La soledad de Javier Milei y la crisis de gestión en las columnas políticas del fin de semana
Un repaso riguroso sobre los análisis de Santiago Fioriti, Jorge Liotti, Jorge Fontevecchia y Jorge Fernández Díaz revela las turbulencias internas del Gobierno, los traspiés diplomáticos y la falta de conducción en la Casa Rosada.
La lectura de las principales columnas políticas del fin de semana nos deja un fresco entre desopilante y preocupante sobre la actualidad política en Argentina.
Existe una paradoja insoslayable en el escenario actual: el contexto de fondo no presenta una amenaza exterior fulminante. Como bien sintetizó Santiago Fioriti, no estamos ante una corrida cambiaria descontrolada, los mercados globales no tiemblan, la inflación no se disparó y tampoco reaparecieron videos de corrupción. Cristina Kirchner permanece en el terreno judicial, el peronismo continúa atrapado en lógicas anacrónicas y la oposición tradicional no logra articular opciones disruptivas.
Sin embargo, el Poder Ejecutivo ha ingresado de lleno en una fase de turbulencias. ¿La razón? Javier Milei parece haber entablado una batalla furiosa contra sí mismo. Tal como le graficaba un funcionario de la Casa Rosada al periodismo, el presidente se pelea de forma sistemática contra todo y contra todos, al punto de correr una carrera en soledad y, aun así, arriesgarse a salir segundo.
En esa dinámica de fricción permanente, la gestión cotidiana paga el costo político. Ignacio Miri retrató con agudeza el nuevo deporte oficial en la política argentina: “Péguele a Sturzenegger”. El ministro de Desregulación, que batallaba con gigantes industriales como Techint con el aplauso de Balcarce 50, hoy se encuentra acorralado en combates contra el gremio de los libreros, los prácticos de los puertos o la inquietud social por la Ley de Tierras.
Precisamente, sobre ese último punto giraron las observaciones de Ricardo Kirschbaum y Jorge Fernández Díaz en torno a la figura del canciller Pablo Quirno. La insólita admisión diplomática de que la desregulación de la Ley de Tierras habilitaría a un inversor extranjero a comprar un pueblo o una provincia entera —bajo el argumento de que "produciría beneficios para la patria"— desnuda una ostentación conceptual alarmante.
Sobre el propio Quirno, Jorge Fontevecchia aportó un minucioso perfil histórico, recordando sus linajes vinculados a próceres e ilustres gobernantes bonaerenses, para contraponerlo con la dura realidad de su gestión exterior. En su afán por agradar al Presidente, la Cancillería parece dispuesta a dinamitar la diplomacia profesional y la relación estratégica con Brasil, confundiendo el debate de ideas con el agravio personal.
No obstante, la observación más grave del fin de semana la firmó Jorge Liotti. Su análisis cala hondo en la dinámica real de las decisiones del Gobierno de Milei.
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Un ejemplo cristalino fue el conflicto impulsado por Sturzenegger para reducir los ingresos de los prácticos del río. La medida, tomada de forma impulsiva y sin calibrar el contexto de poder, derivó en la paralización de casi 200 buques en un solo día. El Gobierno debió dar marcha atrás a las apuradas recién cuando las empresas del sector hidrocarburífero advirtieron que al país le quedaban apenas tres días de insumos antes de un desabastecimiento masivo de combustible.
Este nivel de improvisación se explica por el fenómeno de fondo que describe Liotti: tras la salida de figuras de la comunicación oficial como Manuel Adorni, el Presidente ha profundizado un notorio aislamiento de la gestión cotidiana. Retraído en Olivos, focalizado en viajes al exterior y abstraído en la teoría económica, Milei ha dejado un vacío de conducción clara en el Gabinete. La consecuencia es un proceso de toma de decisiones descoordinado y contradictorio.
Las lecturas del fin de semana muestran a un oficialismo que, liberado por ahora de una oposición contundente, ha encontrado en sus propias pulsiones y en el repliegue de su líder su amenaza más concreta.
MEG