Mientras quede una chispa en la ceniza, la luz encontrará su camino…
La frase pertenece al final de Avatar 3, Fuego y Cenizas y supuestamente de autoría de su muy famoso director, el realizador también de Titanic, James Cameron y es sin duda, de un fuerte simbolismo en este tiempo que parece de cenizas y de oscuridad, como el kali yuga de los indios, la época de la tinieblas.
Sin embargo puede aplicarse también sin duda a dos realizaciones extraordinarias, ambas ganadoras respectivamente en el 2025, de los dos más grandes premios del Festival de Cannes, el del Jurado y la Palma de Oro.
Se trata de Valor Sentimental, el film del escandinavo Joachim Trier, y Fue sólo un accidente del iraní Jafar Panahi, ambas candidatas al Oscar norteamericano.
Si algo faltara para mostrar lo trascendental que es el séptimo arte para abordar la complejidad de la condición humana, ambas obras maestras lo confirman.
Es muy curioso su respectivo comienzo. En Valor sentimental una notable actriz de teatro sufre una especie de panic-attack, que supera con gran dificultad antes de entrar en escena y en Fue sólo un accidente es el atropellar a un perro en un camino rural lo que da inicio a una trama tragicómica que pareciera ser una roadmovie norteamericana, pero filmada alrededor de Teheran, la capital iraní.
En cambio, en Valor sentimental la escena prosigue con el encuentro posterior en una antigua casa familiar de los deudos de la madre de la actriz, con la llegada del padre, famoso realizador cinematográfico, que reaparece después de una larga ausencia, en relación con sus dos hijas, la mayor es la actriz teatral y la menor, casada y con un hijo pequeño.
Y Fue sólo un accidente muestra una extraña casualidad, cuando el dueño del auto que atropelló al perro que estaba acompañado de su mujer y su hija pequeña, va en busca de un auxilio mecánico por un desperfecto ocurrido, el dueño del taller en la oscuridad de la noche, cree descubrir en la voz y en el ruidoso caminar del automovilista, al hombre que lo había torturado largamente en la cárcel iraní.
A su vez, Jefer Panahi había estado dos años preso en la cárceles de su país, y se le había prohibido filmar y pese a ello ha sido ganador no solamente en Cannes con este film, sino previamente en Venecia con el León de Oro en el 2000 y el Oso de oro en Berlín en el 2015 con sus films previos, aclarando públicamente que dedicaba Fue sólo un accidente a los que todavía eran presos políticos en su país natal.
En este film como en la recordada obra de teatro: El Señor Galíndez, del eminente autor teatral argentino, Eduardo Pavlosvsky, ambos personajes, el creado por el argentino y el iraní gozan de la apariencia de amables padres de familia.
Y la unión de estos dos films proviene porque también el eje de la acción en Valor sentimental viene de la tortura, no una tortura actual, como en el film de Panahi, sino una antigua tortura sufrida por la abuela de la actriz y de su hermana; o sea la madre del cineasta, en la oscura ocupación nazi de la Noruega de los 40, de la cual escapara el notable físico Nielhs Bohr, ganador del premio Nobel.
O sea, son dos tragedias, aunque haya visos de comedia en ambas, una contemporánea a este siglo XXI, tan o más Cambalache que el anterior y otra que viene arrastrada de la segunda Gran Guerra Mundial, dos tragedias de la compleja condición humana, con los daños colaterales que se muestran en Valor Sentimental, con el suicido posterior de la víctima de la tortura y su repercusión.
Y en Fue sólo un accidente se muestra el daño colectivo que se produce, a pesar que a diferencia de los desaparecidos de nuestra siniestra dictadura argentina, que nos llevara a perder Malvinas, las víctimas de la persecución iraní han sido liberadas y pueden contarlo y no han sido arrojados vivas a ningún río ni a ningún mar.
Pero aquí aparece, en ambos films, lo que enaltece al séptimo Arte y que hace recordar los excelsos nombres de Ingmar Bergman y Federico Fellini, la capacidad artística de mostrar la vida humana en rostros inolvidables como los de Gritos y susurros en el caso del realizador sueco y La Strada del cineasta italiano.
Porque como sostuviera Friedrich Nietzsche en el siglo XIX y antes de él Baruch Spinoza, en el siglo XVII, “para desechar la melancolía”, el arte no sólo enaltece la condición humana, sino que muestra como repararla cuando es herida.
Pero nada es fácil, “lo excelso es tan difícil como raro” concluye en su Ética, el neerlandés Baruch Spinoza, y los caminos del Arte son a veces difíciles de transitar como sostuvo el poeta español: “Se hace camino al andar” y nuestros senderos a veces se bifurcan, pero ambos films buscan la reparación
En Valor sentimental el padre cineasta, hijo de la abuela suicidada, sugiere un guión familiar, que escribiera para ser representado por su hija mayor, pero ésta se niega en principio y entonces el realizador busca a una famosa actriz norteamericana para hacerlo. Pero ésta se encuentra con las dificultades de su habla inglesa en esta versión escandinava y tan ligada a la vida de Noruega
Y sobre todo no llega a sentir emocionalmente el personaje de la abuela suicida; no puede llegar a pensarlo desde el corazón y con la buena fe que reclamaba Sartre para cada acción humana;honestamente renuncia al papel.
Y es entonces la hija menor, la que llegó a formar familia, verdadero eje de la acción, que había trabajado con el padre, como niña, en una versión de la persecución nazi de su abuela. La que al leer el guión, convence a su hermana mayor a la que había salvado de un intento suicida, que represente el papel de su abuela mientras su hijo pequeño hará el de su padre, el que quedara huérfano ante el suicidio materno.
Es decir que en este caso la reparación surge de la posibilidad de filmar esta tragedia familiar así como ocurrió y con sus descendientes, logrando una reproducción de la antigua y bella casa histórica, porque al arte cura, cuando rememora la Vida.
En el caso del film iraní, la reparación surge de una manera casi propia de las comedias italianas, porque surgen las dudas sobre la filiación del supuesto torturador, identificado por su voz y su pierna ortopédica, pero varios, después de secuestrarlo están dispuestos a ajusticiarlo, pese a los riesgos que ello implica.
Y entonces surge la voz de su pequeña hija del celular del torturador en poder de los secuestradores y así se enteran que la niña que está sola en su casa, no puede asistir a su madre caída en el piso de la cocina, ya casi parturienta.
Y es entonces cuando los secuestradores rescatan a la madre de la pequeña, la llevan a un hospital, pagan por su atención y son testigos del nacimiento de un hermoso bebé. Y pese a que el secuestrado finalmente les confiesa que era realmente el torturador y que: “finalmente de algo hay que vivir”, lo liberan en un camino cercano a Teherán para que pueda volver y conocer a su hijo recién nacido.
Es decir, en ambos films, como en el viejo cuento de los pueblos originarios, teniendo en cuenta que en los corazones humanos habitan dos lobos, el rojo de la ira y el resentimiento, y el blanco de la reparación de las heridas, triunfa este último.