Sergio Díaz Granados: "Hay que crear un mercado energético más sólido dentro de Sudamérica"
El presidente Ejecutivo de CAF – Banco de Desarrollo de América Latina fue Ministro de Comercio, Industria y Turismo de Colombia entre 2010 y 2013, donde dirigió negociaciones comerciales fundamentales, entre ellas los acuerdos comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea.
Sergio Díaz-Granados es abogado de la Universidad Externado de Colombia, con estudios de posgrado en Gerencia Pública para el Desarrollo Social en el INAP de España y en Derecho Constitucional en la Universidad de Salamanca.
Fue Ministro de Comercio, Industria y Turismo de Colombia entre 2010 y 2013, donde dirigió negociaciones comerciales fundamentales, entre ellas los acuerdos comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea. Previamente fue Viceministro de Desarrollo Empresarial, Congresista y presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la Cámara de Representantes. Entre 2015 y 2021 fue Director Ejecutivo para Colombia y Perú en el Grupo BID, desempeñándose como decano del Directorio Ejecutivo y presidiendo diversos comités. Desde el 2021 ejerce la Presidencia Ejecutiva de CAF - Banco de desarrollo de América Latina.
El 28 y 29 de enero se llevó adelante en Panamá el Foro Internacional de América Latina y el Caribe organizado por la CAF —del que tuve la fortuna de participar—, evento que el presidente de Panamá denominó “el Davos de América Latina”. Gran convocatoria de presidentes, Ministros, responsables de organismos de NNUU y regionales, sector privado y académicos. ¿Cómo surgió la idea de este foro y qué balance hace de estas dos ediciones?
Hace un par de años planteamos dentro del banco la posibilidad de crear esta instancia anualizada de encuentro del sector privado, público, del sector financiero y de desarrollo, de instituciones que están diagnosticando frecuentemente los desafíos de América Latina y el Caribe. Sentíamos que hacía falta una cita anual que nos permitiera programar mejor y ensamblar muchas voluntades que están dentro de la región trabajando en pro del desarrollo. Nos planteamos algunas condiciones básicas. Lo primero era tratar de celebrarlo en un sitio donde sea más fácil llegar: Panamá. Lo segundo era celebrarlo siempre en la misma fecha para que la cita pueda ser regular y acomodada con anticipación en los calendarios. La primera versión fue en 2025, la segunda ahora en 2026, y la idea es preservar este espacio siempre a finales de enero, cada año.
Otras regiones del mundo lo están haciendo: África, el Medio Oriente, y Davos, que lleva más de 30 años, ayudando a ensamblar y alinear propósitos y voluntades. América Latina y el Caribe tenían esta ausencia. Creo que la estamos llenando bien.
Un instrumento que ha sido importante en la construcción de la integración es la diplomacia de cumbres. La posibilidad que los presidentes se encuentren ayuda a mejorar las relaciones y avanzar en acuerdos concretos. La dificultad de los últimos años de la realización de este ejercicio, resalta el logro de este foro de haber logrado juntar 8 presidentes y que el presidente electo de Chile y Lula hayan destacado la bilateral que tuvieron, reconociendo —más allá de las diferencias ideológicas— la necesidad y la voluntad de avanzar en temas concretos de integración. ¿Cómo visualiza a la CAF en este rol de generar un lugar de encuentro para los presidentes de la región?
Creo que nuestro papel es generar una integración mucho más pragmática, más real, más materializada, hay que lograr que llegue a tierra y que modifique la vida de la gente. Ese es el trabajo diario del banco: no solamente construir opciones de financiamiento para los países en forma individual, sino procurar que la integración entre los países se dé efectivamente. Y esa es la esencia de lo que estamos tratando de organizar con estos foros: que se encuentren los presidentes y que podamos encontrar soluciones prácticas que les ayuden. Resalto lo que mencionaste del encuentro de Brasil y Chile, pero también el de Chile y Bolivia, el de Ecuador y Colombia, o las conversaciones entre Panamá y Colombia. Es un buen inicio para un ejercicio que debiéramos hacer regularmente: traer al sector privado a la mesa, al sistema financiero, a los líderes, a los presidentes, a los ministros, e ir cosiendo de manera efectiva los temas de integración dentro de la región. Estuvo, también, el primer ministro de Jamaica y hablamos de la reconstrucción tras el huracán Melisa; eso hay que hacerlo con el sector privado. Falta información al sector privado, y el foro le provee esa información: cuáles son los pasos que siguen, quiénes son los contactos en Jamaica. No pretendemos reemplazar la integración política; la discusión tiene que hacerse en los foros subregionales y regionales que ya existen.
