Préstamos "gota a gota": la violenta modalidad de crédito que golpea en los barrios populares
Nacidos al calor del narcotráfico colombiano de los años noventa, los préstamos "gota a gota" representan un win-win para las bandas criminales que se instalan en los barrios populares: aumentan su patrimonio mediante la usura y, a la vez, se desprenden de enormes cantidades de dinero en efectivo proveniente del delito y el narcomenudeo.
“Vas a entender que acá no se jode. Ninguno de los salames que fueron hasta ahora tienen el peso que tengo yo. Tu préstamo te va a salir más caro que toda tu vida”. La frase, escalofriante, sale de boca de un prestamista ilegal que operaba en el conurbano bonaerense, principalmente en Moreno, Caseros, El Palomar, Ituzaingó y General Rodríguez. La víctima se animó denunciarlo ante las autoridades, que tras meses de investigación lograron determinar que, quien hablaba, lideraba un red delictiva que otorgaba créditos informales con tasas que superaban el 100% mensual. La violenta modalidad se llama “préstamo gota a gota”.
La Dirección Departamental de Investigaciones (DDI) de San Isidro detuvo a la banda en una operación que incluyó once allanamientos simultáneos ordenados por la fiscal Paula Hertrig, de la UFI de Boulogne. La acusación: asociación ilícita, usura, extorsión y amenazas. La víctima —de identidad reservada— había pedido $250.000 para comprar alimentos y útiles escolares para su hijo menor.
Situaciones como la de esa persona se multiplican en los barrios populares de la provincia de Buenos Aires, como en la Ciudad de Buenos Aires y también existen casos registrados en Rosario, Salta y Mar del Plata. La operatoria es calcada siempre. Se presta dinero sin ningún tipo de aval respaldatorio y se acuerda un plan de pago que puede ser mensual, semanal o incluso diario: gota a gota. Al acordar la devolución del dinero en plazos tan cortos, el deudor no siempre toma noción del porcentaje de interés que le van a cobrar. Es parte del engaño.
Estas redes de prestamistas ilegales suelen estar vinculadas, aunque no siempre la Justicia logre probarlo, con el negocio del narcomenudeo. Y son muchas las veces en que, el verdadero negocio, no es cobrar la deuda, sino quedarse con los bienes del deudor, a la fuerza.
Motos, autos, electrodomésticos e incluso la propia vivienda, son confiscados mediante amenazas y amedrentamientos a quienes no logran estar al día con los pagos. De esta manera, un préstamos de apenas 200 o 300 mil pesos se puede transformar en un vehículo o una casa que los delincuentes terminan convirtiendo en un nuevo búnker para el expendio de más drogas.
Pero, a diferencia de años anteriores, en que un usurero operaba exclusivamente “de boca en boca”, los prestamistas ilegales actuales sumaron el anzuelo de las redes sociales. Abren perfiles en redes sociales simulando ser financieras legítimas —con nombres como “Planes Cred”— y posteos que apelan a la esperanza y al esfuerzo: “¿Querés progresar pero nadie te apoya?” o “Cada emprendimiento empieza con un sueño, pero necesita apoyo para crecer. En Planes Cred confiamos en vos y en tu esfuerzo”. Masifican su alcance.
Para captar clientes, los prestamistas ilegales actuales incorporaron las redes sociales a su red de anzuelos.
Las billeteras llegan a cobrar tasas de usura para tomar deuda a “un click”
“Gota a gota”: el ministro de Seguridad bonaerense advirtió que “se duplicaron los tiros en las piernas”
Los niveles de violencia también cambiaron. Lo que antes podía ser “un apriete”, un golpe de puño en el rostro y algunos empujones, hoy son amenazas muy explícitas y un nivel de brutalidad que llega al daño mediante armas de fuego. No es casual que, la semana pasada, el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, lanzara un dato impactante: “Se duplicaron los tiros en las piernas”.
El funcionario, además, aclaró que este fenómeno no refleja una simple disputa de territorio o venganza entre narcotraficantes minoristas, sino que deriva de una actividad paralela en auge vinculada a la venta de drogas: la usura y los préstamos ilegales.
El ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires , Javier Alonso, confirmó que la duplicación de casos de tiros en las piernas tiene relación con el auge de los préstamos "gota a gota" y la usura.
Los casos no son aislados. En 2025 (últimos datos cuantificados oficialmente), Argentina fue escenario de múltiples operativos policiales que desarticularon redes de prestamistas ilegales, especialmente las que operaban bajo la modalidad “gota a gota”. Estos operativos muestran que la problemática no es anecdótica, sino parte de un fenómeno que afecta a barrios populares del conurbano, de CABA y también se expande a otras provincias.
