Larga noche política

Reforma Laboral: volvieron a sonar cacerolas en varios barrios de Buenos Aires

Como cierre de un día marcado por el paro general y los incidentes en el Congreso, el sonido metálico reapareció en numerosos barrios porteños y también hubo reportes de provincias. Los vecinos se posicionaron en esquinas clave, mientras el debate por la reforma laboral continuaba dentro del recinto. VIDEO

Cacerolazos en Buenos Aires por la Reforma Laboral del gobierno de Javier Milei. Foto: X-RS

El eco metálico de las cacerolas volvió a adueñarse de la noche argentina, marcando el pulso de una sociedad que no encontró descanso tras el paro general por el debate de la Reforma Laboral en Diputados. No fue una protesta silenciosa: el estruendo comenzó pasadas las 23:00 y se multiplicó por las esquinas de la Ciudad de Buenos Aires en un clima de tensión que evidenció la fractura social. Mientras en el Congreso los legisladores ajustaban sus discursos de cierre, en las calles el ruido se transformó en la respuesta directa a una jornada de represión, cierres de fábricas y una reforma que se sintió como una amenaza inminente para el bolsillo del trabajador.

En la Ciudad de Buenos Aires, el mapa de la protesta se extendió con rapidez. El cruce de Medrano y Corrientes quedó totalmente bloqueado por los vecinos, mientras que en Corrientes y Ángel Gallardo el sonido fue incesante. El fenómeno se repitió en barrios tan diversos como La Paternal, con epicentro en Av. Juan B. Justo y San Martín,, Villa Pueyrredón, Mataderos, Caballito  y la Villa 21-24. La consigna fue clara y se escuchó con fuerza en cada rincón: el rechazo total a los cambios en las leyes de trabajo que se votaron horas más tarde.

Uno de los momentos más críticos se vivió en el barrio de Boedo. Allí, al grito de "Unidad de los trabajadores", un grupo numeroso de vecinos corrió a la Policía de la Ciudad que intentaba impedir el corte de calle y el cacerolazo. La resistencia vecinal logró desplazar el cordón policial en San Juan y Boedo, dejando en claro que el protocolo antipiquetes encontró un límite en la reacción de los barrios. La tensión en ese punto reflejó el hartazgo acumulado tras un día de servicios paralizados y fuertes cruces dialécticos entre el Gobierno y los sindicatos.

El malestar también se alimentó en redes sociales. Desde la cuenta "Arrepentidos de Milei", se sintetizó una de las consignas que más resonó en las esquinas: "Los que están en la calle se tienen que levantar a laburar por dos mangos y están a las doce de la noche viendo diputados que cobran millones discutiendo que otros laburen 12 horas". Esta percepción de injusticia alimentó las llamas de una protesta que ya no solo cuestionó la ley, sino la legitimidad de quienes la impulsaron.

El conflicto no se limitó a los límites de la General Paz. En Mendoza, un enorme cacerolazo sacudió el centro de la capital provincial, uniendo el reclamo histórico por la defensa del agua con el rechazo a la reforma laboral. La bronca se escuchó en cada rincón del país, demostrando que la huelga de la CGT funcionó como un catalizador para una resistencia que unificó a distintos sectores sociales bajo una misma consigna de lucha.

Esta reacción nocturna cerró una semana donde el país se encontró con la noticia del cierre definitivo de Fate y atravesó un debate legislativo plagado de acusaciones cruzadas. Con 10 heridos registrados por el SAME durante la tarde y el transporte aún paralizado, los cacerolazos fueron la última palabra de una jornada donde la política se discutió tanto en las bancas como en el asfalto de las calles

Los manifestantes derribaron las vallas y la policía respondió con balas de goma

El contexto de una jornada fracturada

La huelga de este jueves no fue un hecho aislado, sino el clímax de una semana de alta temperatura política. El Gobierno, a través de Manuel Adorni, calificó la medida de fuerza como "perversa" y "extorsiva", asegurando que el paro causó una pérdida de 600 millones de dólares. Sin embargo, la central obrera justificó la huelga ante la pérdida de 300 mil puestos de trabajo y el avance de una ley que, según la oposición, le sacará 2500 millones de dólares a los jubilados para financiar un sistema que beneficia a los grandes empleadores.

El clima de violencia que se vivió frente al Congreso, con una anciana de 75 años hospitalizada por una fractura de cadera, enmarcó el descontento que luego se trasladó a los barrios. Mientras Victoria Tolosa Paz y Juan Grabois denunciaban una "estafa previsional" y una "regresión laboral" en el recinto, los vecinos de Boedo y Mataderos tomaban las calles como respuesta a los 900 despidos de Fate y la parálisis de la industria nacional. La brecha entre el discurso oficial de la "modernización" y la realidad de los cierres de fábricas fue el combustible de las cacerolas.

A medida que se acercó la madrugada, los cacerolazos se mantuvieron firmes en puntos estratégicos. El oficialismo buscó minimizar el impacto de las protestas nocturnas tildándolas de organizadas por la militancia, pero la diversidad de los barrios involucrados sugirió un malestar que traspasó toda ideología.

TC