Alzheimer: científicos estudian el potencial del aloe vera como nueva estrategia terapéutica
Nuevas investigaciones científicas sugieren que compuestos presentes en el aloe vera podrían convertirse en aliados inesperados en la lucha contra el Alzheimer, la forma más común de demencia a nivel global.
La búsqueda de tratamientos eficaces contra el Alzheimer suma un nuevo capítulo. Un estudio reciente identificó compuestos bioactivos del aloe vera con potencial para interferir en procesos clave vinculados al deterioro cognitivo, lo que abre una vía prometedora para el desarrollo de terapias de origen vegetal frente a una enfermedad que, hasta hoy, no tiene cura.
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El Alzheimer es una patología neurodegenerativa progresiva que afecta principalmente a personas mayores de 65 años y se manifiesta inicialmente con fallas leves de memoria. Con el avance del cuadro, aparecen dificultades en el lenguaje, la orientación, la toma de decisiones y, en etapas más avanzadas, cambios conductuales, alucinaciones y dependencia total para las actividades diarias.
Un hallazgo desde la farmacología computacional
La investigación, publicada en la revista científica Current Pharmaceutical Analysis, se centró en el análisis de compuestos naturales del aloe vera mediante métodos de simulación computacional. Este tipo de abordaje permite anticipar cómo ciertas moléculas podrían comportarse dentro del organismo antes de avanzar hacia ensayos de laboratorio y estudios clínicos en humanos.
El foco estuvo puesto en el beta-sitosterol, un fitosterol presente de forma natural en el gel de la hoja de aloe vera, y en el ácido succínico, otro compuesto vegetal con propiedades antiinflamatorias y antimicrobianas. Ambos mostraron una fuerte interacción con dos enzimas clave asociadas al Alzheimer: la acetilcolinesterasa y la butirilcolinesterasa.
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Estas enzimas son responsables de degradar la acetilcolina, un neurotransmisor esencial para la memoria y la comunicación entre neuronas. En pacientes con Alzheimer, los niveles de acetilcolina ya se encuentran disminuidos, lo que contribuye al deterioro cognitivo. Por eso, muchos de los tratamientos actuales apuntan a inhibir estas enzimas para preservar la función cerebral.
Ventajas frente a los tratamientos actuales
Los fármacos que hoy se utilizan para ralentizar la progresión de la enfermedad —como los inhibidores de colinesterasa— pueden aliviar algunos síntomas, pero suelen provocar efectos adversos como náuseas, vómitos, diarrea, calambres musculares y alteraciones del ritmo cardíaco.
En ese contexto, los investigadores destacan que los compuestos derivados del aloe vera presentan perfiles de absorción favorables y baja toxicidad, lo que los convierte en candidatos atractivos para futuras terapias. El beta-sitosterol, de hecho, ya se emplea como suplemento para reducir el colesterol y aliviar síntomas de hiperplasia prostática benigna, con buena tolerancia clínica.
“La estabilidad y afinidad de unión del beta-sitosterol con estas enzimas lo posicionan como un candidato prometedor para el desarrollo de nuevos fármacos”, señaló la autora principal del estudio, Meriem Khedraoui.
Qué dicen los expertos y cuáles son los límites del estudio
Pese al entusiasmo, los científicos subrayan que los resultados deben interpretarse con cautela. El trabajo se basó en modelos computacionales, por lo que todavía es necesario avanzar hacia experimentos de laboratorio, estudios en animales y ensayos clínicos en humanos para confirmar su eficacia y seguridad real.
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Desde organismos de salud recuerdan que, por el momento, no existe evidencia clínica suficiente para recomendar el aloe vera o sus derivados como tratamiento contra el Alzheimer. Según datos del NHS, la enfermedad continúa siendo una de las principales causas de muerte en el Reino Unido y su impacto sanitario y económico crece año a año.
Una enfermedad en expansión global
Actualmente, cerca de 900.000 personas viven con demencia en el Reino Unido, cifra que podría superar el millón y medio en 2040. A nivel mundial, se estima que los casos podrían ascender a 153 millones para 2050, con costos sociales y sanitarios que ya superan los 780.000 millones de libras anuales.
Paradójicamente, la demencia recibe menos financiación en investigación que otras enfermedades crónicas, como el cáncer, a pesar de su enorme impacto económico y humano. En este escenario, los estudios sobre terapias naturales y de bajo costo adquieren un valor estratégico.