Mientras aguardamos los resultados de la visita a China de una delegación de un grupo de diputados libertarios, del PRO y exradicales —todos oficialistas— encabezada por la extravagante diputada Juliana Santillán, misión de la que nos informó la periodista Silvia Mercado, y no los responsables institucionales de la Cámara, mejor concentrémonos en la firma del acuerdo Mercosur-UE, este sábado en Asunción.
Las máximas autoridades de la Unión Europea serán recibidas este viernes en Brasilia por el presidente Lula da Silva, quien no estará presente en Paraguay. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea —principal órgano ejecutivo de la UE— y el primer ministro de Portugal Antonio Costa, titular del Consejo Europeo, —que integran los jefes de Gobierno de los 27—, tendrán un gesto con Lula antes de seguir rumbo a Asunción, para la rúbrica formal.
Lula esperaba poder firmar el acuerdo en la cumbre de jefes de Estado de Foz de Iguazú, el sábado 20 de diciembre, cuando Brasil aún ocupaba la presidencia pro tempore del bloque, que transmitió ese día a Paraguay. Y así se lo hizo saber a Bruselas. Pero la UE no estaba lista todavía. Recién el 9 de enero logró el voto positivo de al menos 15 de los estados de la unión que representan el 65 por ciento de la población total del bloque, el piso que requería la aprobación. Países como Francia, Polonia, Bélgica, Hungría e Irlanda se negaron a ratificar el acuerdo por el perjuicio que el ingreso de productos sudamericanos, más competitivos, podría ocasionar a su producción agropecuaria.
Hablamos de un tratado que empezó a negociarse con el siglo. Que ha superado su instancia de negociación política, una instancia clave, pero aún requiere la aprobación parlamentaria de cada uno de los países miembros de ambos bloques. Con la activa resistencia que han mostrado los productores agropecuarios franceses, hay varios capítulos por escribir todavía.
El acuerdo fue recibido con entusiasmo entre los industriales brasileños. La Confederación Nacional de la Industria (CNI) lo celebró como un paso significativo para la inserción internacional de Brasil y el fortalecimiento de su competitividad industrial. Allí el acuerdo es visto como una oportunidad para generar inversión, modernizar infraestructura y revertir procesos de desindustrialización. El poderoso sector agroindustrial, por su parte, se perfila como uno de los ganadores.
En Argentina el apoyo entre los industriales ha sido menos enfático. Martín Rapallini, la voz de la UIA, dijo que el acuerdo representa una oportunidad, dado que abre “la posibilidad de que la Argentina tenga con la UE un inversor global”. La agroindustria se perfila también como la gran favorecida, en tanto la industria automotriz y la metalmecánica se han mostrado más cautelosas ante la necesidad de contar con un período de adaptación para competir con las avanzadas europeas.
Asunción
Como se dijo, Lula no estará en Asunción para la firma. En el Palacio Planalto adujeron que el encuentro alcanzaba originalmente a los cancilleres del Mercosur, y que Paraguay envió tarde la invitación a los presidentes, según una versión que publicó la agencia AFP. Sí estarán el anfitrión, Santiago Peña, el presidente del Uruguay Yamandú Orsi y Javier Milei.
Lula está pasando por un extraño momento. Una encuesta publicada esta semana lo ubica como favorito en las elecciones de octubre, en las que buscará la reelección y un cuarto mandato presidencial, superando a Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, y al gobernador de San Pablo Tarsicio Di Freitas, estos dos últimos, candidatos de la derecha. Lo mismo sucede en un hipotético balotaje. La economía brasileña tuvo un crecimiento que se estima fue de entre 2,2 y 2,5% en 2025 y el desempleo se ubicó en el 5,2%, el nivel más bajo desde que se inició la serie histórica, en 2012.
Aunque Lula logró mantener la tradicional autonomía brasileña ante el avance de Trump (le torció el brazo al magnate en la discusión por los aranceles), y si bien apuró el acuerdo con la UE para crear el área de comercio más grande del mundo, la operación de EE.UU. en Venezuela desdibujó su natural liderazgo regional. El secuestro de Nicolás Maduro y la imposición de un gobierno chavista tutelado por la Casa Blanca, para no hablar de la captura de los recursos petrolíferos del Orinoco, los más importantes del planeta, representan el fracaso de la región en el manejo de la cuestión venezolana. Aunque tomó distancia del régimen tras el escandaloso fraude en las elecciones presidenciales de 2024, y rechazó el ingreso de Venezuela a los BRICS, Lula y la diplomacia de Itamaraty se cuentan entre los principales responsables de ese fracaso.

Sobre este escenario Milei busca potenciar su propio liderazgo regional, con la expectativa de ser apadrinado por Trump. Como observó una nota de Jorge Fontevecchia el 4 de enero, el día de la intervención militar de EE.UU. en Caracas, el Presidente hizo circular en las redes una edición de video de la cumbre de Foz de Iguazú, durante la que dio su apoyo decidido a las maniobras de EE.UU. en el Caribe, como señal de apoyo a la captura de Maduro. En la edición Lula parece ser el destinatario de las palabras de Milei. En el cierre del video se lo ve abrazado a Maduro.
Como publicó la semana pasada Carlos Pagni en La Nación, Brasil renunció a la representación de los intereses de la Argentina en Venezuela como resultado de la provocación de Milei. Lula había asumido esa responsabilidad en agosto de 2024, cuando ya gobernaba Milei, a raíz del asedio del régimen al edificio de la embajada argentina en Caracas, que daba refugio a perseguidos políticos.
Lula hubiera deseado firmar el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea en Foz de Iguazú el sábado 20 de diciembre, como una doble señal: la ratificación de su liderazgo regional y la asociación con la UE, en un mercado de 700 millones de habitantes, como límite potencial a la ambición de Trump de recrear en América Latina el viejo “patio trasero” de EE.UU., su "esfera de influencia". Pero Europa no estaba lista. Y dos semanas más tarde, Trump atacó Caracas.
¿Habrían sido diferentes las cosas? Difícilmente. Pero la voluntad de Lula de no asistir a la firma de mañana en Asunción, su decepción, tal vez responda no tanto a la presencia de Milei como a este endiablado capricho del calendario.
ML