de comunicación y consumo de medios. Además, el enorme ecosistema digital que rodea al Mundial puede aprovecharse para desarrollar el pensamiento crítico, uno de los activos humanos más valiosos en la era de los deepfakes, por ejemplo para verificar información o detectar noticias falsas.
Incluso áreas que parecen alejadas del deporte encuentran oportunidades pedagógicas. En materias relacionadas con historia, el Mundial puede servir para contextualizar procesos políticos, transformaciones sociales o momentos culturales de distintas épocas. En educación cívica, para debatir inclusión, diversidad, convivencia y representación nacional. En arte, diseño y música, para explorar creatividad e identidad cultural.
La pelota tiene permiso para entrar al aula
El mayor valor educativo está en la motivación. Uno de los desafíos más importantes para cualquier institución educativa contemporánea es sostener la atención en un entorno hiperestimulado. Competir contra pantallas, redes sociales y consumo digital permanente resulta cada vez más complejo. Por eso, integrar fenómenos que ya captaron el interés de los estudiantes es una ventaja pedagógica enorme.
Por si esto fuera poco, el Mundial ofrece algo único y valioso en un contexto donde gran parte del consumo digital es individual y personalizado: una experiencia colectiva compartida que promueve conversaciones comunes.
Por supuesto, no hablamos de convertir cada clase en una conversación futbolera ni reemplazar contenidos curriculares por entretenimiento, sino de utilizar el interés inicial como disparador para desarrollar habilidades más profundas. Cuando la institución logra capitalizar esos momentos culturales en lugar de ignorarlos, el aprendizaje se conecta con la realidad cotidiana.
Cada cuatro años la pelota se pone en movimiento. Y es una oportunidad excelente para que el aprendizaje también lo haga.
* Director de las carreras de Comercialización de la Universidad de Belgrano.
Fuentes:
Science Direct, https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0047272718302330.
Conicet, https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/244334
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