“Lean la causa”: el desesperado pedido a la Corte de un policía condenado a perpetua
Condenado a la pena máxima por el supuesto asesinato de un detenido en una comisaría de la ciudad de Berisso en el año 2011, el excomisario José Antonio Cacere no solo asegura que es inocente sino que cuestiona duramente el fallo que también alcanzó a otro miembro de la misma fuerza. Desde la Unidad Penitenciaria Nº 9 de La Plata, donde permanece detenido, apunta contra una pericia realizada sobre fotografías, denuncia inconsistencias en la investigación y espera que el máximo tribunal revise el caso y anule la sentencia.
“Lo que buscamos es Justicia, no impunidad”. El excomisario de la Policía Bonaerense José Antonio Cacere está preso en la Unidad Penitenciaria Nº 9 de La Plata. Allí cumple una condena a prisión perpetua por el supuesto asesinato de un detenido en una seccional de la ciudad de Berisso. “No puedo más. Si fuera justo, bienvenido el castigo, pero no es así”, explica a PERFIL desesperado, sabiendo que la causa está siendo revisada por la Corte Suprema de Justicia, la última carta que le queda para revertir la condena.
Cacere fue juzgado y condenado por la muerte de Néstor Ariel Canizzo, ocurrida en octubre de 2011 en la comisaría 4a de Berisso. Por el mismo hecho fueron sentenciados otros tres policías, Ricardo De La Canal, Roberto Percoco y Ernesto Conti, aunque con el avance del proceso dos de ellos fueron desvinculados y hoy solo Cacere y Conti permanecen presos, a la espera de una decisión del máximo tribunal de Justicia.
El caso comenzó con un operativo policial que derivó en la detención de dos personas: un menor de edad y Canizzo, quien tenía un pedido de captura vigente. Tras ser trasladado, el hombre fue alojado en la dependencia policial. Horas después, durante la madrugada, se descompensó y murió.
La autopsia oficial, realizada por la asesoría pericial de La Plata, concluyó que el fallecimiento había sido por causas naturales: un edema agudo de pulmón vinculado a una cardiopatía preexistente, agravada por consumo de cocaína. El informe también descartó signos de violencia: no se registraron lesiones ni indicios de defensa.
Durante ese primer tramo, la causa no implicó imputaciones contra los policías que intervinieron en el procedimiento ni en el traslado. Sin embargo, ese escenario cambió dos años más tarde, cuando una organización de derechos humanos impulsó una nueva línea investigativa.
“Dos años después aparece una asociación de derechos humanos y un perito que nunca vio el cuerpo, solo trabajó sobre una fotografía”, sostiene Cacere.
Ese peritaje introdujo una hipótesis distinta: la posible existencia de un golpe en el cuello y una fractura del hueso hioides. A partir de allí, el expediente pasó de investigar una muerte sin signos de violencia a analizar un posible homicidio.
Para el excomisario, ese fue el punto de quiebre. “A partir de una foto dice que hay un golpe en el cuello. Eso cualquier médico legista te dice que no se puede determinar así”, afirma.
El caso llegó a juicio oral en 2019. El Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 de La Plata resolvió condenar a los cuatro policías a prisión perpetua por homicidio calificado: el excapitán Ricardo De La Canal, y los tenientes Roberto Percuoco y Ernesto Conti, y el excomisario José Antonio Cacere. La decisión se apoyó en esa nueva interpretación pericial y en otros elementos valorados durante el debate.
El fallo incluyó una disidencia. Una de las juezas entendió que no estaba acreditado que Canizzo hubiera sido víctima de un homicidio. Esa diferencia reapareció en la instancia de Casación, que revisó la sentencia.
“Casación entiende que es absurdo, pero deja la condena solo para dos cuando todos estuvimos en la misma situación”, plantea Cacere.
La Cámara decidió absolver a De La Canal y Percuoco, pero confirmó la condena para Cacere y Conti. Para el excomisario, esa resolución dejó a la luz las inconsistencias del proceso: para él todos los efectivos participaron del mismo procedimiento, bajo las mismas condiciones.
A la hora de reconstruir lo que ocurrió aquella noche, Cacere insiste en que el procedimiento no tuvo irregularidades y que la situación dentro de la comisaría nunca mostró signos de violencia. Según su versión, el detenido fue alojado con normalidad y no presentó lesiones visibles al momento de ingresar. En ese sentido, remarca que la primera intervención médica no detectó golpes ni indicios compatibles con una agresión, un dato que –afirma– fue desplazado en el juicio por la valoración de la pericia posterior. “Todas las pruebas iniciales hablan de lo mismo y, sin embargo, se terminó imponiendo otra historia”, sostiene.
El excomisario también pone el foco en cómo se construyó la acusación a lo largo del tiempo. Señala que durante los primeros años el expediente no avanzó contra los policías y que el cambio de rumbo se dio recién cuando se incorporó la nueva pericia. Para Cacere, ese giro no solo modificó la hipótesis del caso, sino que condicionó todo el proceso posterior. “El tribunal termina creyendo esa hipótesis y nos condena por homicidio calificado”, dice, al tiempo que cuestiona que se haya otorgado mayor valor a un análisis indirecto por sobre los informes oficiales realizados sobre el cuerpo.
En ese recorrido, también aparece el impacto personal de la causa. Cacere habla de los años transcurridos, del proceso judicial y de las consecuencias de la condena. Dice que su situación no puede analizarse solo en términos jurídicos y que detrás del expediente hay historias familiares atravesadas por el caso. “Detrás de nosotros hay familias, hay hijos, hay una vida que quedó suspendida por esta causa”, dice. Y vuelve al punto que repite a lo largo de la entrevista: que la discusión central no es solo la sentencia, sino la forma en que se construyó el relato.
En su reconstrucción del caso, Cacere insiste en que no hubo agresión. Apoya su versión en distintos elementos de la causa: la operación de autopsia, las declaraciones médicas y los testimonios recogidos en el expediente. “Todas las pruebas están dadas sobre nuestra inocencia”, sostiene.
También menciona el testimonio del otro detenido que compartía la celda con Canizzo. “El compañero de celda nunca dijo que había sido golpeado”, agrega. “Hoy la causa está en la Corte Suprema de Justicia de la Nación”, dice. Es la última instancia judicial. Allí se definirá si la condena queda firme o si se abre una nueva revisión del caso. “Les pedimos a los jueces que lean la causa, que vean todo lo que hay”, suplica.
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