El precio del petróleo volvió a escalar en medio de la tensión en Medio Oriente y llevó al barril a ubicarse alrededor de los 109 dólares, con operaciones que llegaron a mencionar los US$110. La nueva suba genera preocupación por su impacto sobre los combustibles y por el traslado de mayores costos al transporte, la industria y la producción agrícola.
Durante Ronda de Corresponsales (RDC), por +Perfil, el corresponsal de Estados Unidos, Norman Powell, explicó los factores que están presionando sobre el mercado energético. Además, señaló que la guerra entre Irán e Israel y los ataques sobre infraestructura petrolera suman incertidumbre a una economía mundial que ya enfrenta la posibilidad de mantener el crudo por encima de los US$100.
El petróleo ronda los US$109 por barril
El crudo se ubicó en torno a los 109 dólares por barril, con algunos valores que llegaron a aproximarse a los US$110. Para Powell, este nivel de precios ya comienza a tener consecuencias concretas en distintos sectores de la economía.
Uno de los primeros impactos aparece en los combustibles. El corresponsal señaló que el diésel superó los seis dólares por galón en Estados Unidos, una suba que puede trasladarse al costo del transporte de cargas y a las actividades productivas que dependen de este combustible.
El sector agrícola también queda expuesto, debido a la utilización intensiva de diésel en maquinaria y equipamiento. Un aumento sostenido del combustible puede elevar los costos de producción y terminar repercutiendo sobre otros precios de la economía.
Arabia Saudita restringió el movimiento de petróleo
Una de las razones señaladas para explicar la última suba está vinculada con Arabia Saudita. Según Powell, el país decidió como medida de precaución reducir el flujo de petróleo a través de un oleoducto que conecta el este con el oeste de su territorio.
La decisión aparece relacionada con el riesgo generado por las acciones de los hutíes, rebeldes de Yemen respaldados por Irán. La situación suma presión sobre un mercado energético especialmente sensible a cualquier amenaza sobre las rutas y la infraestructura de producción y transporte.
La combinación entre los riesgos geopolíticos y las restricciones sobre los movimientos de crudo alimenta la incertidumbre sobre la evolución del precio durante los próximos meses.
El mercado teme un petróleo por encima de los US$100
El impacto no se limita al mercado energético. Jorge Elías señaló durante el segmento que los analistas ya anticipan que el petróleo difícilmente vuelva a ubicarse por debajo de los 100 dólares antes de fin de año.
La permanencia del crudo en esos niveles genera preocupación por el efecto sobre la economía mundial. Un petróleo más caro encarece combustibles, transporte y producción, con capacidad para trasladarse a distintos sectores y alimentar nuevas presiones sobre los precios.
La incertidumbre alcanza tanto a Estados Unidos como a otras economías dependientes de los mercados internacionales de energía. En ese escenario, cualquier nuevo episodio de escalada militar puede generar movimientos adicionales en las cotizaciones.
La guerra también golpea al petróleo ruso
La presión sobre el mercado energético no proviene únicamente de Medio Oriente. Powell agregó otro elemento a la ecuación: el presidente Donald Trump atribuyó parte de la suba del petróleo a los ataques de Ucrania contra instalaciones petroleras de Rusia.
Según relató el corresponsal, Trump llegó a pedirle al presidente ucraniano Volodímir Zelensky que detuviera los ataques contra la infraestructura petrolera rusa. La posición del mandatario estadounidense introduce otro frente de tensión en un mercado que ya se encuentra condicionado por la guerra en Medio Oriente.
El planteo se produjo mientras continúa la ofensiva rusa sobre Ucrania. La situación expone una de las contradicciones centrales del escenario actual: las acciones militares que afectan la infraestructura energética pueden repercutir mucho más allá de los países involucrados directamente en el conflicto.
Combustibles, transporte y agricultura, entre los sectores afectados
El impacto de un petróleo más caro se transmite rápidamente a los combustibles derivados y, desde allí, al resto de la cadena productiva. El transporte de cargas es uno de los sectores más expuestos debido a su dependencia del diésel.
La agricultura también enfrenta una presión adicional porque buena parte de sus tareas requieren maquinaria que funciona con combustibles derivados del petróleo. Por esa vía, un aumento del crudo puede incrementar los costos de producción y generar efectos posteriores sobre otros bienes.