La promesa del fin de la guerra en Ucrania y la peligrosa estrategia de Trump ante la derrota
Con una economía impactada por la inflación del combustible y encuestas desfavorables, el expresidente agita fantasmas de fraude, enfrenta a la Corte Suprema y amenaza con sumir a la democracia norteamericana en un nuevo estancamiento.
A ver, hay un punto de partida central que conviene desmenuzar: la pretensión de que la guerra en Ucrania se puede terminar por arte de magia inmediatamente después de las elecciones en Estados Unidos. Es la típica promesa electoral, el fetiche de hacerle creer a la sociedad que el conflicto se resuelve en la segunda quincena de noviembre porque el presidente es el comandante en jefe y decide cuándo empiezan y terminan las guerras.
Los norteamericanos entienden perfectamente que el precio del petróleo afecta directamente su vida cotidiana y que, por lo tanto, hay que parar el conflicto. Pero la realidad es otra: la guerra no se puede parar de un día para otro. Está en un punto de estancamiento dramático, tanto para Rusia como para Ucrania, con derivaciones mundiales que golpean de lleno a los países del Golfo y a Arabia Saudita.
Saben qué me llama la atención de todo esto: la enorme diferencia cultural respecto del acto electoral. En Estados Unidos se vota un martes, no es obligatorio y la gente vota por correo o de forma anticipada con la misma naturalidad con la que va al supermercado. Nosotros, los argentinos, le agregamos toda una ceremonia sagrada al día de la elección. Allá no existe esa épica ritual.
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Sin embargo, Donald Trump decidió instalar la hipótesis de que el voto por correo es inherentemente fraudulento. Y cuando la Corte Suprema no le dio la razón en sus intentos por obstruirlo, Trump cargó duramente contra el propio tribunal. Atacó a los mismos jueces que él nombró —esos "sabios" que decía conocer—, calificó al sistema de "totalmente corrupto" y denunció que el fallo le deja la vía libre a la izquierda radical para hacer trampa. Una derrota política enorme.
Las encuestas hoy le muestran un panorama sombrío al expresidente: una aprobación estancada en torno al 35% y una ventaja demócrata que ronda los 10 puntos. En unos comicios donde se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, la posibilidad de que los republicanos pierdan el control legislativo es francamente alta.
De consolidarse este escenario, se desprenden dos consecuencias sumamente graves: El desconocimiento del resultado: Trump se está preparando para denunciar fraude y no aceptar la derrota. Ya existe el antecedente dramático del 6 de enero de 2021, cuando instigó la toma del Capitolio para evitar que el Congreso ratificara la victoria de Joe Biden, en una jornada que terminó con muertos y detenidos. El juicio político y la parálisis: Una eventual victoria demócrata en el Congreso abriría la puerta a un proceso de impeachment y a un ahondamiento de la crisis de gobernabilidad.
Habrá que seguir este proceso con extrema atención. No se trata solo del recuento de votos en un puñado de estados clave, sino del riesgo inminente de degradar definitivamente el sistema político norteamericano y confirmar, lamentablemente, el declive institucional de la principal potencia global.
MEG
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