Respecto a la CAF, en su discurso de apertura del Foro, mencionó algunos de los logros de estos años, a los que se puede sumar el hecho de que entre 2021 y 2024 duplicaron el financiamiento soberano de poco más de 3.500 a 7.300 millones de dólares, y la capitalización del brazo privado de la CAF, que obtuvo USS 7.000 millones de dólares. ¿Cuáles son las claves de esta historia de éxito?
La CAF es un banco que fue creado en febrero de 1968. El presidente de Colombia en ese momento, Carlos Lleras Restrepo, fue uno de los grandes promotores de la creación del banco; había estado en Bretton Woods, en 1944, como delegado de Colombia junto con sus colegas de Chile y de México. Eduardo Frei Montalva, que también fue delegado en Bretton Woods, trabajó junto a Lleras en la creación del BID en 1959, y ambos coincidieron en ser presidentes de Colombia y Chile, respectivamente, en 1968, y decidieron crear la Corporación Andina de Fomento. No cesaron en sus esfuerzos de crear instancias de financiamiento: primero el Banco Mundial y el FMI, luego el BID, y, posteriormente, la CAF.
En los 90s hubo una decisión clave de los accionistas fundadores: ampliar la membresía geográfica a toda la región y modificaron la constitución del banco para que todos los países de América Latina y el Caribe pudieran ser miembros y sujetos de crédito. Esa apertura permitió que hoy el banco cubra prácticamente el 99% del territorio de América Latina y el Caribe. Adicionalmente, el banco adquirió el grado de inversión en 1992, hizo su primera emisión en 1993 y, desde entonces, se ha convertido en el principal emisor no soberano de América Latina y el Caribe. La calificación crediticia actual del banco, que es mejor que la de los propios países, nos permite construir una institución cada vez más fuerte, más presente. Ha crecido un 35% en estos 4 años y, en Panamá, anunciamos que hemos colocado las bases para crecer un 70% más de aquí al 2031.
Tanto la CAF como el BID capitalizaron, recientemente al brazo privado. Históricamente, eran conocidos por el financiamiento a gobiernos pero desde hace ya un tiempo, el financiamiento no soberano es lo que más está creciendo. ¿Cómo ves el desafío del crecimiento en la parte privada de la CAF?
El financiamiento al sector privado, en nuestro caso, es algo que está desde el día uno de la creación del banco. De hecho, el principal motivo de la creación de la CAF en 1968 era acompañar el financiamiento al exportador andino que permitiera fomentar el intercambio comercial dentro del Pacto Andino, hoy Comunidad Andina de Naciones. Hace 58 años, los gobiernos vieron la necesidad frente a la debilidad del sistema financiero latinoamericano y, particularmente, andino. Fue cambiando el objeto porque las necesidades van evolucionando. Nos movimos hacia la infraestructura en los últimos 20 años, hasta el punto que, durante varios años, hemos sido la principal fuente de financiamiento a infraestructura en la región, gran parte de ella proyectos público-privados. Hemos acompañado la construcción de autopistas, aeropuertos, puertos y transmisión eléctrica; muchos de esos proyectos han sido no soberanos, sin garantías de las naciones, y de alto impacto para el crecimiento económico y el desarrollo de la región.
En adelante vamos a ver una mayor cooperación entre las ventanillas de sector privado del Banco Mundial, el BID y la CAF para proyectos de mayor impacto. Recién llegué de Washington, donde estuve reunido con el nuevo director del MIGA —el mecanismo de garantías del Banco Mundial—para coordinar más acción conjunta con la parte privada de la CAF. Cada banco va a hacer su esfuerzo, pero ahora lo más importante es que cada banco disponga de la voluntad necesaria para cooperar y trabajar más articuladamente.
Con respecto a la infraestructura de América Latina, sabemos que las obras binacionales o trinacionales generan integración económica (los casos de Yacyretá o la represa de Salto Grande) ¿Qué sectores considera prioritarios en este tipo de integración estratégica?
Creo que energía y pasos fronterizos son las dos acciones de integración más inmediatas que requiere la región.
