Senado caliente: llamados, negociaciones y un mapa de aliados que se reconfigura
El poroteo de Juliana Di Tullio sobre el final de la votación. El 35 a 35 y cómo se cayeron los dos capítulos más importantes en 48 horas. Sergio Massa, al teléfono con gobernadores y senadores aliados. Joaquín Benegas Lynch terminó de empujar en pleno recinto a quienes ya venía buscando Máximo Kirchner. Las certezas que tenía el oficialismo se evaporaron entre los errores propios y una crisis en el esquema de votos construido por Bullrich.
A las ocho de la noche del jueves el poroteo marcaba 35 a 35. Empate técnico para una votación que se definía por una mano. En una de las decenas de cruces telefónicos que atravesaron esa jornada, uno de los dirigentes encargados de juntar los votos para frenar el capítulo que modificaba la ley del fuego lanzó la advertencia que resume el clima de ese momento: si perdían por un voto, la bronca iba a caer sobre ellos mismos, porque habían sido los suyos los que avalaron horas antes mandar a comisión el pedido de voto remoto de Anabel Fernández Sagasti. El peronismo corría el riesgo de perder por un movimiento que buscó pasar desapercibido al principio de la sesión pero que había quedado inmortalizado por las manos alzadas.
La encargada de sostener el poroteo para el proyecto de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, planilla en mano, teléfono al rojo vivo, fue la senadora Juliana Di Tullio. Los llamados iban y venían durante toda la semana y se intensificaron entre el miércoles y jueves. Una de las terminales de esa cadena de recolección de votos funcionó en un despacho de avenida Libertador. Sergio Massa trabajaba en paralelo con su propia lista: senadores y gobernadores, sin distinción de bloque, con la lapicera puesta sobre los nombres que todavía dudaban.
La sesión del jueves ya había arrancado golpeada. El miércoles a la tarde, en la previa, la jefa del bloque libertario, Patricia Bullrich, tuvo que retirar del proyecto el capítulo de extranjerización de tierras: el que primero eliminaba todos los límites para la compra de tierras a extranjeros y el que después mantuvo el límite pero subiendolo del 15% al 25% el tope. No había votos. Los gobernadores Osvaldo Jaldo (Tucumán), Rolando Figueroa (Neuquén), Gustavo Sáenz (Salta) y Hugo Passalacqua (Misiones) les bajaron el pulgar. El capítulo quedó afuera antes de que arrancara la sesión.
Fue apenas el primer tropiezo. El segundo, ocurrió al día siguiente ya en el recinto. Con el capítulo de la ley de tierras descartada, lo que empezó a tambalear fue el capítulo que modificaba la Ley de Manejo del Fuego: la norma que impulsó Máximo Kirchner en 2020 y que bloquea durante 30 y 60 años el cambio de uso de las tierras quemadas. El oficialismo quería flexibilizarla. La oposición y hasta los aliados leyeron que se trataba de una ventana para negociar humedales y bosques nativos después de un incendio.
Máximo Kirchner hizo lo propio: se ocupó puntualmente de asegurar los votos de Santa Cruz, con una ayuda inesperada: la del propio Gobierno, que en su afán de cerrar la grieta con sus aliados terminó empujando, sin quererlo, a uno de los suyos hacia la vereda de enfrente.
Este caso mereció un capítulo aparte. José María Carambia y Natalia Gadano, los dos senadores del espacio “Por Santa Cruz”, venían siendo hasta esa semana un apoyo relativamente confiable del oficialismo. Pero el propio bloque libertario se encargó de empujarlos hacia la vereda kirchnerista y el senador Joaquín Benegas Lynch terminó de darle la excusa perfecta cuando trató de “tibios del medio” a los aliados provinciales que no acompañaban al Gobierno. Carambia no se lo dejó pasar: marcó su malestar en un grupo de WhatsApp que compartía el oficialismo con los aliados y abandonó el chat.
El bloque de mandatarios “dialoguistas” repitió con el capítulo del fuego la misma jugada que había hecho horas antes con las tierras: instruir a sus senadores para que no acompañaran. A esa lista se sumaron los radicales Maximiliano Abad y Daniel Kroneberger, la chubutense Edith Terenzi y la cordobesa Alejandra Vigo.
Las peleas locales también hicieron lo suyo: la disputa entre Passalacqua y el exgobernador Carlos Rovira puede obligarlos a un reposicionamiento. Con Rovira del lado de La Libertad Avanza, Passalacqua podría encontrar en el peronismo un aliado para ganar la disputa local.
Pasada la medianoche y ya en la madrugada del viernes, Bullrich se vio obligada a bajar también el capítulo del fuego antes de la votación en general, la misma maniobra que había usado 48 horas antes con las tierras: cortar la parte gangrenada para salvar el resto del cuerpo. La ley de inviolabilidad de la propiedad privada —ya reducida a los capítulos de desalojos exprés y expropiaciones— se aprobó en general por 37 votos contra 33 y giró a Diputados.
A diferencia de las votaciones anteriores, el gobierno esta vez no quiso mostrar en el recinto la pérdida de los aliados. La reforma laboral marcó un número triunfalista que La Libertad Avanza no quiere soltar: 44 voluntades. Si sometía a votación los capítulos de extranjerización y ley de fuego ese número bajaba a 35 con el mayor de los optimismos.
El Gobierno se guarda una media sanción con sabor amargo: consiguió la ley, pero llegó a Diputados sin dos de sus capítulos más resistidos y con los gobernadores que contaba como aliados tomando distancia en voz alta. Al gobierno le sobran las fotos con gobernadores. Pero aunque hagan números y hasta los pongan en la lista de aliados para el 2027, esta votación demostró que lo que apenas tiene asegurado hasta ahora sólo son fotos.
Del otro lado, el peronismo. “El pueblo argentino logró lo imposible: que este gobierno entreguista tenga que bajar dos capítulos claves del proyecto de inviolabilidad. La ley de tierras y la ley de Manejo del fuego siguen vigentes”, escribió Di Tullio. Las mayúsculas en donde no corresponde forman la sigla STM. Sergio Tomás Massa. La oposición se movió y la campaña electoral ya comenzó.
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