dos cuerpos en una bañera

La macabra escena en el hotel donde fueron hallados sin vida una preceptora y su hijo

Gisela Mercedes Yurka, de 41 años, y su hijo Gabriel Saru Ovejero, de 7, fueron encontrados muertos en el interior de la habitación 306 del hotel Ker, en Recoleta, luego de no responder a los llamados del personal ni realizar el check-out. Los primeros estudios forenses indican que el niño murió por asfixia por sumersión y que la mujer presentaba múltiples heridas cortantes consideradas autoinfligidas. La Justicia investiga un homicidio seguido de suicidio.

Horror. Gabriel tenía 7 años y era el hijo único de Mercedes Yurka. Foto: cedoc

Había mucha sangre y dos cuerpos dentro de la bañera. Eso fue lo que encontró la Policía de la Ciudad de Buenos Aires al ingresar a la habitación 306 del hotel Ker, en el barrio porteño de Recoleta. No había signos de ingreso forzado ni desorden en el cuarto. Desde ese momento la investigación apuntó a una sola hipótesis: que la preceptora que había hecho la reserva mató a su hijo de 7 años para luego quitarse la vida. 

El aviso a la Policía se produjo pasadas las 12.30 del viernes 16 de enero, cuando al personal del hotel le llamó la atención que la huésped no respondiera los llamados internos ni descendiera para realizar el check-out. El conserje y los empleados de limpieza subieron hasta el tercer piso y, al abrir la puerta, se encontraron con una escena dantesca.

La habitación no presentaba signos de violencia ni indicios de la participación de terceros. La mayor parte del rastro hemático estaba concentrado en el baño, donde yacían los cuerpos de Gisela Mercedes Yurka (41) y Gabriel Saru Ovejero (7). En una jabonera se halló un bisturí y, sobre una superficie cercana, dos jeringas con insulina, elementos que fueron secuestrados por la Unidad Criminalística Móvil.

El examen preliminar determinó que el niño presentaba signos compatibles con asfixia por sumersión, mientras que el cuerpo de la mujer exhibía trece heridas en el cuerpo. Según la distribución de las lesiones, siete se encontraban en el antebrazo izquierdo, cuatro en el derecho y dos en el lateral del cuello.

“El menor murió ahogado y también por hipoglucemia. Y la mujer por un mecanismo mixto. También hipoglucemia, aunque los cortes la desvanecieron y también se ahogó”, explicó a PERFIL un vocero vinculado a la investigación.

En principio, el detalle de las lesiones en la mujer es clave. Las heridas presentaban características vitales, lo que indica que fueron producidas en vida y no de manera post mortem. Además, la ausencia de lesiones defensivas en el cuerpo del menor y la falta de signos de forcejeo en el ambiente reforzaron, en esta etapa inicial, la hipótesis de una intervención directa de la madre sin participación de terceros.

Fuentes del caso señalaron que los estudios toxicológicos y anatomopatológicos serán determinantes para establecer si existió la administración previa de sustancias y para precisar el tiempo aproximado de cada fallecimiento, datos clave para reconstruir la mecánica del hecho.

La fiscal nacional en lo Criminal y Correccional Laura Belloqui quedó a cargo de la investigación y ordenó profundizar las pericias. Por lo pronto, fuentes del caso señalaron que no se logró establecer un móvil claro que permita comprender la decisión de la mujer. La causa sigue caratulada como averiguación de causales de muerte, bajo la principal hipótesis de un filicidio seguido de suicidio.

Las víctimas. Gisela Mercedes Yurka tenía 41 años. Era preceptora y había trabajado en distintas escuelas e instituciones del partido de La Matanza, entre ellas la Asociación Civil Hogares del Espíritu Santo, el Colegio San Mauricio y el Instituto Nuestra Señora del Hogar. Vivía en el barrio Independencia, en González Catán, junto a su hijo de 7 años.

La ausencia de ambos fue advertida por familiares y allegados, que difundieron imágenes y números de contacto en redes sociales. “Los buscamos. Faltan de su domicilio desde el día 15 por la tarde”, decía el mensaje que comenzó a circular horas antes de que se conociera el hallazgo.

El padre del niño, ante la falta de noticias, había radicado una denuncia por averiguación de paradero en una comisaría bonaerense y luego debió concurrir al hotel y a la Morgue Judicial para el reconocimiento de los cuerpos.

En el ámbito educativo, el impacto fue inmediato. Una compañera de trabajo escribió: “Ella amaba a su hijo, y su hijo a ella”. Otra docente recordó un momento reciente: “Me quedo con esta imagen. Él feliz porque su mamá estaba esperándolo del lado de afuera. Él estaba feliz. Ella el doble. Se amaban”.

Desde SADOP La Matanza difundieron un comunicado en el que señalaron: “Lamentablemente nos enteramos de la trágica noticia del fallecimiento de la docente Gisela Yurka y su hijo. Nuestro más sentido pésame a sus seres queridos, a la comunidad educativa y a todos quienes la conocieron”.

Alejandra Gauna, otra mujer que conocía a las víctimas, sumó otra despedida: “Te vamos a recordar con mucho amor y alegría. Solo tengo agradecimientos por ser amorosa con tus niños”.

Por lo pronto, la habitación 306 permanece bajo custodia judicial. Mientras las pericias avanzan, el caso sigue abierto para determinar si, como todo indica, Gisela mató a su hijo y luego se quitó la vida.