Motores encendidos

El efecto Colapinto acelera el regreso de la Fórmula 1 al país: qué falta y quién pagará el millonario costo

El furor por el piloto argentino reactivó el operativo político y deportivo para repatriar a la máxima categoría después de casi tres décadas. Las obras a contrarreloj en el Autódromo porteño, los estrictos requisitos de la FIA y el rol clave del sector privado para costear los 50 millones de dólares que exige Liberty Media.

Fórmula 1 Gran Premio de los Países Bajos, el rey Guillermo Alejandro, la reina Máxima y la princesa Alexia. Foto: AFP

El asfalto de Palermo todavía conserva las marcas de los neumáticos de Franco Colapinto, pero el verdadero impacto de su exhibición no se midió en ruido, sino en peso político. El furor por el joven piloto encendió la mecha de un sueño que llevaba 28 años apagado y puso al Gobierno a trabajar a toda máquina para intentar repatriar a la Fórmula 1. Lo que hasta hace poco parecía una utopía para los fanáticos, hoy se transformó en un objetivo claro que busca seducir a las grandes ligas del automovilismo mundial.

El presidente Javier Milei aprovechó la apertura del Congreso Americano de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) en Buenos Aires para dejar claras sus intenciones. Frente a la cúpula directiva del organismo, el mandatario aseguró que el país recuperó la seriedad y las condiciones económicas que exigen este tipo de competencias internacionales. "Queremos ver a Colapinto en el país", lanzó sin vueltas desde el atril, invitando a los presentes a apostar por un evento de clase mundial que no pisa suelo nacional de manera oficial desde 1998.

Detrás de ese anhelo presidencial hay gestiones silenciosas que ya llevan tiempo cocinándose. El secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, Daniel Scioli, marcó que el operativo retorno arrancó formalmente hace dos años, durante una cumbre clave en el Gran Premio de São Paulo junto al CEO de la F1, Stefano Domenicali. Para el funcionario, el país ofrece actualmente la estabilidad, la seguridad y la conectividad aérea necesarias para recibir a un super evento trasciende lo deportivo.

Sin embargo, la estrategia de la Casa Rosada tiene una regla de oro innegociable: el financiamiento no saldrá de las arcas públicas. Milei señaló que el modelo a seguir es el de la participación privada y destacó que su gestión eliminó distorsiones, como el Impuesto PAÍS y los altos aranceles a los autos importados. Según su visión, estas medidas no solo abarataron los vehículos hasta un 30%, sino que impulsan la renovación de un parque automotor envejecido, mejorando de paso la seguridad vial en las rutas.

Esta visión económica se traslada directamente a la infraestructura logística de todo el país. El Presidente contrastó los históricos planes de obra pública estatal con su actual esquema de concesiones viales privadas. Ofrecer rutas en buen estado, bien señalizadas y bajo un marco de previsibilidad jurídica, es el primer paso para convencer a los gigantes del entretenimiento de que Argentina volvió a ser un terreno fértil para las inversiones extranjeras.

Del otro lado del mostrador, el semáforo parece estar cambiando a verde. El presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, se mostró optimista respecto al potencial nacional. No obstante, para que el show vuelva a instalarse en Sudamérica, la organización local deberá cumplir a rajatabla con los estrictos requisitos de seguridad que demanda la categoría.

Colapinto larga 16º por un error suyo

La pista porteña y el desafío de la infraestructura

El primer gran obstáculo para recibir a los monoplazas más rápidos del mundo es estructural. Para conseguir la codiciada certificación de Grado 1 de la FIA, la Ciudad de Buenos Aires puso en marcha un ambicioso plan de modernización en el mítico Autódromo Oscar y Juan Gálvez. El jefe de Gobierno, Jorge Macri, dispuso una inyección de 160 millones de dólares a través de la empresa Autopistas Urbanas (AUSA) para dejar el predio a la altura de las circunstancias.

Los trabajos pesados ya comenzaron a cambiar la fisonomía del predio de Villa Riachuelo. Esta misma semana, las máquinas completaron la demolición total de la histórica tribuna ubicada en la zona de la Horquilla. Esta intervención quirúrgica permitirá extender el trazado hasta los 4,87 kilómetros, una longitud indispensable para cumplir con las normativas internacionales de la FIA y garantizar zonas de escape seguras para los pilotos.

Jorge Macri aseguró que el Autódromo "tendrá la mayor inversión de su historia”

El masterplan no se limita únicamente al asfalto de la pista principal. La renovación contempla la construcción de un nuevo túnel para agilizar la logística interna de los equipos, la actualización completa de la zona de boxes y el desarrollo de un kartódromo con estándares de homologación global. Todo este paquete de obras se enmarca en la designación de Buenos Aires como Capital Mundial del Deporte 2027, una vitrina ideal para reinsertarse en el calendario global.

El secretario de Deportes porteño, Fabián Turnes, remarcó que el objetivo central de esta transformación es tener un circuito listo para albergar la máxima categoría. Mientras los operarios avanzan a contrarreloj con las remodelaciones, el Autódromo ya se aseguró un hito de enorme peso: confirmó el regreso del MotoGP para 2027 con un contrato de cuatro años y una inversión de 52 millones de dólares, marcando el primer paso firme hacia la élite del deporte motor.

La Fórmula 1 y Colapinto en Buenos Aires podrían generar un impacto económico de al menos US$ 600 millones

Los números del negocio: quién paga la fiesta

Más allá de los ladrillos y el nuevo asfalto, el verdadero partido se juega en las oficinas financieras. Para que la Fórmula 1 aterrice efectivamente en Argentina, el Automóvil Club Argentino (ACA) debe cerrar un acuerdo comercial con Liberty Media, la empresa dueña de los derechos de la categoría. El tarifario no perdona: la cuota de organización ronda los 50 millones de dólares por cada carrera, y los estadounidenses exigen firmar un contrato base por un mínimo de cinco temporadas.

Con la billetera del Estado completamente cerrada para este tipo de espectáculos, la viabilidad económica del proyecto depende exclusivamente del músculo empresarial privado. El Gobierno nacional actúa hoy como un facilitador, pero necesita que un sólido grupo de inversores y sponsors asuma el riesgo de pagar y sostener la gigantesca estructura.

Las proyecciones oficiales apuntan a que un Gran Premio no solo recupera el capital mediante la venta de entradas y derechos, sino que inyecta una fortuna en el ecosistema local. El gran espejo en el que se miran los organizadores es la carrera de Miami, que generó un impacto económico cercano a los 500 millones de dólares en su primera edición; una cifra tentadora que podría convertir el rugido de los motores en un negocio redondo para el país.

TC/MSS