En el caso de la energía, es la carta que tiene América Latina para jugar en esta era digital. Se requiere más masa, más densidad de energía y energías más limpias para mantener el ritmo de las inversiones que se están haciendo en procesamiento de información. Hay que ser audaces, aumentar la capacidad de generación, de transmisión y de conexión. No podemos seguir con mercados energéticos convertidos en mercados spot, que solo exportan cuando tienen exceso y solo importan cuando tienen déficit. Hay que crear un mercado energético más sólido dentro de Sudamérica y avanzar en su conexión eléctrica con Mesoamérica.
El segundo gran desafío son los pasos fronterizos y la movilización de carga. La razón por la que tenemos tan baja interacción comercial dentro de Sudamérica, comparada con Europa o con América del Norte, radica en la velocidad de nuestros camiones: circulan en promedio entre 14 y 22 km/h para el comercio transfronterizo, mientras que en la frontera entre EEUU y Canadá, EEUU y México o dentro de Europa lo hacen entre 80 y 100 km/h. Eso crea un arancel geográfico invisible que está en los precios y que nos cuesta en tiempo y en costo al consumidor. Si sumamos energía y conexión energética entre países más pasos transfronterizos y velocidad de carga, podemos liberar fácilmente entre 1 y 2 puntos del PIB de crecimiento. Eso es reducción de pobreza, ampliación de clase media, tendría un derrame positivo sobre la región. Fue uno de los temas más presentes durante la semana pasada en Panamá.
Como es su rutina ¿qué cantidad de tiempo permanece en la sede y cuánto en el territorio, viajando, inaugurando obras, en contacto con los presidentes?
De 52 semanas al año, al menos 50 estoy en los países. De aquí a finales de marzo estaré en cada país una semana, la idea es procurar estar cerca del cliente.
Los bancos de desarrollo tenemos que estar próximo, que ser ágil, cercanos a lo que está pasando. La realidad de nuestros países cambia frecuentemente, los actores cambian, y hay que mantener actualizada esa conversación y ese diagnóstico. La CAF es un banco muy descentralizado, más del 70% del personal está distribuido en las oficinas de los países, y eso facilita justamente la movilización dentro de la región.
Es el linaje de Enrique García (ex Presidente de CAF) y Enrique Iglesias (ex Presidente de BID) que estaban en el territorio, arriba del avión permanentemente, y es parte del éxito del Foro de Panamá, que acercó un montón de debates interesantes. Uno de estos fue la presentación del informe CAF “Impulsando el crecimiento en un mundo cambiante: innovación, integración y formalización para América Latina y el Caribe”. ¿Aparte de estos temas sobre cuales otros la región debe trabajar?
Creo que hay una gran oportunidad. El banco, y yo en particular, tenemos una mirada muy optimista sobre la región. Hay cartas que tiene la región en la mano que pueden ser vitales para el crecimiento.
Tenemos una debilidad en el tema digital con un mercado muy fragmentado. Esa es la gran diferencia con EEUU: es un gran mercado integrado donde cualquier empresa de tecnología nace con 350 millones de personas de alta capacidad adquisitiva, por eso las empresas de tecnología florecen tan rápido. Nosotros, en cambio, tenemos un mercado partido en 33 pedazos, grande pero fragmentado.
Como ya señalé, una de esas cartas es la energía. Nos complació mucho tener al director de la Agencia Internacional de Energía Atómica hablando sobre esto. La otra carta es la agroindustria: América Latina está vendiendo alimentos a más de 1.300 millones de personas y aún tenemos un sector agrícola que, en varias partes, está por debajo de su capacidad productiva. La siguiente carta son las industrias creativas y culturales, una fortaleza que incluso la revista The Economist reconoció recientemente al destacarnos como una región potente en economía creativa. Entonces, al menos estas tres cartas —energía, alimentos, cultura— permiten ser optimistas sobre cómo elevar el crecimiento y la productividad, reducir la informalidad, generar empleo y ampliar la clase media.
Dos grandes empresarios de la región hicieron referencia a cómo América Latina se ha integrado gracias a la tecnología. Hoy, dentro de la región, hay más turismo que nunca antes, porque es más fácil conectar ciudades con vuelos directos por el crecimiento de la aviación comercial. Y lo otro son los celulares y el roaming integrado en la región y lo que viene en materia digital: es tan grande que nos va a permitir seguir integrando América Latina y el Caribe.
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