Sólo por nombrar algunos, en agosto de 2025, la Policía de la Ciudad de Buenos Aires desarmó una banda que operaba en el sur del conurbano bonaerense. La organización otorgaba microcréditos con intereses desmedidos (300% mensual), sometía a las víctimas a amenazas y extorsiones, y se adueñaba de bienes cuando no podían pagar. Se incautaron millones de pesos, armas y vehículos de alta gama. El lujo financiado con la miseria ajena.
En septiembre, en el marco de una investigación por homicidio, se descubrió que la víctima pertenecía a una banda que utilizaba la aplicación de pagos de Marcos Galperín (Mercadopago) para otorgar créditos informales. Tras su muerte, sus cómplices le cortaron un dedo para acceder a su celular y seguir prestando.
Cómo nacieron los préstamos “gota a gota”
Es imposible saber si Diego Murillo Bejarano fue consciente del impacto que tendría su nueva “picardía” cuando, a fuerza de miles de asesinatos, se quedó con el control absoluto del narcotráfico en la Medellín de mediados de los noventa. Venía de protagonizar, junto a la DEA, la CIA y toda la estructura de seguridad y militar colombiana, de una de las cacerías humanas más grandes de la historia, en la que terminó muerto el patrón de patrones: Pablo Emilio Escobar Gaviria. Don Berna, como le dicen sus allegados, había quedado al frente de todas las “oficinas” de la ciudad, los puntos de acopio y distribución del dinero proveniente de todas las mafias del mundo.
El efectivo a su disposición era descomunal. Departamentos de varios ambientes llenos de dólares hasta el techo impedían caminar por su interior. En esa situación radicaba un problema. Como en todo negocio narco, los billetes obtenidos suelen ser de baja denominación. Es la plata con la que el drogadicto paga. Ante esa situación, que Escobar había intentado resolver mediante múltiples entierros de divisas que se terminaron perdieron o pudriendo, Don Berna pensó en algo distinto: comenzar a prestar ese dinero. Le puso un nombre a la operación: préstamo gota a gota.
Diego Murillo Bejarano, alias "Don Berna", fue miembro de Los Pepes, la organización paramilitar que protagonizó la cacería que culminó con la muerte del líder del Cártel de Medellín, Pablo Emilio Escobar Gaviria. Cuando quedó al frente de la poderosa organización delictiva, a mediados de los noventa, comenzó a prestar dinero en efectivo a las personas de los barrios populares en los que operaba. Bautizó la maniobra como "préstamo gota a gota".
Al principio los destinatarios de los créditos fueron las familias del barrio que atravesaban alguna dificultad financiera. El objetivo original de Don Berna no era ganar más dinero con esas operaciones, sino lavar el que ya tenía y gradualmente inyectarlo en las calles colombianas para que se traduzca en consumo de bienes.
El interés que cobraban era extremadamente bajo, e incluso muchas veces inexistente. La “doctrina” de Pablo Escobar, recién muerto, todavía operaba en la mente de los narcos: ayudar al pueblo gracias a las enormes ganancias que el negocio transnacional de la cocaína les otorgaba. Pero poco tiempo después, con la llegada del año 2000, Don Berna fue extraditado a los Estados Unidos y la aparición de una nueva camada de narcos “sin códigos”, cambió eso.
Los nuevos endeudados son menos libres que los siervos
Los intereses aumentaron a cifras colosales y la modalidad se “exportó” a toda la región. Argentina fue de los primeros países en adoptarla y también en advertirla. Ya en 2018, la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) informó sobre los riesgos del “gota a gota”. Calificó la maniobra como “usura”, un delito previsto en el artículo 175 del Código Penal, con penas de seis meses a cinco años de prisión.
Si bien es cierto que en Argentina el narcotráfico no se acerca a los niveles de dinero que manejan los cárteles colombianos, la gran concentración de efectivo representa un igualmente problema para los dealers locales. Esto se agravó en los últimos años con una inflación que generó que la droga que antes se compraba con uno o dos billetes, hoy se adquiera con varios más. En ese sentido, la usura es un win-win: los delincuentes aumentan su patrimonio mediante la usura y, a la vez, se sacan de encima grandes cantidades de billetes físicos de baja denominación.
Con el aumento de la morosidad en la conversación política de las últimas semanas, el fenómeno de la usura y los crecientes niveles de violencia de estas bandas criminales abren una pregunta de manual: ¿cómo piensa el Estado resolver una problemática que toca puntos tan disímiles como el narcotráfico, la disminución del trabajo en blanco, la desbancarización consecuente y la pobreza que obliga a los habitantes de los barrios populares a caer en manos de los prestamistas ilegales?
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