COLUMNISTAS
opinión

Lo que el establishment argentino no comprende

17_01_2026_kicillof_buquebus_cedoc_g
TRISTE IMAGEN de la grieta: Kicillof, su hijo en brazos, su mujer y otro hijo echados de Buquebus en 2015. | cedoc

Desde el kirchnerismo se sostiene que el problema de la economía argentina es la deuda. Desde gran parte del establishment se sostiene que el problema de la economía argentina es el peronismo. Para los primeros se trata del FMI y otros acreedores que impiden una política económica autónoma, para los segundos es el riesgo kuka que impide una reputación financiera de Argentina normal. Ambos se equivocan parciamente y tendrán razón en conjunto el día que un político argentino gane las elecciones produciendo la síntesis que no logramos desde hace medio siglo yendo de un extremo al otro.

El riesgo país es claramente un riesgo político, los fundamentos que se esgrimen para justificar sus rápidas subas y bajas son esfuerzos cognitivos para racionalizar sentimientos. Macri a los dos años de gobierno con déficit fiscal y el kirchnerismo mucho más vivaz que hoy tenía un riesgo país de 347 puntos, y Milei con superávit fiscal, después del apoyo del FMI en abril y del Tesoro norteamericano en octubre, terminó 2025 con un riesgo país similar al de 2024: 570 contra 635, un 64% mayor que el de Macri, habiendo ganado ambos las elecciones de medio término.

Macri asumió el 10 de diciembre de 2015 con un riesgo país de 470 puntos, cuando el último año de Cristina Kirchner como presidenta y Axel Kicillof como ministro de Economía el riesgo país había comenzado con más de 800 puntos, y fue descendiendo por las expectativas que Macri había creado sobre el pago de deuda a los holdouts (“fondos buitre”), siendo primero ganador de la interna de Cambiemos, y luego posible y más tarde confirmado ganador de las elecciones presidenciales de 2015.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Al revés, en el último año de Macri, 2019, el riesgo país que ya había empeorado por la crisis económica de 2018 oscilando entre 600 y 700 puntos, en el segundo trimestre de 2019 saltó a 2 mil puntos tras el triunfo de Alberto Fernández en las PASO, llegando a 4 mil medio año después al comenzar el aislamiento por la pandemia, volviendo meses después a oscilar alrededor de los 2 mil hasta que en 2024, con la expectativa primero de que ganaría las elecciones el candidato de Juntos por el Cambio y luego el de LLA, se llegó a ,diciembre cuando asume Milei, a alrededor de 700 puntos.

Vale recordar que, al asumir Cristina Kirchner su primera presidencia en 2007, el riesgo país era de 357 puntos mientras en ese mismo último año de Néstor Kirchner había llegado al mínimo de 182 puntos, en enero de ese 2007. Luego, durante la primera presidencia de Cristina Kirchner, la crisis de las hipotecas de 2008 llevó el riesgo país de 350 a más de mil puntos. Vuelve a oscilar entre 450 y 500 puntos gran parte de 2011 para volver a tocar los mil al asumir Cristina Kirchner su segundo mandato, a fin de ese año.

La enseñanza que deja este recuento es que para que el riesgo país baje sostenidamente no alcanza con que un presidente antiperonista sea electo o hasta reelecto. Se asume que un presidente antiperonista será más amistoso con el mercado, y especialmente con el sistema financiero. Lo que falta es que un presidente peronista sea responsable fiscalmente y, si no amistoso, respetuoso del sistema financiero.

El establishment que ahora aplaude a Milei en cada una de sus participaciones en eventos empresarios, o la clase media alta que, ya electo Macri en 2015, abucheó a Kicillof en un un viaje de regreso de Colonia por Buquebus, cobardemente sin tener en cuenta que estaba con su mujer y dos hijos pequeños, no comprenden la matriz del problema del que también son causa contribuyendo a la polarización autodestructiva. La captura de imagen de video de aquel momento que ilustra esta columna es una buena síntesis del pico de esa incomprensión.

Es verdad que la deuda es un problema de la economía argentina: aumentó el 60% en las presidencias de Macri y Alberto Fernández combinadas. El riesgo país de solo 182 puntos de Néstor Kirchner, bastante poco después de que Argentina había hecho default en 2002, también obedecía a que la deuda en 2007 era significativamente menor (150 mil millones de dólares contra más de 455 mil). También era incomparable el déficit fiscal: Néstor Kirchner le entregó a su mujer un superávit fiscal de casi el 1% del producto bruto y ella, en su ocho años, lo convirtió en un déficit mayor al 6%. Mientras que Milei logró el superávit nuevamente tras 17 años de déficit.

Pero si volviéramos a tener un riesgo país de 200 puntos, el problema de la deuda dejaría de tener relevancia crucial aun con el volumen que cobró a partir de la presidencia de Macri, reconociéndole que parte de ese aumento fue asumir pasivos ocultos que había dejado el kirchnerismo, como juicios internacionales y los holdouts impagos.

Y para bajar el riesgo país lo que se precisa, además de mantener la disciplina fiscal que heredó de Lavagna/Duhalde Néstor Kirchner y erosionó su mujer, es un presidente que, no siendo considerado un amigo natural del mercado ni del sistema financiero, mantenga esa disciplina. Duhalde-Lavagna-Néstor Kirchner lo hicieron: también Cavallo la mitad de los años que estuvo con Menem y otros dos Menem solo. O sea, tres peronistas y un radical, sumando ahora a Milei, que lo está haciendo.

En los 90 se había puesto de moda cambiar una estrofa de la marcha peronista que decía “combatiendo al capital” por “seduciendo al capital”. En esta tercera década del siglo XXI el establishment debería preguntarse si para que sus activos valgan el doble o el triple que hoy, castigados por una tasa de descuento del flujo de sus empresas el triple que en nuestros vecinos, obviamente en proporción al riesgo país, no debería, en lugar de combatir al kirchnerismo, seducir al peronismo.

Como la alternancia es inevitable además de deseable para que exista democracia, lo importante no es que un campo político garantice la solvencia financiera del país sino que su oposición también valore esa solvencia como una condición para el desarrollo. El triunfo es que el oponente incorpore las ideas propias.

Y deberían desear que esa alternancia se produjera en 2027 y no en 2031 porque, hasta que no suceda a Milei un gobierno del campo no elitista que mantenga la responsabilidad fiscal, no importará cuántos años gobierne Milei, siempre quedará el riesgo del regreso del populismo. Como sostenía Lacan, los fantasmas se superan atravesándolo, que no es eliminarlo sino cambiando la posición subjetiva sobre él.