LA INTERNA DEL PERONISMO Y LOS PREPARATIVOS PARA 2027

El ensayo presidencial de Kicillof: armado federal, el timing y el debate del ¿para qué?

El gobernador bonaerense avanza con un armado federal y movimientos medidos para no quedar atrapado en una campaña anticipada. Busca ampliar su base política sin profundizar internas y, al mismo tiempo, instalar una discusión sobre el rumbo de un eventual gobierno. La experiencia fallida de Alberto Fernández y qué pretende de una nueva visita a Cristina Kirchner. ¿Hasta dónde ampliar el armado? Las esquirlas de la foto con Macri en Expoagro.

La rosada, divino tesoro. El gobernador activó la estrategia para jugar su aspiración en 2027. Foto: cedoc

Nadie se banca un año y medio como candidato a presidente, y mucho menos al mismo tiempo siendo gobernador de la provincia de Buenos Aires en un contexto en el que la crisis económica se siente cada vez más. Eso repite Axel Kicillof cada vez que escucha que debe acelerar los tiempos. Por eso, el jefe provincial administra los tiempos con movimientos medidos y una construcción que recién empieza a insinuarse.

Las primeras señales de ese ensayo aparecen en el lanzamiento del Centro de Estudios Derecho al Futuro (Cedaf) en distintos puntos del país, un think tank de perfil técnico que le permite empezar a saltar el alambrado bonaerense. El hecho de ponerlo en marcha en su territorio y cruzar luego a Capital Federal ya despertó expectativas entre dirigentes que empiezan a escribirle y llamarlo para que en la agenda próxima aparezcan encuentros similares en otras provincias.

Pero Kicillof también mide cada paso en esa expansión. Pretende esquivar las disputas locales y que su figura no genere un nuevo tironeo entre referentes provinciales. La regla es simple: los desembarcos deben servir para ampliar y no para achicar aún más el espacio.

Hay una prioridad que se repite en La Plata: cuidar a los gobernadores que todavía sostienen un polo opositor al gobierno libertario. Algunos tienen el terreno despejado, como Gildo Insfrán en Formosa, Ricardo Quintela en La Rioja y Elías Suárez en Santiago del Estero. Pero otros atraviesan sus propias batallas. Sergio Ziliotto, en La Pampa, y sobre todo, Gustavo Melella, en Tierra del Fuego, libran disputas locales que el gobernador bonaerense evita alterar mientras empieza a tejer su proyección nacional.

Mientras tanto, Kicillof también atraviesa su propia interna. La disputa con el kirchnerismo está lejos de apagarse y la prisión de Cristina Kirchner vuelve una y otra vez como punto de tensión. En las últimas horas, el gobernador tuvo que responder a un reclamo de ese sector, que en cada discurso cuenta cuántas veces pide por “Cristina libre” y contrasta la presencia de otros dirigentes en San José 1111 con el único encuentro que Kicillof mantuvo con la dos veces presidenta desde la condena. El dato ya forma parte del inventario político con el que le marcan la cancha.

El gobernador no se queda callado. Ante algunos intermediarios dice que está a disposición de CFK cada vez que lo necesite. Pero de inmediato plantea la pregunta: “¿Ir para qué?”. El encuentro de octubre no terminó en los mejores términos: sobraron reproches y chicanas. Kicillof lo aceptó, pero si hay una nueva reunión pretende que sea para avanzar en una construcción contra Milei y no para volver a discutir lo ya saldado.

El gobernador mira más allá de los propios y pretende acordar estrategias con otros jefes provinciales. Por ahora escucha que la mayoría está dispuesta a desdoblar las elecciones para conservar su distrito y mirar para otro lado en la nacional, para “no molestar” al gobierno libertario. Pero en la Casa Rosada esa jugada ya no alcanza. El objetivo es otro: que no adelanten los comicios, que vayan como aliados y que la figura presidencial arrastre también a los candidatos locales.

Esa discusión también deberá resolverse en la provincia de Buenos Aires, donde ya fue motivo de interna en la elección pasada. Kicillof insiste en que, incluso con sistemas distintos, es imposible avanzar en elecciones concurrentes el mismo día. Habrá que ver además qué pasa en el Congreso con las PASO. Todavía quedan varias piezas del calendario electoral por definirse.

Kicillof quiere ser. Trabaja para serlo. Pero advierte en su intimidad que no cuenten con él para ganar primero y “ver después qué hacemos”. No quiere repetir la experiencia de Alberto Fernández y por eso empezó por construir una estructura propia con el Centro de Estudios. Si llega, quiere hacerlo con una base política sólida. Un Congreso fuerte que pueda frenar la reforma laboral libertaria, que no se divida frente a la discusión con el FMI o que avance en definiciones como la designación del procurador. También sabe que la autocrítica del último gobierno peronista es inevitable.

¿Hasta dónde ampliar? Aunque el saludo con Mauricio Macri en Expoagro generó ruido, el gobernador asegura que con el expresidente del PRO “ni a la esquina”. Tampoco se imagina dándole la bienvenida a la vicepresidenta Victoria Villarruel en una gran interna de un frente nacional. “Con negacionistas tampoco ni a la esquina”, repiten en la calle 6. La mirada se posa más bien en sectores del radicalismo, la izquierda y lo que queda de la Coalición Cívica cuando se trata de ampliar.

El gobernador mira encuestas, pero es uno de los dirigentes que menos creen en ellas. “Dos semanas antes de ganarle a María Eugenia Vidal estábamos 8 puntos abajo y terminamos 20 arriba”, recuerda. Los sondeos que hasta hace poco reflejaban un clima favorable no coinciden con lo que percibe en la calle. La crisis económica puede estallar por distintos frentes, y por eso revisa lo que pasa en su territorio y en el resto de las provincias donde ya empezaron a aparecer conflictos sectoriales.

Por eso insiste en que no debe apurarse. Repite que nadie resiste tanto tiempo en campaña y mucho menos un gobernador que, en cualquier momento, puede enfrentar una crisis en su territorio como consecuencia de la política económica de Javier Milei. Axel Kicillof quiere ser quien en 2027 enfrente a los libertarios. También entiende que la política tiene sus tiempos. Si no le toca a él, igual estará en la construcción de un proyecto capaz de convertirse en el principal frente opositor a La Libertad Avanza. Aunque cerca suyo lo dicen sin rodeos: su apuesta es que sea él quien llegue a esa disputa.