Sin juicio ni Paraíso

La Tercera Guerra Mundial encontró un nuevo campo de batalla

El mayor de los peligros es saberse insensible, pero actuar emocionalmente. “La manipulación emocional no conoce fronteras”: “En la guerra cognitiva en la que nos encontramos, no se le dice a nadie ‘estás equivocado’, se dice ‘te entiendo’ ”, y luego se actúa sin remordimientos.

Adán y Eva expulsados del Paraíso (Capilla Sixtina pintada por Miguel Angel Buonarroti). Foto: Cedoc Perfil

En La tercera expedición, uno de los relatos más oscuros y atrapantes de Crónicas Marcianas (1950), Ray Bradburry describe una batalla por la colonización de Marte sin combate aparente. 

Los dieciséis astronautas que llegan con vida al cuarto planeta no son atacados por nadie al bajar de la nave. Sorprendidos, no se encuentran con los típicos paisajes áridos del planeta rojo. Todo lo contrario: cada astronauta se encuentra con un ambiente familiar personalizado, con una representación perfecta y detallada de paisajes conocidos, terrestres: sus pueblos natales, sus comidas de la infancia, la música de la juventud, las flores y los afectos perdidos: familiares y amigos muertos que cada uno guardaba en su corazón.

La emoción que se dispara en cada uno es tan grande y la ilusión es tan convincente que, a pesar de que no tiene ningún sentido lo que ven, pasada la sorpresa inicial, la tripulación se entrega ciegamente a sus sentimientos: bajan de la nave llenos de felicidad, a los gritos, llorando, corren calle abajo entre abrazos de abuelos, risas de amigos, charlas de hermanos y besos de padres y madres que ya no existen.

Los astronautas se relajan y se dispersan, se va cada uno a dormir a una casa distinta, siguiendo una emoción personal intransferible e imparable. Mientras duermen tranquilos por el rencuentro, son asesinados por los marcianos.

El cuento funciona como una alegoría temprana de lo que hoy llamamos guerra cognitiva: no se trata de desinformación o información falsa, sino de un tipo particular de conflicto donde el campo de batalla es la mente humana y lo central es dominar la percepción de la realidad y manipular las emociones, de manera tal de poder reformular el sentido común y suspender el juicio crítico.

Mucho antes que Baudrillard, Ray Bradbury relata una híper-realidad operativa: una simulación tan perfecta que, aunque falsa, resulta más habitable y deseable que la auténtica realidad.

El tercer año de gobierno de Javier Milei puede leerse desde esta clave. La situación de la economía real no importa demasiado. Ni los miles de puestos de trabajo perdidos, ni las empresas cerradas, ni la recesión, o las condiciones miserables de vida de los jubilados, o que no se cumplan las leyes de financiamiento educativo y emergencia en discapacidad, ni los incendios, ni la entrega de soberanía, nada de eso parece mover la aguja de la opinión pública.

Lo decisivo es el significado de lo que ocurre, no lo que ocurre. 

El relato libertario no busca convencer a nadie con explicaciones lógico-racionales, evidencias comprobables o datos concretos. Busca emocionar, llegar al corazón, tocar las fibras más íntimas del sujeto, sacudirlo. Es la forma más eficaz de suspender el juicio crítico, de ganarle a la mente.

La situación de la economía real no importa demasiado. Ni los miles de puestos de trabajo perdidos, ni las empresas cerradas, ni la recesión (...) lo decisivo es el significado de lo que ocurre, no lo que ocurre"

Así funcionan los dispositivos de información actuales. Trasladado al presente, el capítulo se adelanta a las campañas de manipulación emocional en redes sociales, las deepfake afectivas y las IA que predicen emociones de los usuarios.

La amenaza no se presenta con la cara horripilante de un marciano verde, sino con el rostro de lo conocido, lo familiar, inclusive lo deseado y lo amado. Se presenta híper personalizada, dirigida a reconfortarnos, a confirmar nuestra forma de pensar y a validar nuestra subjetividad. En la guerra cognitiva en la que nos encontramos, no se le dice a nadie “estás equivocado”, se dice “te entiendo”.

Y cuando la batalla por la mente no alcanza para la colonización de nuevos territorios y recursos, cuando la manipulación emocional se enfrenta a un imaginario igualmente fuerte, -real o ficticio- como es el caso del chavismo en Venezuela, queda el recurso de la guerra total, la eliminación física del enemigo y la apropiación material de todos sus recursos por la fuerza.

La vinculación del presidente Nicolás Maduro con el narcotráfico internacional sirvió como argumento inicial para el bloqueo económico y político a Venezuela, preludio de su secuestro y bombardeo al país. 

Sin embargo, no han incautado un solo gramo de droga de ningún tipo, no desbarataron ningún laboratorio, no dieron con ningún capo de nada. En su lugar, se han apoderado a sangre y fuego de la renta petrolera, y de la administración de todos los recursos naturales, transformado a Venezuela en una especie de colonia o protectorado.

La posibilidad cierta de hacer lo mismo en México, Colombia, Panamá, Canadá, Groenlandia, Irán, Nigeria, Yemen y otros países con el argumento de la necesidad de Seguridad Nacional para U.S.A, se parece demasiado al argumento del “Espacio Vital” (Lebensraum) que utilizaba Alemania en la década del 30 del siglo XX.

La apropiación del hemisferio occidental por parte de los norteamericanos se articula con la creación de áreas de influencia de otras potencias internacionales como el caso de Taiwán para China y Ucrania para Rusia, sobre las que valen las mismas no-reglas. 

Esta situación, entre otras cosas, permite la masacre de palestinos que apenas ruboriza a la dirigencia internacional y guarda una continuidad alarmante con los movimientos geopolíticos previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

El problema no es crear algo que lo frene. El problema es no poder creer en nada más. 

*Sociólogo / consultor