Eran cerca de las 10 de la noche cuando cuatro hombres desconocidos aparecieron en una casa de la localidad de Arturo Seguí, partido de La Plata. No querían esperar. Habían ido a cobrar una deuda, pero la mujer que debía pagarles les pidió apenas un día más para conseguir el dinero. La respuesta que recibió fueron insultos y amenazas. Una vecina de 53 años escuchó los gritos, salió para intentar calmar la situación y uno de los cobradores levantó una carabina y disparó: la bala le atravesó el muslo derecho.
El episodio ocurrió en noviembre del año pasado, en las calles 154 y 412. Otro de los prestamistas llevaba un revólver calibre 22. Después del ataque, los cuatro escaparon y la Justicia abrió una causa por abuso de arma y lesiones que quedó en manos de la UFI 17 de La Plata. El vínculo de esos prestamistas con organizaciones narco no fue acreditado, pero la mecánica del ataque se parece a una modalidad sobre la que ahora advierten las autoridades bonaerenses: el uso de la violencia para cobrar deudas contraídas en circuitos informales. ¿Casualidad? Difícilmente.
Curiosamente, esta semana el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, lanzó un dato impactante: “Se duplicaron los tiros en las piernas”, dijo y enseguida explicó que no se trata simplemente de una nueva modalidad de ajuste de cuentas entre vendedores de drogas, sino de una consecuencia de otro negocio que comenzó a crecer alrededor del narcomenudeo: los préstamos de dinero.
Según Alonso, durante los primeros cuatro meses de este año se duplicaron respecto del mismo período de 2025 los delitos violentos asociados a estas deudas, entre ellos homicidios, tentativas, lesiones graves y amenazas con armas. “Los que prestan plata en el barrio son los que venden droga o están en alguna organización criminal”, sostuvo.
La secuencia que describe el ministro comienza cuando una organización logra consolidarse en un territorio. La venta de droga genera dinero en efectivo y ese capital empieza a circular hacia otras actividades ilegales. Una de ellas son los préstamos. Quienes no tienen acceso al sistema financiero encuentran allí dinero rápido, pero también intereses elevados y mecanismos violentos de cobranza.
Los casos no se limitan al territorio bonaerense. En Rosario, especialistas que trabajan en los barrios vienen advirtiendo sobre la expansión de los préstamos ligados a economías ilegales y la aparición de los llamados “casinitos”, donde se combinan apuestas clandestinas, créditos y deudas. En Santiago del Estero, un joven terminó brutalmente atacado por una deuda originada en la compra de cocaína. Y en la provincia de Buenos Aires una investigación federal permitió desarticular una organización dedicada a préstamos “gota a gota” que cobraba intereses de hasta el 600% anual y extorsionaba a quienes no podían pagar.
De la tarjeta al prestamista. El fenómeno aparece sobre un escenario de fuerte deterioro de la capacidad de pago de los hogares. Según datos de la Central de Deudores del Banco Central procesados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en junio de 2026 había 20,9 millones de personas con deudas registradas en bancos y billeteras virtuales. De ese universo, 5,8 millones se encontraban en situación de mora.
El deterioro se aceleró en los últimos dos años: desde febrero de 2024 se incorporaron 2,6 millones de nuevos deudores morosos. Otro relevamiento de la Universidad Austral y Eco Go, también elaborado sobre información del Banco Central, muestra que el 26,1% de los deudores presenta algún grado de mora y que el 17,5% del dinero prestado se encuentra en situación irregular, contra apenas el 4,2% registrado a fines de 2023.
No obstante, las estadísticas del sistema financiero sólo muestran una parte del problema. Quienes dejan de conseguir crédito formal comienzan muchas veces un recorrido diferente: tarjeta, billetera virtual, financiera y, finalmente, prestamista informal.
Deudas, amenazas y violencia. Los expedientes policiales y judiciales permiten ver distintas caras de ese circuito. El caso de Arturo Seguí es una de ellas. La mujer había pedido dinero y los cuatro cobradores se presentaron armados en su casa. Cuando pidió un día más, comenzaron las amenazas y finalmente llegó el disparo que hirió a su vecina.
Otra modalidad son los créditos conocidos como “gota a gota”. En agosto de 2025, una investigación de la Policía Federal permitió desarticular una organización que combinaba la explotación de ciudadanos extranjeros con la venta callejera de muebles y el otorgamiento de préstamos.
Los créditos se concedían sin garantías y podían alcanzar intereses del 600% anual. La deuda podía duplicarse o triplicarse y, frente a los atrasos, comenzaban las extorsiones. Los investigadores determinaron que los deudores podían terminar perdiendo viviendas, automóviles y otras pertenencias. La causa quedó a cargo de la Fiscalía Federal de Quilmes y alcanzó domicilios de Lomas de Zamora, Presidente Perón y Bosques.
En Rosario apareció además una derivación todavía más reciente: los “casinitos”, estructuras de apuestas ilegales que funcionan en los barrios y generan nuevos deudores.
La violencia también aparece fuera de los grandes centros urbanos. En mayo de 2025, en Añatuya, Santiago del Estero, un joven de 24 años fue interceptado por dos hombres que circulaban en moto. Uno de ellos lo golpeó y le clavó un palo de escoba en una rodilla, mientras su acompañante le apuntaba con un arma de fuego.
La víctima contó después que consumía cocaína y había comprado droga fiada. No pudo pagarla. La deuda derivó en el ataque y la investigación quedó en manos de la Justicia provincial, con intervención del área de Drogas Peligrosas.
Son episodios diferentes y no todos responden a una misma organización ni a idénticas modalidades. Pero tienen un elemento común: la deuda deja de ser únicamente un problema económico y se transforma en un instrumento de control.
La advertencia de Daniel Arroyo
“Van al que vende droga, que tiene billetes y da créditos”
L.N.
Daniel Arroyo advirtió este flagelo en mayo de 2025. “En los barrios, los prestamistas son los narcos”, afirmó entonces el exministro de Desarrollo Social. Su diagnóstico describía precisamente esa cadena: familias que se endeudan para cubrir alimentos, servicios, transporte o alquiler y que, cuando se cierran las vías convencionales de financiamiento, terminan recurriendo a quienes manejan dinero en efectivo en el territorio.
“Primero van con tarjeta, después van a la financiera de la esquina, después van a la vuelta, después van al que vende droga, que tiene billetes y da créditos”, explicó Arroyo. Y advirtió que una situación que venía de años anteriores se estaba profundizando a medida que disminuían los ingresos disponibles de las familias.
Una descripción similar hace Luciano Vigoni, politólogo, especialista en violencias juveniles y exdirector del Programa Nueva Oportunidad de Santa Fe.
“El narcotráfico, la economía ilegal, ha diversificado su presencia en los barrios”, señaló Vigoni. Ya no se trata únicamente de comercializar y distribuir drogas: el prestamismo y los denominados “casinitos” comenzaron a ocupar un espacio creciente.
Vigoni sostiene que existe una estructura intermedia que presta dinero con intereses muy elevados a personas que no tienen tarjetas ni posibilidades de obtener financiamiento por vías tradicionales. El préstamo puede ser por días, semanas o meses. El problema aparece cuando el deudor no puede cumplir.
En esos casos pueden ejecutarse bienes e incluso viviendas. Según el especialista, no es un mecanismo nuevo, pero “recrudeció en el último tiempo”. Y las razones por las cuales se pide dinero también cambiaron: hay familias que recurren a esos préstamos para comprar comida, trasladarse de madrugada a un hospital o simplemente llegar a fin de mes.