LA REFORMA LABORAL EN EL SENADO

Bullrich disputa poder y Adorni custodia a los Milei

La negociación por el texto de la reforma laboral abre discusiones internas en el propio gobierno libertario. La jefa del bloque violeta en la Cámara alta se quiere quedar con el rédito político si todo sale bien, mientras el ala blanda pide darles espacio a los reclamos de los gobernadores. Adorni ya no será parte de los viajes presidenciales: su nuevo rol. El 10 de febrero es la fecha elegida para llevar el dictamen de mayoría al recinto del Senado pero faltan voluntades. Entre duros y blandos, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, comenzó a aflojar la billetera para sumar votos.

Patricia Bullrich, Federico Sturzenegger, Luis “Toto” Caputo, Diego Santilli. Foto: cedoc

“Vas a votar con nosotros, pero las negociaciones entablalas conmigo a partir de ahora”, le dijo Patricia Bullrich a un senador aliado que acababa de acordar su apoyo al Presupuesto 2026 en una sobremesa en el comedor del Senado con Diego Santilli. En la charla en la que la jefa del bloque libertario le pidió tomarse un café para tratar de retener ese voto para la reforma laboral, dejó en claro que pretende tener la conducción política y llevarse todo el rédito de las victorias que el oficialismo pueda obtener en la Cámara alta. 

Pero Javier Milei y –sobre todo– Karina Milei no suelen darle el control total a un solo dirigente y, en la búsqueda de votos, todos entran al juego. Tan es así que en el proyecto final de la reforma laboral que se quiere poner a consideración en febrero hubo varias manos. Sobre el final, ganó el ala blanda del Gobierno, que pidió dejar afuera algunos artículos que generaban fuerte rechazos de la CGT. La marcha de la central obrera como respuesta al proyecto de 136 páginas fue leída desde la Casa Rosada como “razonable”. “Hubo una reacción bastante cuidada del sindicalismo, que ni siquiera llegó a discutir fuertemente más allá de algún mínimo ruido mediático, que ingresamos ese texto con modificaciones impositivas por el Senado”, evalúa un funcionario libertario.

El ala dura, encarnada por Federico Sturzenegger y Patricia Bullrich, pedía ir más a fondo en el texto. Pero el ala blanda hacía y sigue haciendo cuentas. Así, y atendiendo alguna demanda de los gobernadores, el proyecto tiene el camino allanado. Dentro de los dialoguistas y de quienes están dispuestos a hacer concesiones quedaron el ministro del Interior, Diego Santilli; el asesor presidencial, Santiago Caputo, y ahora un Luis “Toto” Caputo que se muestra más abierto a liberar algunos fondos, todo lo opuesto al rol que cumplió en los primeros dos años del Gobierno. “Hablás con uno y te dice una cosa. Hablás con otro y te promete otra. Pero cuando llegás a la tercera charla, que es para concretar la entrega de fondos, Caputo te dice que no hay nada”, analizaba tiempo atrás un gobernador. Ahora se muestra más receptivo. También Bullrich, que en un principio estaba del lado de Sturzenegger, se dio cuenta de que debía extender el debate y su aprobación no estaba garantizada en diciembre.

“Para Federico es sencillo ir a fondo porque no es él quien después tiene que ir en busca de los votos”, dice uno de los cinco funcionarios encargados de la negociación. La discusión interna sobre hasta dónde abrir el proyecto de reforma laboral y aceptar modificaciones ya comenzó. El ala dura plantea que el texto así como está tiene que ser bien recibido por los jefes provinciales a los que les van a pedir los votos, porque el solo hecho de su aprobación implicará un crecimiento de la economía. Pero el ala blanda asegura que no se les puede sacar más dinero del que se les recortó, dando a entender que hay que aceptar una negociación por el artículo 191, que implica una baja de impuestos a las ganancias a empresas, lo que significa menos fondos para las provincias. Como respuesta a este reclamo, el ministro de Economía va al artículo 212 y promete no implementar estos recortes de manera inmediata aun cuando la ley esté vigente. 

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, escucha todas las posiciones y después las charla con Karina Milei. El funcionario dejará de ser parte de la comitiva presidencial como lo fue hasta ahora en la mayoría de los viajes del Presidente. No irá a Suiza, en donde Javier Milei participará del foro de Davos, por pedido de los hermanos Milei. “El hombre de mayor confianza de Javier y Karina tiene que estar acá mientras ellos no estén”, admiten en su entorno. El objetivo es controlar la gestión y estarle cerca a la vicepresidenta, Victoria Villarruel, quien quedará a cargo.