El femicidio de Antonella Álvarez en Tucumán sumó en los últimos días nuevos elementos que complican la situación de los acusados, especialmente a Felipe Sosa, conocido como "El Militar", a quien la víctima conocía desde hace tiempo. Los resultados de la pericia aportaron detalles clave sobre la mecánica del crimen y cómo el cuerpo fue hallado en un basural, en un caso atravesado por la violencia de género y el consumo de drogas.
Antonella, de 25 años, desapareció tras salir de su casa la noche del 6 de enero, lo que activó una búsqueda después de que una de sus hermanas la fuera a buscar al otro día porque se había ausentado para comer con su madre. Finalmente, su cuerpo fue hallado en un predio utilizado como basural del barrio Manantial Sur, en la ciudad de San Miguel de Tucumán.
La víctima, que estudiaba Enfermería y se encontraba desempleada luego de haber trabajado como moza, era fanática de los tatuajes y tenía varios diseños en sus brazos y uno en el pecho. Esos detalles fueron los que posteriormente hicieron que su hermana reconociera el cadáver cuando se acercó a hacer la denuncia por su desaparición en la comisaría.
Sus restos habían sido colocados en una bolsa y fueron ubicados por dos mujeres que caminaban por la zona y dieron aviso a la Policía. Peritos del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales (ECIF) analizaron las cámaras de seguridad del lugar y determinaron que habría sido colocado en ese punto por una persona a bordo de una camioneta VW Amarok gris, vinculada al principal acusado.
Por el hecho fue detenido Sosa, ex estudiante del Colegio Militar de la Nación y que al parecer habría tenido experiencia en operaciones de la Legión Extranjera de la República de Francia. El hombre de 50 años mantenía un vínculo ocasional con Antonella desde hace tiempo y fue atrapado en el partido bonaerense de Pilar, luego de haberse fugado de Tucumán.

Los investigadores sostienen que fue la última persona que la vio con vida, ya que la chica se había dirigido hasta su casa. En la causa también quedó involucrada Justina Gordillo, pareja de Sosa y empleada del Poder Judicial tucumano, que está bajo sospecha por su presunto rol en el encubrimiento al igual que otros dos hombres, Nicolás Navarro Flores y Jorge “Chicho” Díaz
La situación procesal de la mujer se fue agravando a medida que surgieron pruebas que la ubican en momentos clave posteriores al asesinato y no se descarta que el caso esté relacionado a un contexto más amplio, que incluye el consumo problemático de drogas y la posible comercialización de estupefacientes. En ese marco, se busca reconstruir el entorno en el que se movían los implicados.
De acuerdo con la autopsia, murió como consecuencia de un traumatismo craneofacial con luxación cervical, una combinación de lesiones que evidencia una "agresión de extrema violencia". En el estudio se precisó que presentaba golpes contundentes y severos en la cabeza y el rostro, y una lesión letal en el cuello; además, el o los responsables le pegaron tanto que le fracturaron la mandíbula.
La reconstrucción del crimen de Antonella Álvarez
De acuerdo a la reconstrucción fiscal, Antonella estuvo con Sosa la noche en que fue asesinada. Se dirigió a su casa, en la calle Santo Domingo 1100 B, de la localidad de Yerba Buena, donde el ingreso de una joven -presuntamente ella- fue captado por una cámara de seguridad. Sin embargo, los dispositivos de vigilancia no registraron su salida.

Durante la madrugada, se cree que habrían tenido relaciones sexuales y después la asesinó a golpes, generándole lesiones gravísimas en la columna vertebral. Luego, habría llamado a Navarro para pedirle ayuda alrededor de las 6.50 de la mañana al decirle que se le habría "clavado" una chica, según el testimonio del hombre acusado de encubrimiento. Ante el fiscal, también sostuvo que Sosa le comentó que había hablado con Gordillo y que ella le manifestó supuestamente que no llamara a la Policía porque podía ser arrestado.
Pasadas las 10.33 de la mañana, una cámara tomó cuando una persona colocó una bolsa la Amarok gris frente a su casa y giró por la calle Guyanas, pasando por detrás de la propiedad para no ser grabado por las cámaras frontales. Luego pasó de nuevo por delante de su hogar con la carga oculta y la ventanilla baja, loque permitió identificarlo.
El vehículo fue individualizado por su barral cromado y los stickers personalizados que tiene pegados. Cerca de las 11.10, la camioneta fue vista en Manantial Sur, por la Avenida Mate de Luna, y quince minutos antes de las 12.00 se lo observó en la zona donde finalmente se encontró el cuerpo: la intersección de las calles William Blis y Gerónimo Helguera.

Allí, permaneció hasta casi las 12.05, donde se estima que podría haber "descartado" el cuerpo. Seis minutos después emprendió el regreso y la reconstrucción del recorrido lo ubicó nuevamente en su domicilio. A Navarro se lo acusa de haberlo ayudado a desaparecer el cadáver, mientras que a Díaz -empleado de Soa en la empresa Mundo Limpio-, de colaborar en el ocultamiento de los restos, de su teléfono celular y de otros elementos.
El rol de Justillo y los chats que la comprometen
La situación de Justina Gordillo se volvió central a partir del análisis de mensajes y comunicaciones que mantuvo con Sosa. Gordillo estuvo en el domicilio de su pareja el 6 de enero por la noche y regresó el día después, alrededor de las 13.00. Además, el día del femicidio de Antonella cruzó varios mensajes con el exmilitar para pedirle documentación sobre sus empresas para pasar a ser su apoderada.
El fiscal de Homicidios I, Pedro Gallo, consideró que los acusados "colocaron" a la joven "en una posición de inferioridad y subordinación" debido a su adicción a las drogas, y afirmó: “Resulta relevante que había una clara cosificación por parte de Sosa hacia Álvarez, para quien quedaba prácticamente reducida a un objeto de entretenimiento”. Sobre el accionar de la empleada judicial, indicó que "actuó motivada no solo por la relación sentimental, sino también con el propósito de obtener para sí misma y para él un beneficio patrimonial”.
En su declaración, la acusada negó conocer a Antonella y dijo haber discutido con el exmilitar la noche del crimen. Pero las pericias sobre sus conversaciones con Sosa demostraron que si sabía quien era ella. "Era cantado, te ibas a aburrir. Buscá una que se drogue, que le gusten los tríos y las orgías así te acompaña. Y que le guste vender. Quizá podés llevar a Anto o a Fernando", le dijo en un mensaje.
"Es macabro que me muestres un video con una mina, eso no se hace. Ni por mí, que en este caso era tu novia, ni por la tr..a esa que no sé si es Anto o quién", dice otro de los intercambios. Según los investigadores, inicialmente ella rechazaba las prácticas sexuales de su pareja pero más tarde habría facilitando la logística al imputado para los encuentros.
A pesar de su situación, Antonella tenía muy buena relación con su madre y sus hermanas, a quienes mantenía al tanto de lo sucedido. "Lamentablemente tenía problemas de adicción y consumía, pero se quedaba todo el día en su casa y, cuando se recuperaba, venía a nuestra casa”, dijo uno de ellas al medio Contexto Tucumán, donde también planteó que quizás ellas "vio algo o se enteró de algo" y por eso la mataron.
FP